martes, junio 12, 2007

Heracles

Hijo de Zeus y de Alcmena, quien estaba casada con el rey de Micenas, Anfitrión. Enamorado de ella, Zeus tomó la forma de su marido y yació con ella 3 noches. Zeus, orgulloso de que iba a tener otro hijo, no se cansó de pregonarlo, lo cual no le gustó mucho a su esposa Hera. Para calmar la furia de ésta, Zeus dispuso que el niño se llamara Heracles (que significa "Gloria de Hera"), acto que aumentó su odio hacia el pequeño.
Nació Heracles y al día siguiente su hermano Ificles, el cual era hijo de Anfitrión.
Tan pronto como Hera se enteró del nacimiento, empezó a planear como destruir al hijo de su rival. Pero en una ocasión Zeus envió a Atenea que trajera al niño al Olimpo y le pidió a Hera que lo amamantara. Cuando la diosa lo hizo, Heracles le dio un apretón tan fuerte que gritó de dolor. La leche que se derramó dio origen a la Vía Láctea.
Según otra versión, Hermes fue quien trajo a Heracles mientras Hera dormía para que fuera amamantado por ella. Y el niño tomó tanta leche que se le derramó en el cielo, siendo este el origen de la Vía Láctea. En ambas versiones, el haber tomado leche del pecho de Hera lo hacía inmortal.

Cuando Heracles tenía entre 7 meses y un año, y la madre había dejado dormidos a los niños en su cuna, Hera envió dos enormes serpientes para acabar con Heracles.

Las criaturas llegaron arrastrándose silenciosamente a la cuna. Despertaron los niños e Ificles empezó a gritar. Los padres despertaron al oír los gritos, Anfitrión tomó una daga y corrieron a la recámara de los niños.Cuál no sería su sorpresa al ver que el pequeño Heracles tenía atrapadas a las serpientes por el cuello, una con cada mano, sacudiéndolas hasta ahogarlas! Esta fue la primer muestra de la extraordinaria fuerza que lo haría famoso.
Cuando Hera se dio cuenta de la facilidad con que Heracles escapó del peligro, desistió de cometer otro atentado en contra de su vida, pero decidió causarle muchas molestias, para que no pudiera disfrutar de paz o felicidad.
La educación de Heracles fue asignada a Quirón, el centauro más instruido de todos. También fueron sus maestros Castor, Autólico, Eurito, Eumolpo.

En cierta ocasión que su maestro Eumolpo, quien le enseñaba a tocar la lira, estaba ausente y Lino quiso suplirlo. Heracles se negaba a seguir las instrucciones de Lino, éste le dio golpes por su rebeldía y Heracles le dio un golpe en la cabeza con la lira despachándolo del mundo de los vivos.
Al ser juzgado por esto, alegó que el acometido injustamente puede justamente defenderse y fue absuelto.
Anfitrión, temeroso de que siguiera con sus desmanes, lo envió a cuidar ganados al monte Citerón, donde permaneció hasta cumplir 18 años.
La elección
Heracles se encontró con dos hermosas mujeres, con quienes conversó y confesó que iba en busca de aventuras. Cada una de las mujeres, Arete (Virtud) y Kakia (Vicio), le ofreció ser su guía, pero el tenía que elegir a quien prefería seguir.
Kakia le ofreció riquezas, holgura y amor; mientras Arete le advirtió que si la seguía debía luchar incesantemente contra el mal, innumerables momentos difíciles y duros y pasar sus días en la pobreza.
Heracles permaneció en silencio, pensando un momento en los dos ofrecimientos tan diferentes, y después recordando las enseñanzas de su tutor Quirón, se levantó y volteando hacia Arete le dijo estar listo para obedecer cualquier orden de ella.
Heracles se dirigió por el camino que le señaló Arete, y llevó a cabo todas las tareas que le asignó, liberando a los oprimidos, defendiendo a los débiles y corrigiendo todo el mal.
Su locura
En recompensa por todas estas acciones, recibió la mano de Megara, hija de Creón, rey de Tebas. Tuvieron 3 hijos, los llamados Alcides.

Pero Hera no estaba satisfecha de ver a Heracles llevando una vida próspera y pacífica, y lo volvió loco.
Mató a sus hijos, confundiéndolos con enemigos y después los echó al fuego. Según algunos también mató a su esposa.
Los Doce Trabajos
Cuando recobró la razón, se alejó a las montañas por varios días, sufriendo remordimientos y dolor por los crímenes que cometió involuntariamente.
Hermes lo fue a buscar y le anunció que debía ir a servir a su primo Euristeo, rey cruel y despiadado de Argos, por doce meses.

Cuando Heracles se enteró que estaba condenado a ser un esclavo, se negó y casi pierde la razón nuevamente. Al final se resignó y ofreció sus servicios a Euristeo. Éste le dio a cumplir diez trabajos y después podría ser libre otra vez. Pero al final fueron 12 porque se negó a reconocer dos de ellos.

Antes de cumplir con estos trabajos, los dioses vinieron en su ayuda. Hermes le dio un puñal, Apolo un arco y flechas que no se mellaban jamás, Atenea una coraza de bronce invulnerable, y Hefesto un yelmo de acero. Poseidón le obsequió caballos para su carroza. El regalo de Zeus fue un escudo de resistencia tremenda. Este escudo es por sí mismo una leyenda. Forjado de esmaltes, marfil, oro y lapizlázuli, aunque parece que Heracles decidió no utilizarlo en sus trabajos.
Atenea y Hefesto se declararon sus protectores.
En los Doce Trabajos, lo acompañó su sobrino Yolao, hijo de Ificles.

1. El león de Nemea
2. La hidra de Lerna
3. La cierva de Cirene
4. El jabalí de Erimanto
5. Los establos de Augías
6. Las aves de Estinfalia
7. El toro de Creta
8. Las yeguas de Diómedes
9. El cinturón de Hipólita
10. El ganado de Gerión
11. Las manzanas de las Hespérides
12. El can Cerbero

El regreso

Al regresar a Tebas, dio su esposa Megara a su sobrino Yolao, alegando que su matrimonio había sido infortunado.
Supo que Eurito, rey de Escalia daba a su hija Yola a quien lo venciera a él y a sus cuatro hijos. Heracles fue a buscarlo.
Eurito fue vencido por Heracles, pero se negó a darle a su hija, por el repudio de Megara y la muerte de sus hijos. Además le echó en cara el haber sido esclavo de Euristeo, por las doce obras que hizo para complacerlo, como cualquier hombre de baja esfera. Dijo que las flechas de Heracles estaban embrujadas y lo corrió de su casa. Heracles toleró la forma en que fue tratado, pero dejó la venganza para después.

Uno de los hijos de Eurito, Ifito, fue el unico que no estuvo de acuerdo con su padre. Cuando se marchó el héroe, desaparecieron doce yeguas de la mejor raza, robo que fue atribuido a Heracles.
El verdadero ladrón cambió la apariencia de los animales y se las vendió a Heracles. Ifito fue a buscarlos y al encontrar a Heracles, preguntó por los animales pero como no coincidían las señas, negó haberlos visto. Entonces Ifito le pidió que le ayudara a buscarlos. Heracles se sintió muy ofendido, porque creyó que lo tomó por ladrón.
Llevó a Ifito a que viera desde la altura a las yeguas y de ahí lo mató, arrojándolo desde una roca.
Heracles fue a Delfos buscando un oráculo, arrepentido. La pitonisa Xenoclea lo rechazó alegando que era un asesino. Heracles entonces la apartó e intentó sacar su propio oráculo. Apolo llegó y lo ahuyentó, empezaron a pelear cuando un rayo de Zeus los aplacó e hizo que se reconciliaran dándose la mano. Heracles reparó la falta levantando un templo en honor a Apolo y a Dionisio.
Xenoclea le dio su oráculo entonces y le dijo que tenía que servir como esclavo a la reina Onfale de Lidia durante un año y la paga sería dada a los hijos de Ifito.

Onfale

Durante su servicio a la reina Onfale, como un esclavo sin nombre, limpió de bandidos la región. Pero además de servir como ayuda contra los enemigos, también fue compañero de la reina, dejándole tres hijos: Lamo, Agelao y Laomedonte. También se cuenta que acabó con una serpiente que acababa con ganados enteros. Y fue entonces que Onfale empezó a sospechar quien era él en verdad y lo dejó libre.

A su regreso se enteró de las historias que contaban sobre él. Que arrumbó la piel de león y se vestía como una dama, con grandes collares, pulseras y turbante femenino. También decían que la señora lo regañaba y se ponía a llorar. todo ridiculizando su varonil fuerza ante las modalidades femeninas.

Deyanira

Después conoció a Deyanira, hija de Eneo, y se enamoró de ella. pero la mano de la doncella ya había sido concedida al dios del río Aqueloo.

Deyanira, correpondiéndole, prometió casarse con él si la liberaba del compromiso hecho por su padre. Heracles desafió a Aqueloo, quien era rival digno, ya que tenía el poder de cambiar de forma a voluntad. Durante la pelea, se transformó en toro, y se lanzó sobre Heracles. El héroe lo esquivó y lo tomó por uno de sus enormes cuernos, y lo sujetó tan fuertemente que por más que lo intentaba, no podía escapar, hasta que el cuerno se rompió.
La diosa de la Fortuna, testigo de este combate, tomó el cuerno y lo rellenó de sus tesoros, y le gustó tanto el efecto, que lo tomó como uno de sus atributos.
La victoria finalmente fue para Heracles. Ahora nuevamente casado, era verdaderamente feliz.
Neso
En una ocasión al llegar al río Euneo, mientras Heracles buscaba una forma de cruzar para Deyanira, un centauro de nombre Neso apareció y se ofreció a llevarla. Heracles aceptó, y la ayudó a montar en su lomo. Pero a medio camino, el centauro pensó en llevar a su hermosa carga con él, y al llegar a la otra orilla, en lugar de bajarla, se empezó a alejar rápidamente con ella.
Heracles se dio cuenta del intento de rapto, con sus flechas envenenadas mató al centauro.
Mientras éste agonizaba, en venganza, dijo a Deyanira que tomara su túnica, llena de sangre, y la guardara, ya que tenía poderes mágicos y podía hacer renacer el amor de su marido si alguna vez lo necesitaba. Ella tomó la túnica, esperando nunca tener que utilizarla.
La muerte de Heracles
Los años pasaron, y el héroe, en una de sus numerosas aventuras, luchó contra el rey Eurito, tomando su reino, el cual incluía a su hija Iole.
Cuando Deyanira se enteró, celosa de Iole, recurrió a la túnica casi olvidada. Se la envió como regalo a Heracles, quien se la puso de inmediato. Pero en seguida empezó a surtir efecto la venganza de Neso. Su sangre envenenada le hizo sentir como si un fuego le estuviera quemando. En vano intentó quitarse la túnica, el dolor se hizo insoportable y enfurecido, arrojó al desafortunado mensajero al mar desde el monte Eta.
Para terminar su sufrimiento, resolvió terminar su vida. Hizo levantar una pira y se subió ordenando que encendieran la hoguera, pero nadie aceptaba hacerlo. Hasta que fue enviado Filoctetes, quien la encendió, y Heracles agradecido, le regaló su arco, sus flechas.
En el Olimpo, Zeus se enorgullecía de su hijo y de su aventura final: la muerte gloriosa. La misma Hera guardó silencio y los demás aplaudieron.
Mientras se levantaban las llamas, estalló un rayo y apareció un carro guiado por Atenea, quien llevó al héroe al Olimpo, reino de los inmortales. Zeus al fin convenció a Hera de adoptarlo como si fuera su hijo, y ella aceptó. Se casó con Hebe en el Olimpo, diosa de la juventud.
Fue nombrado portero del Olimpo, vigilando su entrada, y cuando regresa Artemisa de la caza, recoge la presa.

Heracles quedó inmortalizado como la divinidad especial de los deportes atléticos y de la fuerza; generalmente representado como un hombre alto, de poderosa musculatura, y a veces con una piel de león encima.
Se dice que algunos de los juegos celebrados en Olimpia fueron en su honor. Los juegos de Nemea, escenario de su primer gran trabajo, eran conmemorativos de sus grandes proezas.

lunes, junio 11, 2007

El Mito de Sísifo

En la mitología griega, Sísifo (Σίσυφος) fue fundador y rey de Éfira (nombre antiguo de Corinto). Era hijo de Eolo y Enarete y marido de Mérope. De acuerdo con algunas fuentes (posteriores), fue el padre de Odiseo con Anticlea, antes de que ésta se casase con su último marido, Laertes.

Fue el padre,con Mérope, del dios marino Glauco. Se decía que había fundado los Juegos Ístmicos en honor a Melicertes, cuyo cuerpo había encontrado tendido en la playa del istmo de Corinto.

Fue promotor de la navegación y el comercio, pero también avaricioso y mentiroso. Recurrió a medios ilícitos, entre los que se contaba el asesinato de viajeros y caminantes, para incrementar su riqueza. Desde los tiempos de Homero, Sísifo tuvo fama de ser el más astuto de los hombres. Cuando Tánatos fue a buscarle, Sísifo le puso grilletes, por lo que nadie murió hasta que Ares vino, liberó a Tánatos, y puso a Sísifo bajo su custodia.

Pero Sísifo aún no había agotado todos sus recursos. Pues antes de morir le dijo a su esposa que cuando él se marchase no ofreciera el sacrificio habitual a los muertos. Así que en el infierno se quejó de que su esposa no estaba cumpliendo con sus deberes, y convenció a Hades para que le permitiese volver al mundo superior y así disuadirla. Pero cuando volvió a Corinto rehusó volver de forma alguna, hasta que fue devuelto a la fuerza por Hermes.

En el infierno Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio (La Odisea, xi. 593). El motivo de este castigo no es mencionado por Homero, y resulta oscuro (algunos sugieren que es un castigo irónico de parte de Minos: Sísifo no quería morir y nunca morirá pero a cambio de un alto precio y solo descansará en paz hasta pagarlo). Según algunos, había revelado los designios de los dioses a los mortales. De acuerdo con otros, se debió a su hábito de atacar y asesinar viajeros. También se dice aun después de viejo y ciego seguiría con su castigo. Este asunto fue un tópico frecuente en los escritores antiguos, y fue representado por el pintor Polignoto en sus frescos de Lesche en Delfos.

De acuerdo con la teoría solar, Sísifo es el disco del sol que sale cada mañana y después se hunde bajo el horizonte. Otros ven en él una personificación de las olas subiendo hasta cierta altura y entonces cayendo bruscamente, o del traicionero mar. Welcker ha sugerido que la leyenda es un símbolo de la vana lucha del hombre por alcanzar la sabiduría. S. Reinach (Revue archéologique, 1904) sitúa el origen de la historia en una pintura, en la que Sísifo era representado subiendo una enorme piedra por el Acrocorinto, símbolo del trabajo y el talento involucrado en la construcción del Sisypheum. Cuando se hizo una distinción entre la almas del infierno, se supuso que Sísifo estaba empujando perpetuamente la piedra cuesta arriba como castigo por alguna ofensa cometida en la Tierra, y se inventaron varias razones para explicarla.

sábado, junio 09, 2007

Mi vision sobre la peste negra.

Yersinia Pestis: o
El Arte del Olvido.

Por


JLFLORES









Reparto:

Casimira: Princesa Iliria.
Príamo: Primo de la Princesa, capitán del imperio.
Pietro: Sacerdote mendicante.
Merkhel: Comandante Alemán.
Obispo.
Coro: Compuestos por los fantasmas campesinos, no deben verse.
La peste.
Un Campesino.
Un Soldado.












Acto I

Escena I

(Príamo y Casimira en la casa de esta última)


Casimira

(Hablando a Príamo)

¿Qué me traes amado Príamo? ¿Qué cuentan las negras calles de Iliría?


Príamo

Nada bueno Casimira, mi amo, mi reina. La plaga ya devoró las provincias del norte, los campesinos sanos se vuelcan a las ciudades, donde ya comienza a reinar el hambre entre los desgraciados.


Casimira

¿Y Nadie hace nada?

Príamo

El Obispo, pero no puede controlarlos, hay un cura en especial que es un problema.

Casimira

¿Canta Ossanas para la peste? ¿Y como se llama este cura?


Príamo

Pietro, es un Capadocio, muy devoto. Predica que el pueblo debe esperar bondad de sus amos, pues esta es su obligación divina. Por un lado alza al pueblo, pero sirve bien a sus propios amos, pues los mantiene alineados y temerosos de Dios.



Casimira

Y hay muchas cosas más que temer, nuestros ejércitos están frescos, lejos, en las fronteras, y no verían con buenos ojos ser usados para aplastar a su propio pueblo; te propongo que tomemos esto como lo que es… un caso de exceso de celo.

Debes Exiliar a ese hombrecito, o culparle de un crimen que el pueblo no pueda perdonar, o por último que enfrenten el olvido final.

Príamo

Comprendo lo que me quieres decir, quieres sacarlo de la ciudad.

Casimira

Reúnete con el Cardenal de Iliria, es un hombre astuto, tanto político como hombre de dios, seguro que la postura de este Pietro le inquieta aún más que a ti; deja que él se preocupe de guiar a los campesinos hambrientos y al cura propongámosle algo que no pueda rechazar.


Príamo

Te llamo hermana, pues no podría amarte más.

Casimira

Me amarás más cuando termine esta función, ahora déjame cumple con tu misión, nos veremos más tarde, pues el destino es un pastel que comeremos juntos.

(Sale Príamo, Casimira mira al público, suspira se pone su negra capa, y sale de escena).

Escena II

(Plaza de Iliria, Pietro, Obispo, Miembros del Pueblo)

Obispo

Ya he escuchado sus quejas, y les prometo que tendrán respuestas, pero no deben temer, el señor en los cielos protegerá a la ciudad mientras se mantengan fieles, mansos y sirvan a sus señores.


Coro Miembros del Pueblo

¡Aleluya!

Pietro

Muy bien señor Obispo, pero mi capilla esta llena de refugiados, necesitamos más espacio, y raciones, no pedimos regalos, los hombres aún pueden pagar con trabajo, la Santa Iglesia podría usar los brazos fuertes de unos cuantos…

Obispo

Hablas fuerte, Pietro, pero no se olvide que aún hablas como párroco, pero ya no tienes tu pequeña comunidad que cuidar, esto es Iliria, debes velar por el bienestar de muchos más. Mide tus palabras…

Pietro

Lo único que mido por ahora son la raciones de los niños.


Obispo

Sigues; veo que no te haré desistir, ¿quieres que los soldados te callen?

Pietro

¿Soldados? Todos combaten contra Merkhel y a otros como él, ¿por qué se molestarían con un sucio monje?


Obispo

Si lo manda la iglesia, entonces las espadas de los soldados son como aquellas que portan los arcángeles. No hablemos más de violencia y muerte. Y ya que sitas a Merkhel, cúlpalo a él, fue él y sólo él quien quemó sus campos. Sus hombres cabalgaron hacia el norte, de vuelta a sus tierras, pero mientras nos vea en este estado patético y lastimero nos volverá a apalear. Les llevaré provisiones, manda a los hombres a los campos del Príncipe Príamo, ahí encontrarán ocupación para esa pasión que has despertado.



Pietro

Alabado sea el señor por esa respuesta, es lo único que quería escuchar.

Obispo

Vete con tus hombres ahora, y déjame con mis preocupaciones.

Pietro

Que Dios guíe tus pensamientos.

Obispo

Si, si, vete rápido.

(Salen el pueblo y Pietro)


Escena III

(Obispo, Príamo, después un campesino)

Príamo

Estuve escuchando esta pública disputa, fuerte es la muñeca del hombre que dobla el brazo de un Obispo de Roma.

Obispo

Príncipe Príamo, ¿viene a reírse de un cordero de dios?

Príamo

No eres cordero, eres un zorro, una comadreja quizás, aunque estás muy relleno para cumplir con la talla. No, no he venido a reírme de ti; por el contrario, estoy aquí para hacerme tu servidor, para aliviar nuestros dolores. ¿Sabes cuales son esos?
Obispo

Muchos dolores nos manda el Señor estos días.

Príamo

Verdad es. Por un lado esta Merkhel que sirviendo a su Sacro Imperio mansilla nuestras virginales fronteras. Miremos para el mismo lado, la peste tiñe de negro los cuerpos de los hombres, las pústulas brotan salpicando inmundicia hasta en el rostro del emperador. Así es, hasta la corte tiene sus víctimas. Este invierno mató a los ya magros cultivos, lo que te regaló nuevos inquilinos en tu ciudad. A eso agreguemos a aquel beligerante sacerdote, Pietro.

Obispo

Pietro. Sí.

Príamo

¿Es que es él quien más te molesta? Me sorprende pues no porta espada y sus palabras no matan.

Obispo

Matarán. A aquellos como tú y como yo, no es obediente, ni pasivo, ni sumiso. Lee la Biblia a su antojo, interpretando sus palabras, predicando pobreza para el clérigo y riqueza al campesino.

Príamo

Ja. Me parece gracioso, ya hemos escuchado esas palabras antes, nuevas no son. Son tus rituales absurdos los que dan como resultados estos hombrecitos. Pero yo te tengo una solución, que al mismo tiempo limpiará tu ciudad, dejará de perturbar a los trabajadores que necesitamos para nuestras supervivencia y nos hará aparecer como dioses a los ojos del hombre.

Obispo

Profano.

Príamo

Calla tu asquerosa bolsa de mugre, y escucha atento: trae de regreso a Pietro y sus campesinos. Casimira ha bendecido esto, así que ten fe por una vez.
(Obispo hace una señal entra un campesino con su cabeza baja)

Campesino

Mi señor

Obispo

Trae a tu turba de regreso a mis puertas, al menos a ese que llaman Príamo.





Campesino

Vendrá con gusto a su encuentro.

(Sale el campesino)


Escena IV

(Los mismos, entrando Pietro y campesinos)


Obispo

Bienvenido otra vez a mis puertas Pietro.

Pietro

¿Qué es eso que no puede esperar hasta mañana?

Príamo

Dejen que yo hable; no sé si me reconoces, soy Príamo, Príncipe de Iliria, mi prima Casimira de la casa Imperial me ha mandado con un regalo.


Obispo

¿Regalo?


Príamo

(molesto mirando al Obispo)

Yo hablo.

(Sonríe a Pietro)

Así es tengo un regalo de parte de Casimira. Como saben, Iliria busca dar la mejor acogida a sus ciudadanos, todos respetuosos de nuestros monarcas, pero cada vez es más duro, nuestros enemigos van avanzando por el norte, como ya se ha dicho, y tu conoces la plaga muy bien. Bueno, dejemos las vueltas para los más jóvenes. El regalo, no te haré esperar más. (Saca un pergamino de sus ropas)

Esto es para ti y tu gente.


Pietro

¿Un título de dominio? Yo no puedo tener posesiones.

Príamo

Ya pensé eso, pero este título no es para ti. (Mira a los campesinos) Esto es para ustedes es el título de dominio para una nueva ciudad. Tendrán tu propia parroquia, al norte de la ciudad, las tropas Ilirias los acompañarán hasta su nuevo hogar, ni siquiera Merkhel les tocará un pelo.

(Todos los campesinos celebran y cantan, sólo Pietro se mantiene incrédulo)

Pietro

Nos exilias.


Obispo

Han sido bendecidos con una nueva tierra prometida.


Pietro

Acataré si es lo que ellos quieren, pero puedo ver tras sus ojos.


Príamo

Lo sé. Ahora se feliz hombre de Dios, lleva a tu gente por el camino, tu seguridad es mi regalo, ahora deja esta ciudad.

(Sale el Obispo y Príamo, el pueblo se marcha, sólo Pietro queda en solitario)




Pietro

Nos han dejado bailando con la muerte. Pero incluso en el limbo hay jardines.

Y ahora escucho a hombres y mujeres felices, cantan canciones de dulce amor y alegría, los niños recobran su color… pero en silencio me voy a guardar la verdad, enterrarla en mi carne en pos de la felicidad de muchos. No nos volverán a ver jamás, y si los pies de mi señor sangraban, si los míos deben de pudrirse por la plaga, bien, no me importa.


(Caen las luces, desaparece en las tinieblas)










Acto II





Escena I

(Merkhel, un soldado)

Merkhel

¿Novedades?

Soldado Uno

Nada mi señor. Sólo silencio y llanuras vacías. Nadie para hacernos frente.

Merkhel

Tienes que dejar de sonreír soldado, si el silencio gobierna esta región es porque la abuela muerte ya pasó por aquí.

Soldado Uno

¿Peste?

Merkhel

Si, peste. De aquí a Bohemia sólo hemos encontrado poblados desiertos, y caminos llenos de cruces improvisadas. La luna está fría el día de hoy, dile a los hombres que acamparemos aquí.


Soldado Uno

Si mi señor.


(Sale el soldado)


Escena II

(Merkhel, Coro campesino)



Coro

Poderoso Merkhel. Gran asesino de Ilirios, conquistador de la gran iglesia, noble corazón sanguinario, amante del dolor. ¿Qué hace que tomes estos rumbos? ¿No sabes que entras en el terreno de ella? Es sólo ella quien gobierna aquí.


Merkhel

¿Quién quiere hablarme en ese tonito insultante? Yo no me voy a doblegar ante fantasmas.

Coro

No, los muertos no doblegan a nadie.

Merkhel

Veo, son muertos que buscan vengarse.

Coro

Vanidoso Merkhel, tu no tomaste nuestras vidas. Has matado, sí, te regalamos eso. Pero ¿qué es tu muerte ligera y banal comparada a nuestra profunda eternidad. Tus muertos van al cielo con la espada en la mano, nosotros somos parte de ella, somos esta tierra, no hay dioses para nosotros. No hay futuro, no existe el día o la noche, esto es el purgatorio.

Merkhel

(llevando sus manos a la cabeza, y cediendo ante el miedo)

¿Y que quieren de mí?

Coro

Queremos que traigas tu muerte viva, ligera, libre, a esta tierras. Queremos que mates, queremos que cortes miembros, y que exhibas a nuestros hermanos vivos, queremos que desates la guerra total. Que nos abras el paso para entrar en Iliria.

Merkhel

(recuperándose)

Muy bien, me pides ser quien soy. Tomaré su orden con gusto. ¿Qué más quieren?


Coro


Encuentra al cura, tráelo a nosotros, con cuidado, es el santo y debe ser canonizado.

Merkhel

No sé mantener las cosas con vida, trataré.

Coro

Lo harás.

(Merkhel está sólo)

Escena III

(Merkhel, entra Soldado)

Merkhel

¡Preparen la caravana!

Soldado

¡Mi señor!

Merkhel

Ya escuchaste, en la madrugada nos abriremos paso.


Soldado

¡Hombres! ¡Ya escucharon! Preparen los caballos, nos vamos en la madrugada.

Escena IV

(Príamo, Casimira, Obispo)

Obispo

Por favor señores escuchen razones, Merkhel se está abriendo paso entre las tierra yermas del norte. Pronto vendrá por nosotros,

Casimira

Pues manden hombres a detenerlo. No quiero que llegue a Iliria.

Príamo

¿Y quién lo va a detener? Ningún general cuerdo podría llevar a sus hombres por ese infierno.

Casimira

Entonces Merkhel ha perdido la razón, y cruza el campo exponiendo a sus hombre a la peste. Pronto la plaga se encargará de ellos, y nada hay que temer.

Obispo

(Desesperado)

Quisiera que fuese verdad, pero al parecer la peste le ha concedido inmunidad. Nada lo toca, nadie podrá detenerlo, traerá el juicio final a nuestras puertas.

Príamo

Que poca fe tiene este curita.

Casimira

Sabe muy bien, como nosotros, que Dios se ha ido y nos dejó en esta noche. Muy bien primo amado, tu has de llevarte a mis mejores hombres, detendrás a Merkhel en los campos, quizás la plaga se ha ido.

Príamo

Pero Casimira, me pides morir.

Casimira

Ahora el dramático eres tú. Detén a Merkhel y llenaré con creces todos tus codiciosos deseos; no finjas no tenerlos, tu amor por mi no tiene que ver con el corazón, espíritu o cuerpo; me amas porque soy más poderoso que tú, y si quieres tener derecho a despreciarme, pues ve, vence a Merkhel, sé un héroe del imperio.

Obispo

Tendrás todas mis bendiciones joven Príamo.

Príamo

¿De qué valen? Muy bien iré, si triunfo tendré un nuevo Obispo y a este viejo lo regresamos a Roma.

Casimira

Así es, has comprendido.

(Sale el Obispo con Casimira)

Escena V


(Príamo, Coro)


Coro

Vendrás a nosotros, tu que nos regalaste la oscuridad, tu que nos condujiste a Ella.

Príamo

¡Salgan voces del terror! ¡Muéstrense!


Coro

No podemos, nos privaste de cuerpo. Ven, también tú debes mirarla a ella, su rostro, sus ojos negros sin esperanzas falsas o miedos. Aprenderás a amarla.

Príamo

Salgan de mi cabeza espectros, no conozco su rostro, pero si nos vemos se los arrancaré con alegría.

(Príamo coge su espada, sale de escena)

Coro

Nosotros te amamos, y tú nos desprecias. Cosecharás grandes frutos este día.


(Príamo sale enloqucido)

Escena VI

(Pietro, el Coro)


Pietro

(Silente)

Tropieza con cadáveres mira al cielo, música de tambores a lo lejos. Su rostro es gris, no ha comido en días, parece más un mendigo que un cura. Pájaros proyectan sombras oscuras. Termina por caer, rendido, espera morir.

Coro

(con voz infantil)

¿Cuántos años llevas vagando Santo Nuestro? No te das cuenta de que has sido el Mesías para nuestra diosa, eres el canto de nuestra extinción. Algunos soñamos con cumplir diez años.

(cambio a voz adulta)

Otros cumplimos nuestros sueños más honrados gracias a ti, tuvimos una parroquia, elevamos plegarias a Dios, y hicimos nuestras vidas y creamos otras nuevas, éramos pobres y obedientes, a salvo de la guerra de los poderosos. Entonces la conocimos, pero tú sabías bien donde nos llevabas, tu nos regalaste a ella. Nos diste la Plaga. Gracias.

Pietro

(Se incorpora)

Dejen que muera.

Coro

No hasta tu beatificación. Ahora Silencio, la historia comienza a desenredarse.


Escena VII

(Pietro, Merkhel, Soldado. Sonido de batalla, banderas destrozadas de ambos lados)

Merkhel

(Con armadura completa, ensangrentado)

¡Abran el flanco derecho, ya comienzan a caer! No quiero que queden oficiales con vida, sin cuartel con ellos.

Soldado

Mire adelante, las murallas de Iliria.

Merkhel

Lo sé. Marcharemos sobre él y lo quemaremos con cada uno des sus habitantes.

Pietro

(Levantándose)

¡Que valor! (toce fingidamente) Por fin conozco al gran Merkhel.

Soldado

¿No sabes donde estás parado mendigo?

Pietro

Yo sé muy bien donde estoy, los ignorantes son ustedes, no saben en que reino están, ni cual es su destino, pero pronto lo sabremos.

Soldado

Dios perdone a tu lengua estúpida.

Pietro

Dios no habla conmigo ya, ahora mis oídos sólo escuchan a los muertos, al pueblo, a aquellos a quienes traicioné. Fue un hombre investido por Dios quien nos dio el especial regalo que ves, ¡él nos regalo la plaga!

Merkhel

Te vi en una visión, eres el cura, el santo.

Pietro

¿Santo? ¿Qué santo conduce a su pueblo, a sus niños, a sus propios hijo a la muerte? No, no soy un cura, ni un santo, soy uno con la plaga, pero ella es veleidosa y no quiso tomar mi vida, no pude enfermar y morir como los demás.

Merkhel

Según lo que he visto, todos alrededor lo hacen, de una manera u otra. Por mi espada o la enfermedad. Voy a seguir con este juego, por mis propias razones.

Pietro

(Sonriendo)

Tus razones ya no son tuyas. Ella es quien nos comanda ahora.

Soldado

¡El enemigo!

Escena VIII

(Pietro, Solado, Merkhel y Príamo)


Príamo

(Levanta su espada)

¡Merkhel!

Soldado

Se interpone frente a la espada, muriendo al instante.

Merkhel

(Combatiendo con Príamo)

Nos vemos las caras buen capitán.

Príamo

(Combatiendo)

Tienes pacto con el demonio, tus hombres no enfermaron de la peste, los míos caían como pollos, y tú Pietro, ¿no te hicimos feliz? Ahora abres camino para el enemigo.

Pietro

Mátense o hagan lo que quieran, pero no me metan en sus luchas.

Merkhel

¡Silencio!

Príamo

No eres más que un animal, sin honor, sin patria.

Merkhel

Sí, peor que eso, pero yo abracé lo que soy con amor, me entregué a la violencia, pero soy honesto. Tú y tus viejos animales de presa nada valen para mí, políticos, Princesas, o putas del imperio. (clava su espada en el brazo derecho del capitán, este pierde su arma) Ya comienzas a sangrar, sorpresa, roja es tu sangre.

Príamo

(Cae al suelo. Desespera, pero intenta tomar su arma)

Nunca llegarás a Iliria, esta tierra es tierra de peste. Pronto pústulas negras crecerán en todo tu cuerpo, te pudrirás.

Merkhel

(Levantando su espada)

Gracias, ahora calla.

(se apaga la luz del escenario)


Coro

Detente, espera la ceremonia. Si, ya sabrán que hacer. Les hemos dado el don la visión.

ACTO III


Escena I

(Casimira, Obispo. Ruido de batalla, fuego. Voces del pueblo)

Casimira

El enemigo está en las puertas de la ciudad.

Obispo

Usan a los cadáveres infectos como arma, arrojándolos por sobre las muralla. La plaga ya recorre nuestras calles, tomándose su lugar entre nosotros. Comiendo nuestras carnes. Ya mandamos a quemar todos los gatos negros, cerramos las alcantarillas y rezamos todos los salmos nada funciona.

Casimira

Alguien está ayudando a estos hombres, envenenan nuestras aguas, ya nos tienen. No sé porque no entran de una vez. Si la plaga toma la ciudad ellos también la perderán. Esto no tienen lógica.

Obispo

Esto es el infierno.

(comienzan a empujar las puertas)

Escena II

(Los mismos, entra bruscamente Merkhel que arrastra a Príamo)

Casimira

Primo, tu nos traicionaste.

Merkhel

No, no lo acuses, no tiene el estómago para hacerlo. Él no ha sido.

(Entra Pietro)

Pietro

He sido yo queridos hermanos. He abierto todos los pasajes de la ciudad, he dejado salir a algunos inocentes, pero estamos listos para la celebración. Esto es una fiesta.

Merkhel

Así es, una fiesta de canonización. Es bueno estar en una capilla, se siente apropiado.

Obispo

Herejes.

Pietro

Cuidado con lo que dices, falso profeta. Que hemos sido tocados por la verdadera luz. La luz de los pobres, de los muertos y de los enterradores, de los soldados y de sus esposas.
Ustedes me mandaron junto con mi gente a las tierras del norte, ahora yo tenía que compartir esto que hemos cosechado.

Obispo

¿De qué hablas? Eres un cura no un asesino.

Pietro

Era un cura. Ahora soy otra cosa.

Casimira

¡Soldados!

Pietro

Ya no están. Casimira, Princesa. Deja que los pobres vengan a ti.


Escena II

(Entra el coro, el cielo es rojo, la escena es roja. Entonces, entra LA PESTE)



Coro

Hemos llegado al final de nuestra caminata amigos míos, estamos listos para el nacimiento de nuestro santo.

(La Peste hace su entrada, desnuda bajo una capa negra, pálida, sin ojos, todos en silencio)

Peste

Camina hacia el altar de la capilla, donde está Pietro. En el fondo, proyectados, los rostros de los miembros del pueblo, los campesinos.

Pietro

(Arrodillándose)

Se acabo.

Peste

La peste introduce su mano en el pecho de Príamo sacando su corazón, es negro y aún late.

Este es el nacimiento de un nuevo santo, vete, vuela lejos pajárito mío.
(Mira a Merkhel)

Merkhel, eres libre de irte, te doy las gracias por abrirnos este sendero, gracias por tu falta absoluta de piedad, espero que Dios te de la paz que quieres, pero no mates a nadie más el día de hoy, son míos por derecho, tus hombres no me llevarán en su seno.

(Merkhel sale dejando a Príamo)

Procedamos con los bautizos.

(Príamo es marcado con la sangre negra, luego el Obispo y Casimira)

(Todos los personajes se toman la mano y dejan la escena)

(La peste se sienta en el junto al altar y la cruz)




Coro

Las espadas se quedaron calladas, y los reyes se escondieron en sus salones. ¿Qué oportunidad tuvieron nuestros hijos? Ahora la sangre negra corre por Iliria. Ni siquiera fuimos parte de esta venganza, los dioses, los ricos, los poderosos, todos nos poseyeron.

Pietro

(se levanta, tapa con una mano el agujero donde estaba su corazón)

Dejemos esta escena hermanos e hijos, en nuestra muerte, sonriamos, seamos mansos otra vez, esa es nuestra labor.



(Cae el telón, todo es silencio)




FIN

viernes, junio 08, 2007

Poema

Uno para el camino





Los vi caminando por primera vez
hace unos años,
siempre la misma rutina

el viejo y su enorme perro blanquecino
ambos consumidos hace mucho
por la gran ola gris

a veces les saludaba

“buenos días”

“buenos días”

eso era todo

por años

hoy alguien envenenó al perro,
sólo por diversión,
o para ver a la muerte hacer su trabajo

el viejo se encerró en su cuarto subarrendado,

estoy seguro de que no lo volveré a ver,
y aquellos que dieron muerte
a la bestia
deben saber que los idiotas, los farsantes,
las bellas damas, los ingeniosos, los grandes amantes,
los dictadores,
los viejos y los jóvenes poetas,
los futbolistas,
los asesinos y los marxistas

TODOS

serán devorados por esa gran ola gris,
y aunque tenemos
mucho por sangrar,
un poco de piedad
podría endulzar el camino.

jueves, junio 07, 2007

La Furia y el Sueño version 1.0

Hola, mucho tiempo sin leernos, espero que esten bien, mi último viaje a Arica y otros eventos, algunos buenos como ver a mi hijo crecer, otros malos ver morir a mis canarios, me han mantenido muy despierto estos días, y con una certidumbre horrible.

Acá les dejo la furia y el sueño como señal de mi regreso.





“La Furia y El Sueño: Una Ficción Política”

Por

José Luis Flores














































Reparto:

Alaric: Señor de los Godos, luego rey de los Godos.
Ataulf: Campesino Godo, luego soldado.
Casta: Su esposa.
Cornelia: Duquesa de Atenas Griega.
Stilicho: General Romano.
Honorio: Emperador Romano.
Dos soldados Romanos.
Dos Godos.
Campesino Italiano.
Mujeres de Negro.
Mensajero.

“La Obra transcurre durante los dos últimos siglos del Imperio Romano, la mayor parte de la acción pasa a la orilla Oeste de Danuvio, en las tierras que el Imperio dio a los Godos, que han sido azotados por una terrible sequía, y los ataques de nuevos pueblos como los Hunos, que en esta obra son llamados simplemente, Bárbaros. No tiene la intención de ser una obra histórica, por más que las tripas me indiquen lo contrario, esta debe ser vista como una historia gutural, un grito político, que no lleva otra carga que el odio mismo. Perdonen mi incompetencia y porque no decirlo, mi insistencia, en estos cuatro actos pretendo no hacer otra cosa que jugar, como decían los Bardos, a hacer historias”.

JL Flores. Tres de Agosto 2006, Santiago Chile.

























Primer Acto:

Escena I


(Entran los soldados Romanos)

Romano Uno

No me gustaría estar en el pellejo de esos Godos.

Romano Dos

Dentro de unos días sólo serán eso, pellejos, huesos y mucho odio.

Romano Uno

Eso Temo, el buen Alaric ha servido al Imperio luchando contra los Bárbaros, incluso entre nuestras legiones hay primos y parientes que le guardan más que un buen cariño.

Romano Dos

Por el sagrado manto de Cristo, ruego que no sea verdad. El emperador debería estar más atento a sus espadas que a la gentil voz de los nobles, y caballeros que le rodean estos días. Porque con seguridad te digo que no hay cura para el odio.

Romano Uno

De acuerdo hermano pequeño, pero ya es hora de partir, confiscar las espadas de los Godos es una orden de Stilicho, y eso es más sagrado que la misma voz de Dios.

(Se escuchan ruidos de fondo, mientras el soldado Uno sale, el soldado dos se queda en el escenario)

Romano Dos

Que sea maldito si no es sangre lo que huelo en el aire, las matanzas, como me decía mi padre, siempre están bien justificadas en el amor al pueblo; ¿no era esa la canción de Aníbal? ¿Los Persas no cantaban canciones de conquista llenándose de la energía del buen sol? César caminaba el camino de la justicia, igual Alejandro y otros… pero la verdad es que por los muertos nadie va a hablar. Y de nada sirven los nobles brazos y las gentiles espadas de los héroes. Basta de estos pensamientos, que me voy a hacer ahorcar. Este bufón debe decirles adiós, pero no se olviden que la sangre de los ojos no se limpia como cualquier otra costra.

(Sale el soldado Dos)

Escena II

(Entra Alaric ensangrentado, Stilicho también muestra señales de haber estado en una batalla. Cantos y algarabía en el pueblo por la llegada de su jefe)



Stilicho

Tu pueblo parece contento hoy. Pero tu eres el rostro vivo de la amargura. Hemos combatido juntos y uno contra el otro, te conozco mejor que a mí mismo.

Alaric

(Disgustado, pero respetuoso)

Stilicho, eres el general más querido del Imperio, y sabes muy bien que hemos comprado un par de años más a los buenos ciudadanos de Roma, pero mira a mi pueblo… (se quita el yelmo) La dignidad la pierden cada vez que les quitas sus armas, estamos expuestos a miles de enemigos, a bandidos. Las cosechas son infértiles, y nuestras mujeres ya no tienen leche para nuestros hijos, sólo polvo brota de sus pechos.

Stilicho

Lo sé amigo, pero sabes que debemos quitarles sus espadas, son propiedad del Emperador, ustedes son federales al Imperio, serán siempre tratados con dignidad, pronto llegará un cargamento de trigo proveniente de las ricas tierras del oeste… no sufras, habrá comida. Soy tu amigo, puedes confiar en mí.

Alaric

Espero que sí, soy Alaric, jefe de mi pueblo. Somos amigos, pero cualquier cosa que les hagas a ellos, me la haces a mí, no olvides que ni todas las monedas del imperio comprarán mi odio. Ya he levantado mis armas dos veces, aunque sea con palos entraré en Roma.

Stilicho

Si me lo aseguras , el Imperio te dará odio y nadie da tanto odio como un montón de Senadores romanos, acomodados en sus asientos, no subestimes el poder de un hombre asustado.


Alaric

No hablemos de cobardes, aquí no hay ninguno y no te pido más que hoy contemples a mi pueblo y veas si somos dignos del olvido de Roma. Ven bebe hoy en mi mesa, el mañana se contará por si sólo.

(cantos y algarabía en el pueblo por la llegada de su jefe)






Escena III

(El Emperador, la Duquesa, luego Stilicho y los soldados)

Duquesa

Ave César…

Emperador

Deja las formalidades hermosa prima, que nuestra sangre es la misma.

Duquesa

Bueno amor mío, sangre de mi sangre, me llamaste de mis tierras y acá estoy. Sabes que invocarme tiene sus costos, ¿puedes pagar lo que cuesto?

Emperador

Prima, has estudiado bien a los filósofos, conoces las intrigas de oriente, Bizancio es tu libro, pues escribes sobre Atenas los párrafos que tu quieres. Quiero que escuches la conversación que a continuación se llevará a cabo frente a nosotros. Es delicado, y no hay fiereza más delicada que tú.



Duquesa

Mis títulos y habilidades están a tu entera disposición amado mío, pero pagarás más que monedas tu servicio, pues un lugar en tu cama tibia quiero por esto que voy a hacer.

Emperador

(sonriendo sin interés)

Lo que sea por estar bien con mis primos y primas… después de todo, somos hijos de la misma loba…

(Entran Stilicho y los Soldados, la duquesa se recuesta sobre su cama, observa)


Stilicho y Soldados

¡Ave César!

Emperador

Stilicho, hijo de Roma, bienvenido. Sé que a los enemigos del Imperio has detenido.

Stilicho

Sí señor. Alaric el Godo se portó como un tigre en la batalla.

Emperador

Ya veo. Sobre eso quiero hablarte… Tu amistad con los Bárbaros es conocida en las calles de Roma, eso puede perjudicar tú imagen pública. No quiero que mi mejor general parezca un traidor.

Stilicho

Jamás le daría la espalda al Imperio, pero debo hablar de los Godos que han sido leales… no hay provisiones, y sus cultivos no crecen en esas tierras áridas.

Emperador

Que las pulgas y los piojos se alimenten de ellos, eso no debe ser asunto tuyo. Las costas de África y España no nos han dado el suficiente cereal para todos. No saldrán granos desde ninguna provincia para alimentar a la escoria. Escucha, eres joven y no sabes como se maneja la política del estado.

Stilicho

Al menos baje el Impuesto sobre la tierra.

Emperador

No lo puedo hacer, el César necesita sus arcas… hemos perdido importantes ganancias este año. Retírate Stilicho, de pronto me siento cansado.

(Sale Stilicho y los soldados, la Duquesa se levanta)

Duquesa

He escuchado amado mío.

Emperador

¿Y tú veredicto?

Duquesa

¿No alimentarás a tus aliados Godos?

Emperador

Jamás. No puedo dejar de cobrarles el impuesto que ha todos los federales corresponde.

Duquesa

Entonces mi veredicto es sencillo, Stilicho es peligroso, mándalo a la Galia, lejos, a pelear con otros Bárbaros, quizás encuentre a su verdugo en las tierras de oeste. Que los Godos mueran de hambre, ellos mejor que tus ciudadanos.

Emperador

Es verdad… tu juicio es cruel, pero es lo que pensaba. Te dejo por ahora, por la noche ve a mi lecho si es lo que quieres. Mañana partirás a Oriente, no quiero rumores de tu presencia.

(Sale de la escena acariciando el pelo a su prima)

Duquesa

Muy bien, has puesto una horca en tu cuello, he de marcharme de regreso a Atenas, sí. Debo advertirles, una revolución viene y acabo de ayudar a desencadenarla. Bendita sea tu cabeza primo amado, pero es la muerte la que recorrerá feliz estas calles, no permitiré que eso le pase a mi pueblo… me voy sin amarte, dejemos esos juegos para los vivos.

(se pone una capucha roja, y sale de la escena)




Segundo Acto


Escena I

(En la campiña desolada, Ataulf, luego las mujeres de negro, las mujeres esconden sus rostros y portan velas encendidas)

Ataulf

Dulces mujeres, estamos en Julio y se cubren sus rostros con el luto invernal.

Mujer uno

Dios no me quiere. No hay verano para nosotros.

Mujer dos

Dios no me quiere. Los frutos de mi vientre nacen muertos.

Mujer Tres

Dios no me quiere. Los Hunos mataron a mi marido la primavera pasada.



Ataulf

Mujeres estos tiempos son frutos del egoísmo de los hombres, dios no tiene nada que ver con esto. La paz ha hecho que el emperador se olvide de nosotros, son dos años cantando esta letanía apestosa y nos desangramos.

Mujer uno

Dios no te quiere a ti tampoco. No portas espada.

Mujer dos

Dios no te quiere a ti tampoco. No llevas armadura.

Mujer Tres

Dios no te quiere a ti tampoco. No hay valor en tus palabras.

Ataulf

¿Valor? Eso es para quienes tienen la panza llena, yo soy un campesino, amigo de la paz, mis hermanos y yo hemos llevado esta vida por años… no quiero el destino del guerrero.

Mujer Uno

Es verdad, somos campesinos.

Mujer Dos

No siempre lo fuimos, teníamos otros dioses.

Mujer Tres

Nuestros hombres morían, pero los niños vivían, ahora la paz mata lentamente a los viejos, y a los niños, los ciega con veloz guadaña. La paz nos extinguirá.

Ataulf

No entiendo sus palabras, viejos espectros, mujeres extrañas. Es mejor que Alaric escuche esto que me dicen. Pues es duda y desconsuelo lo que siembran en mí.





Mujeres al mismo tiempo.

Si Alaric fuera rey esto sería distinto. Un rey no se arrodilla como lo hace un empleado ante su patrón. Necesitamos un rey.


Ataulf

Entonces un rey tendremos, y que las tribus sean llamadas, los primos del norte y el sur, más allá del Danuvio. Si quieren que este campesino se vuelva soldado, lo haré, y que cantemos la canción completa. ¡Un Rey para los Godos!

Las Mujeres

Amen.

(salen de escena)



Escena II


(Ataulf, Alaric y Casta, luego las mujeres de negro la casa de Alaric, la villa de los Godos)

Ataulf

Alaric, he venido a ti poseído por una visión.

Alaric

Silencio Ataulf, Casta duerme (indica a su mujer). No ha superado la enfermedad que el invierno le dejó.

Ataulf

Ya veo, ¿hace cuanto nos conocemos?

Alaric

Toda la vida mi hermano.

Ataulf

Así es… y tú siempre has sido un guerrero y yo un campesino. Mientras tu matabas, yo sembraba. Nunca creí en tus caminos, fui feliz cuando dejaste tu armadura, ahora de rodillas vengo a pedirte que vuelvas a ser la bestia que fuiste.

Casta

¡Silencio! ¿Qué son esas palabras? ¿Le pides al cielo que suelte a su perro más furioso?

Alaric
(a Casta)

No te agites.

(a Alaric)

¿Me pides que sea el perro asesino que tanto detestas? ¿Por qué?

Ataulf

Te pido que seas nuestro Rey, te pido que mates y nos lleves a la muerte. ¿Por qué? La muerte es un don para los viejos, los niños mueren de hambre en los rincones de esta sucia villa… ¡no hay futuro sin niños!

Casta

Hablas del Apocalipis… matar es pecado.

Ataulf

Casta, hija de las calles de Roma, fuiste esclava de los duques de Atenas, ahora eres una buena cristiana y no crees en matar, ¿pero podemos pecar si es que estamos muertos? Yo no sé que palabras usar para convencerlos, pero tu pueblo (indica a la villa) necesita un rey, si no se los dan ustedes, mejor que nos entierren. (Lágrimas en sus ojos, cubre su cara)

Alaric

(Poniendo una mano en el hombro de Ataulf, consolándolo)

¿Quieres un rey?

Ataulf

Más que nada.

Alaric

¿Quieres un asesino?

Ataulf

Quiero al puño de Dios. Más que nada en el mundo.

Alaric

Sal de aquí hermano, déjame pensar en lo que dices.

(Sale Ataulf, con su cabeza baja)

Casta

No escuches esas voces que te llaman a volver al campo de batalla. (Se levanta de la cama revelando llagas en sus piernas) Me enamoré del soldado, pero me casé con el campesino.

Alaric

Mi odio es inmenso, no sabes como late en mi pecho. No siento más que desprecio por quienes mato, sean hombres mujeres o niños, mi odio es a absolutamente puro. Pero juro por Dios que mientras vivas no voy a levantar mi espada contra Roma

(abraza a su mujer, la lleva a la cama)

Regresemos a nuestros sueños, sólo ahí somos querubines inocentes.

Casta

Ya no seremos puros amado mío.

(se duermen, entran las mujeres de negro)



Mujer Uno

Su amor es sumiso.

Mujer Dos

Déjalos dormir el sueño de la paz.

Mujer Tres

Este es el sueño de la mentira, la sangre escurre por las ventanas.

Mujer Uno

Pronto la vida de Casta se ha de apagar.

Mujer Dos

Su destino es llenar el corazón de Alaric con ese destilado de odio que nuestro pueblo necesita.

Mujer Tres

Silencio, los campesinos se alzarán esta noche, el brazo de Ataulf va a derramar sangre Romana.

Mujer Uno

Salgamos de aquí, tenemos un campo de batalla que examinar.

Mujer Dos

Y muertos que velar.

Mujer Tres

Que el buen Dios se apiade de nosotras…

Todas

Amen

(Salen de escena)


Escena III

(La Duquesa, Campesino Italiano)

Campesino

Mi señora, vengo con noticias de Occidente.

Duquesa

Habla Campesino, pero antes seca tu rostro, parece que ya han comenzado a darse mis presagios.

Campesino

Los Godos se han levantado contra los fuertes orientales, las legiones marchan contra ellos.

Duquesa

¿Quién los comanda?

Campesino

Ataulf, un campesino… se han aliado a él muchos descontentos, dicen que marcharán contra Bizancio.

Duquesa

Conozco a los Godos muy bien, ellos han matado a tantos griegos y romanos, como una peste que sacude la tierra, sí, llévame hasta donde esta este revolucionario.

Campesino

Tengo miedo…

Duquesa

No hay nada que un hombre pueda hacer que yo no pueda triplicar, sí ellos te pueden matar, yo mataré a tres miembros de tu familia si no me haces caso, esto es alta política, no te metas en el juego de los dioses.

Campesino

Si mi señora, debemos salir ahora mismo si queremos estar en tierras godas por la mañana.

Duquesa

Sólo requiero unos guardias y tu guiarás la expedición.

(salen de escena)


Escena IV

( Tres Godos, Ataulf, luego Campesino, Duquesa, campamento Godo)

Ataulf

(en armaduras)

Llevamos tres meses asediando a los Romanos, hemos capturados suficiente riquezas para comprar armas. ¿Pero por qué no se han dejado caer las caballerías y las legiones?

Godo Uno

Nos temen.

Godo dos

Nos movemos muy rápido. Nuestros ataques relámpago los confunden.


(Entra la Duquesa y el Campesino)

Godo Uno

¡Romanos!

Duquesa

Soy griega, sólo soy romana por accidente. Y ustedes no han sido atacados, porque son sólo una banda insignificante, reyes y emperadores no deben fijarse en ustedes. Pero dejemos de hablar, ustedes me conocen o conocen mi leyenda, Ataulf vengo por ti.

Ataulf

Es verdad que la conozco, a usted, y a las leyendas sobre su cama. Bárbaros somos, y es peligroso tentarnos.

Duquesa

Sí, has estado robando y saqueando mis tierras. Te levantas como un buitre en las tierras del imperio de oriente, cuando aquellos que te han ofendido están en occidente… no veo lógica en tu comportamiento. Vengo a darte una mejor razón para matar y morir.

Ataulf
(molesto)

Hable rápido que no tengo tiempo para sus intrigas.

Duquesa

Primero te pido que retrocedas, al menos hasta tu villa. Ahí debes ver a Alaric y coronarlo rey.


Ataulf

El cobarde no ha de tomar armas.



Duquesa

Las tomará, es el Cristianismo lo que invade su alma el día de hoy, pero mañana ya no comulgará y habremos de conocer su furia. Para nuestro bien o para nuestro mal.

Ataulf

¿Cómo lo sabes?

Duquesa

(acariciando el rostro de Ataulf)

Conozco el odio, y conozco a Casta, la esclava con que se casó tu jefe, Casta. Era mía y le di la libertad, fue un excelente instrumento para controlar al bruto Alaric, pero sé de buena fuente que muere, personalmente haré que Hades reclame lo suyo, una mañana ya no despertará candida y con sus rosadas mejillas.

Ataulf

Yo no podría.

Duquesa

Calla, olvida lo que dije, y pon atención a esto: Iremos rumbo al norte, pasarás las noches conmigo y has de calmar a tus hombres. Mañana haremos historia, y no te preocupes, tendremos el acero necesario para hacerla.

Ataulf

Haré lo que digas, pero si en dos calendas no ha cambiado nada, serás para mis hombres y saquearé Atenas, tus pálidos ciudadanos conocerán el terror.

Duquesa

Sea.

(salen todos, la Duquesa y Ataulf salen juntos )






Tercer Acto:

Escena I

(Alaric, Mujeres de Negro. Cementerio Cristano, luego la Duquesa y Ataulf)


Alaric

No rompí mi promesa y por dos años he guardado mi espada en su funda, y la paz ha reinado junto con la muerte, y el veneno que consume al pueblo que me sigue llamando jefe.

Mujer Uno

Te llamarán rey si quieres.

Alaric

¿Qué con eso? Lo que se guarda en mi pecho no es otra cosa que la más fieras de las noches. Así como los dioses vivían sobre montes, en mi espíritu han anidado las arañas de la furia, cada una succiona un poco de sangre. No quiero liderar, quiero encontrarme con el señor del infierno, pues soy un asesino, he exterminado pueblos enteros, arrancado los ojos de mujeres mientras sus hijos miraban. Además sólo les traería a la vieja muerte a esos hombres que ahora viven de la tierra.

Mujer Dos

Mueren de cualquier manera y sin dignidad.

Alaric

Que Ataulf los guié, sus hombres ya son veteranos; llevan meses asediando a los hombres de Bizancio.

Mujer Tres

Ataulf es sólo un hombre, una pequeña revolución.

Mujer Uno

Necesitamos un Dios.

Mujer Dos

Necesitamos un Demonio.

Mujer Tres

Necesitamos a un rey.

Alaric

Saben lo que vive en mí, saben el trato que mis padres hicieron las criaturas del gran pozo. Si quieren sangre, viejas perras secas, les daré sangre, y después de mí vendrán otros, peores, que destriparán en nombre de la justicia, dios o lo que ustedes quieran, si me desatan, volverá la oscuridad a la tierra. Soy Alaric, rey de los godos del oeste, ahora que los cuervos sigan mi camino.

Todas

¡Qué los vientos te bendigan!

(entran Ataulf y la Duquesa)

Ataulf

Te he buscado.

Alaric

Muy bien, me tienes, y ese demonio que camina junto a ti, ha de pedirme lo mismo que estas viejas caras de la fortuna (indica a las viejas)

Duquesa

Me llamas demonio… fui quien permitió tu matrimonio con Casta y quien te la devolvió cuando el regente de Constantinopla decidió usarla para que matarás en su nombre. Toma mi cuerpo, seré un perfecto reemplazo para tu pálida amor.

Alaric

Sólo como un triste premio, ¿no es así? Cornelia ya se ha ido, un alma generosa, pero que me ha dejado libre, justo hoy, en vísperas de Pascuas. Dos años has rondado estas tierras buscando que asesinemos en nombre de tu causa. ¿A eso vienes ahora?

Duquesa

Así es y no has despertado, ¡el último hijo de Wotán! Eres el vampiro de tu propio corazón, estás tan muerto como el Cristo de las iglesias.

Alaric

(sonriendo)

Es verdad estoy muerto, y conmigo murió toda mi piedad, Absolutamente toda. Sí mi alma no podía soportar mis crimines, mi cuerpo lo hará, ahora entiendo a los verdaderos asesinos, y los abrazo. ¡Ataulf!

Ataulf

¡Hermano!

Alaric

Reúne a los príncipes, a los hermanos de este, a los que quieran venir… tendremos una coronación.

Ataulf

¡Si señor!

Alaric

No soy tu señor, soy tu verdugo, y el del cancerbero que camina junto a ti… vete, déjame a solas con ella.

(sale Ataulf)

Duquesa

Te llamas verdugo pero no te creo más que un perro faldero de Roma.

Alaric

Sé bien que quieres, los hombres suelen hacer tu voluntad. ¡Mujeres oscuras tienen acá su primer sacrificio! ¡Qué caigan las noches! (Corta su mano con la espada) Se ha hecho la conjura, me voy a mi coronación, el que se oponga morirá.

(Sale Alaric)


Mujer Uno

(rasga la ropa de la duquesa)

Serás el cordero con que encenderemos la gran vela.

Duquesa

(retrocediendo)

¡No me toques vieja arpía!

Mujer Dos

Arpía, sí. Somos arpías. Y tu has condenado a tus padres, hermanos y hermanas.

Mujer Tres

A los hombres y mujeres que yacían contigo bajo el sol dulce de Grecia.

Duquesa

¿Qué saben ustedes penosas mujeres?



Mujer Uno

(Tomando un brazo de la duquesa)

Mi dulce Duquesa, nosotros lo sabemos todo.

Mujer Dos

(Toma el otro brazo)

Nosotras somos el dolor que miles como tú han provocado.

Mujer Tres

(Clava un puñal en el pecho de la duquesa)

Eres la primera sangre, las que nos limpia de todo pecado. Ahora la carnicería ha comenzado.

Duquesa

Gracias.

Mujer Uno

Nos agradece

Mujer Dos

Nos entiende

Mujer Tres

Finalmente ha entendido. Salgamos nosotras también, los buitres terminarán con ella, atenderemos una coronación.

(salen las mujeres, sólo queda la duquesa)


Duquesa

(se levanta, mira hacía el cielo)

Agradezco que hallan limpiado mi sangre. Ahora soy un alma en pena más, como el resto de los actores en esta mascarada, migajas de vida me tocaron… y fui castigada por disfrutarlas. ¿Quién será capaz de juzgarme? Pero si es verdad que he condenado a miles, habrá entonces un buen nombre para mi en el infierno.
(sale de escenario)
Escena II

(Emperador, mensajero)

Emperador

Así que tu ama, mi dulce prima ha muerto en manos de los Bárbaros. Una pena, pero estamos mejor sin ella. ¿Cuál es ese reporte que tanto esfuerzo te a llevado entregar?

Mensajero

En oriente ya no lloran a sus muertos, Alaric viene hacía nosotros.

Emperador

Ya veo, capturen a la mujer, los extorsionaremos con ella, ya lo hicimos una vez en el pasado. Para que combatiera de nuestro lado.

Mensajero

La mujer ha muerto.

Emperador

El Senado debe saber esto, vete necesito soledad.

(sale el campesino)

Emperador

Lástima que debamos derramar sangre de hombres fuertes, pero lo haré con gusto si es que se requiere. Muchos tuvieron mi cargo hace años, sé muy bien que hubiese sido mejor vivir en esos tiempos. No tengo opción, trasladaré mi corte a Ravena. Que los dioses de Roma se ocupen de sus ciudadanos. (Hace sonar una campanilla, sale de escena)


Escena III

(Stilicho, Soldados Romanos, después, Ataulf)

Stilicho

(acalorado por la batalla, espada en mano)

Han retrocedido más allá de las colinas, debemos sostenernos y luego dividirlos.

Romano Uno

Sí señor.

Romano Dos

Es más sencillo decirlo que hacerlo.

Stilicho

No quiero escuchar flaqueo alguno, Alaric esta en nuestra contra, si cedemos estaremos muertos y miles con nosotros.

Romano Uno

Alguien viene, portando el símbolo de paz. Es Ataulf, el hermano de Alaric.

Stilicho

Le conozco bien, es un noble respetado, veo que las tropas están bajo su alero.

Ataulf

Vengo en paz Stilicho, has vencido hoy, Alaric aún está en el norte y sin él no podremos vencer, digamos hasta pronto, nuestra batalla seguirá en unos meses, a menos que tu emperador comience a pensar.

Stilicho

¿En darles oro, cereales y especias? Eso será lógico, pero tu hermano esta cargado de odio… nada lo va a detener.

Ataulf

Y ustedes están dormidos si no ven que esto lo han provocado ustedes mismos. Mañana mis tropas se retirarán, no tengo más que decirte general.

(sale de escena)

Romano Uno

Ganamos.

Stilicho

Di lo que quieras hermano pequeño, pero no siento que hayamos ganado, es necesario que hable con el emperador. No podré destruir a Alaric si no tengo su apoyo. Les dejo el cuidado de esta colina, debo partir a Ravena.

(Sale de escena)

Romano Dos

A Ravena partirá el buen general, no creo que volvamos a verle.

Romano Uno

¿Por qué dices eso?


Romano Dos

Porque los hombres cobardes y celosos como Honorio temen a los valientes; si no pueden dominarlos, deben destruirlos. Esto no terminará bien para nadie, si pudiera desertaría aquí mismo.

Romano Uno

Si algo le pasa a Stilicho me iré de regreso a España, nadie me verá ni la sombra.

Romano Dos

Los venenos de la noche caen sobre nosotros, tenemos que dejar esta maldita colina.

Romano Uno

Tienes razón volvamos al campamento y de ahí a la ciudad. Si nos matan, que nos maten ebrios.
(Salen de escena)
Escena IV

(Alaric en Roma, godos, luego Stilicho y Soldados)

Alaric

(sostiene espada y escudo, grita a los godos) ¡No quiero que quede gloria alguna en esta ciudad! Ataulf los comandará desde ahora, hasta que lleguen al sur, yo debo velar por el saqueo de la ciudad, deben estar atentos a los refuerzos de oriente.

Godo Uno

¿A quién he de respetar?

Alaric

A nadie, sólo deja con bien a los curas en sus iglesias y a los paganos en sus santuarios. Qué no quede existencia sin marcar y piedra sin grabar, que se sepa que la ciudad eterna ya no es refugio para el hombre.

Godo dos

Con prestancia cumpliré mi cometido, pero será imposible retener la ciudad, las gentes de bizancio se han de querer vengar por el destino de la duquesa.

Alaric

Hablas como político, ustedes pidieron un dios, y eso tuvieron, un dios destructor, ¡no me des razones y proporciones! Llena tu conciencia de sangre o arroja tu espada, no hay tiempo para humanidades, no hay tiempo para corazones, somos la tormenta encarnada. Ya han tenido amores, dioses, tiempos y bailes, besos de sus madres y por la fuerza han conocido el placer de romper la santidad de una doncella. Hoy no tenemos tiempo para ser humanos.

Godo Uno

Nos iremos como ordenas.

Godo dos

Gozaremos en los restos del imperio.


(salen de escena, se escuchan tambores fúnebres)
Alaric

Los sueños se revientan, como globos de feria. Estuve dormido, y mientras los hados me daban buenos sueños de amor, el mundo se había vuelto ceniza. Ahora sólo debo barrerlo.

(los tambores se vuelven a sonar, esta vez más cercanos, entran los soldados romanos portando el cadáver de Stilicho, caminan y depositan el cuerpo sobre una loza ceremonial, al ver a Alaric, Romano Uno desenvaina su espada y se arroja sobre él)

Alaric

Niño estúpido, ¿crees que me importa matar a un romano más? (desenvaina)

Romano Uno

El mejor de los romanos ha muerto ¿y tu pretendes que me preocupe por mi vida?
(combaten, el Soldado es fuerte, pero Alaric esquiva sus ataques)

Alaric

¿Me odias?

Romano Uno

Te desprecio, actúas por caprichos de tirano.


Alaric

¿Desprecio? No es lo que quiero escuchar… (Golpea de muerte al Romano Uno)

Romano Uno

Eres un estúpido me matas y dejas ir a tu verdadero enemigo, y la verdad es que fue otro el que se llevo la vida de tu rival… adiós Alaric… los dioses no nos amaron hoy.
(Romano Uno muere)

Alaric

Eso fue un desperdicio.

Romano Dos

(a los pies de Stilicho)

Uno de muchos desperdicios en estos días.

Alaric

¿A quién velas con tanto dolor?

Romano Dos

Al más grande de los hombres, al menos que conocí, Stilicho, tu amigo, tu hermano y enemigo, mi comandante. Asesinado por cobardes que se esconden mientras sus imperios caen.

Alaric

Honorio lo ha traicionado.

Romano Dos

Sí, y con él, se ha llevado a la grandeza del imperio. Me importa menos que la nada lo que hagas conmigo. Por lo demás tu estas casi tan maldito como yo.

Alaric

Es cierto buen soldado, te perdonaré mientras estés velando a tu maestro. Luego te veré colgado como un animal y abierto en canal, para que las moscas aniden entre tus entrañas romanas.

Romano Dos

Ya lo dije, me importa poco.

Alaric

Entonces tienes razón y estamos condenados, como escupitajos del mismo Averno.

Romano Dos

Adelántate, que te esperan destinos más interesantes dentro de la ciudad. Luego pueden quitarme la vida, o peor aún, dejarme con vida en este pantano sanguinolento.

(Sale Alaric)


Romano Dos

La piel comienza saberme a humo, pero ni los fuegos del infierno podrían borrar lo que se sembró el día de hoy. Hemos despertado después de todo. (se levanta) Sólo nosotros los testigos cargaremos con los pecados de estos santos muertos.

(las luces caen)


Cuarto Acto

Escena I

(Por la noche, los caminos que se alejan de Roma, Alaric, Ataulf)

Hermano.

Ataulf

(Haciendo reverencia)

Si mi señor.

Alaric

Debemos marchar al sur, donde están los mejores cultivos, la procesión de los indeseables debe infectar toda la tierra, nuestro amor, nuestro odio debe ser la música con que bailen.

Ataulf

Es imposible…

Alaric

(sosteniendo a su hermano por el cuello)

Hoy quemamos roma, el mundo tiene una herida abierta y somos nosotros. (lo arroja lejos) ¡Ve con tus tropas hermano mío, y pregúntales si ellos quieren ser esclavos de roma! Hemos probado la sangre del hombre, ya no podemos regresar atrás, somos lobos. (Alaric se corta una mano de lado a lado, luego se queda viendo sangrar la palma) Aquí corre la poesía del mundo. He castrado al águila romana… y sus frutos se marchitarán para siempre.

Ataulf
Cien hombres con sus caballos te seguirán hasta la muerte. Y yo estaré a tu lado hermano mío, su majestad.

Alaric

Te maldigo, pues después de mí, tu has de ser rey, mis hijos nacían muertos y mis amantes fueron estériles o marcados por Apolo. Levanta la bandera, que mañana saldremos temprano hacía el sur.

(Salen ambos)



Escena II

(Ravena, Mujeres de negro, Honorio tras su trono, con sus gallinas)

Mujer Uno

La tempestad golpeó tu puerta emperador.

Mujer Dos

Quizás esto es lo que querías.

Mujer Tres

Roma ha colapsado.


Emperador

No… recién estaba aquí conmigo… (coge un ave) Roma, roma… coco coococo.

Mujer Uno

(caminando hacía el emperador)

La locura no te salvará el día de hoy, otros ya se han opuesto a la desgracia con ella, e igualmente han caído.

Mujer Dos

(camina hasta la otra esquina del proscenio)

Te quedas como una hermosa estatua, mientras ves la sangre de tu pueblo derramarse y no va a parar. Has destruido tu civilización.

Mujer Tres

(camina hacía el frente)

Silencio, escucha a los caballos, los bárbaros marchan al sur, Honorio, tomarán los cultivos. Tenemos que cobrarnos con nuestro héroe.

Mujer Uno

Vamos por él, a este cobarde ya lo han abandonado. Nadie lo llama amado, nadie le desea.

(Honorio se arrastra, va por una espada)

Mujer dos

Que busque su arma, que nos mate.

Mujer Tres

No puedes matar a las parcas, hijo de serpiente. (se agacha y besa a Honorio quien grita y llora, ellas lo arrastran hacía la salida).

Mujer Uno

Avancemos a través de los estrechos pasillos de esta locura, que todos nos regalen sus culpas, que nadie olvide lo que pasó el día de hoy.

(salen de escena)


Escena III


(En medio de la noche. Alaric sólo, luego Casta, fantasmas de Cordelia, Stilicho y las mujeres de Negro cargando a Honorio.)

Alaric

¡Te exijo noche que me des respuestas! O al menos que detenga mi brazo asesino. He reunido a los despreciados desde el frío norte, hasta las costas donde viven los delicados hijos de Europa. ¿Cuántas cabezas debo cortar?



Casta

No quisiste abrazar a Dios y su perdón; yo te amé esposo.

Alaric

Me amaste, pero querías a un hombre, y soy un monstruo, lo único que tengo es el odio, la furia, para combatir el sueño de los hombres.

Casta

¿Roma es un sueño?

Alaric

El peor de todos, un sueño de civilización, una lámpara en la noche no espanta a los lobos, sólo los hace invisibles. Roma y la iglesia que abrazaste son engaños, los niños morían y se secaban sus ojos al calor del sol.

Casta

Morían, pero iban al cielo, ahora son guerreros que irán al infierno.

Alaric

En el infierno serán libres.

(Casta marcha a un rincón)

Duquesa

Yo soy el mundo que destruyes.

Alaric

Y serás parte del mundo que ha de quedar, no te preocupes Cordelia, Duquesa de Atenas, que si en tu lecho mi hermano y yo encontramos consuelo, seremos agradecidos de eso.

Duquesa

Pero me quitaste la vida.

Alaric

Y tu me quitaste la luz, provocaste al demonio que duerme en todo hombre despierto, la violencia me hizo libre, compasión por ti es sinónimo de esclavitud. De todos los espectros con que he de cargar tu eres el que menos me merece piedad.

(Cordelia marcha a un rincón)

Stilicho

Te hubiese vencido en cualquier momento.

Alaric

De haberme matado, me hubieses hecho un gran favor; pero no eras un hombre, si no un guerrero esclavizado a la razón de un imperio, que te traiciona en cada uno de sus pensamientos, tu sangre impura te condenó, tu piedad por aquellos que te daban de comer te amarró a las cadenas que ahora portas. Te amaba como ningún otro hombre te amó así.

Stilicho

Perdonaste a casi todos mis hombres de origen bárbaro, también tienes compasión.

Alaric

No es compasión, es odio por Roma, ellos también destruirán un día. Pero quiero que sepas que de mis fantasmas eres el que más quiero. (Besa los labios de Stilicho, luego este marcha a su propio rincón)


(Estruendo, aparecen las tres mujeres, cargan consigo a Honorio)

Mujer Uno

Has cumplido tus designios.

Mujer Dos

Cumpliste tu thelos.

Mujer Tres

Y Aquí te traemos tu merecida recompensa.

Alaric

Mujeres idiotas, creen que soy su esclavo, o una víctima del destino. Te reconozco Hecatea, señora del destino, las reconozco furias, hijas de los deseos humanos, portadoras de la fortuna y los hilos de la vida. Sepan que desprecio su premio, así como desprecio sus servicios.

Mujer Uno

Ingrato.

Mujer Dos

No se habla así a las Parcas.

Mujer Tres

Nosotras te dimos tu furia.

Alaric

Y a otros les diste el sueño. No hay gracias en ustedes señoras, y para ti Emperador, Honorio César, tengo un agradecimiento, pues tú fuiste quien destruyó el sagrado Imperio, tú saqueaste las iglesias y trajiste a la plaga de los Hunos.

Emperador

Perdona mi vida.

Alaric

La perdono, pero eres tu el loco que lloró lágrimas por un pollo llamado Roma, y mataste a Stilicho… tu condena no es la muerte por mis sagradas mano, tu muerte es gobernar otros catorce años, casarás a tu hermana menor, con Ataulf, luego tus sobrinos te quitarán el nombre y otro godo se sentará en tu trono.

Emperador

El imperio es sagrado.

Alaric

Sólo el odio, cuando es sincero y limpió, es sagrado, tu imperio se perderá en el sueño.

Mujer Uno

Eres un dios

Mujer Dos

Eres Prometeo.

Mujer Tres

Eres la mancha en la tierra que va a erradicar a los dioses.

Alaric

No, retírense, no soy nada de eso. Soy un hombre, no hay nada más sagrado que un mortal, sus pensamientos, sus dolores y su épica. Su historia es libre, ni siquiera ustedes fantasmas grises mandarán sobre mí. Escojo las sombras, si me olvidan sería feliz, pero eso no está en mis manos.

Mujeres

Has de dejar este mundo entonces, has traicionado a la raza de los hombres.

Alaric

¿Quitarme la vida? No viejos espectros, eso no está en sus manos, yo ya estoy muerto, mi odio lo ha hecho, he destruido al imperio que brillaba en el sol, no me queda otra cosa más que morir.



(Bajan las luces, salen los fantasmas y las mujeres, Alaric grita como si su alma se desprendiese de su cuerpo)

Alaric

Que se cierren las noches…

Escena IV


( Frente al cadáver de Alaric, comienza a llover. Entran los godos, Ataulf, Emperador y el Romano Dos, suenan tambores fúnebres, ruido de agua corriendo)



Emperador

( Luce más pomposo, entero)

Bienvenidos hermanos, el gran Alaric ha muerto. Nuestra guerra no tiene sentido ahora

Ataulf

No vengo a pedirte una tregua, vengo a dártela. Sacaré las tropas de la península romana, marcharé hacía el oeste. Pero antes tenemos que pagar nuestros pecados.

Emperador

Yo no tengo pecados por los que pedir perdón, el Papa me confiesa todos los viernes.

Romano Dos

(A Ataulf)

Yo tengo mucho que confesar, soy tu hermano y te ayudaré a enterrar a tu dios, mis hombres no actuarán contra ustedes, ambos seguimos a un hombre mejor que nosotros, ahora ellos están muertos, Ataulf, sólo te pido que nadie toque su cadáver, no somos dignos de hacerlo.

Ataulf

Así se hará, respeto tu honor soldado.

(A los Godos)

Marchen a lo alto de las montañas, detengan el cause del río, en el lecho del río le daremos sepultura, luego volverán a correr las aguas, dejando intacto al mejor de nosotros.

(A los Romanos)

Migren sus corazones a otros polos, sus corazones ya se secarán pronto.

Godo Uno

Habrá tormenta pronto, debemos actuar con prisa.

Godo dos

Los dioses han de llorar la caída de uno de los suyos.

Emperador

Hagan lo que quieran, sus palabras hieren mis oídos, después de todo esta ya no es mi historia.


(salen los romanos)




Ataulf

Ya se acabaron las glorias para los hombres. Lleven el cuerpo, que comience nuestra caravana, aquí acaba la leyenda y comienza la historia.


(se apagan las luces, los tambores se hacen más fuertes)


Fin

jueves, marzo 29, 2007

Asesinos en serie: Giles de Rais

Descendía de una de las familias más ricas y poderosas de Francia , y a los once años había heredado una de las mayores fortunas del país, que se había incrementado tras casarse a los dieciséis, con su prima e inmensamente rica, Catalina de Thouars.
Por aquel entonces su vida transcurría con total normalidad, incluso acababa de ser padre de una niña y era uno de los nobles más ricos de Europa. No obstante su conducta cambiaría tras la captura de su protegida Juana de Arco. El joven Mariscal trató de salvarla con una obstinación casi obsesiva, pero de poco le iba a servir, pues Juana acabaría siendo quemada en la hoguera.

Tras el duro shock de haber perdido a la mujer que idolatraba en secreto, Gilles se separó de su esposa y se encerró en su castillo de Tiffauges, negándose a tener contactos sexuales con ninguna mujer.
Entonces comenzó una insólita carrera de crímenes y sacrilegios contra la Iglesia, pues trataba de desafiar a Dios por haber permitido que Juana fuese torturada y quemada.

Para divertirse, ordenaba que se organizasen en sus múltiples castillos lujosísimas fiestas y representaciones teatrales que eran conocidas en toda Europa, pero sus excesivos gastos pronto empezaron a menguar su fortuna y se vio obligado a vender varias de sus propiedades.
Preocupado por tales pérdidas, el barón de Rais se fue aficionando a la Alquimia e hizo que se instalase un laboratorio en un ala del castillo, donde trabajaba sin apenas dormir ayudado por alquimistas y magos importados de toda Europa a la búsqueda de la piedra filosofal, capaz, según la tradición esotérica, de transformar los metales en oro.

Al cabo de cierto tiempo, su sueño de oro no acababa de madurar, todo lo contrario, los alquimistas y magos le costaban una fortuna que lo iba arruinando más y más, hasta que desengañado despidió a la gran mayoría. Los pocos que quedaron a su mando no tardaron en persuadirlo que sólo con la ayuda del Diablo podría conseguir el oro que necesitaba.

(Algunas de sus numerosas biografías, cuentan que Gilles de Rais, llamado Barba Azul, habría hecho testamento legando parte de sus bienes a Satanás, pero reservándose su vida y su alma, según la leyenda. En las escrituras del castillo, figura como titular el mismo Diablo).

Los historiadores opinan que su primer crimen fue cometido con el propósito de realizar un pacto con éste para lograr sus favores. Pero tras haberle cortado las muñecas a la víctima, haberle sacado el corazón, los ojos y la sangre, ni se le apareció el Diablo ni logró trasformar el metal en oro. Lo único que habría logrado, sería el haber descubierto su pasión secreta: la tortura, la violación y el asesinato de niños.

Este personaje sentía una predilección malsana por los niños y los adolescentes, hasta el punto de que se atribuyó nada menos que la muerte de 200, tal vez más...

A partir del verano de 1438 comenzaron a desaparecer algunos muchachos de la misma ciudad de Nantes, de los pueblos de los alrededores, y la mayor parte, ocurrían cerca de la mansión del barón de Rais. También hacía entrar en su castillo a algunos de los niños mendigos que pedían limosna frente al puente levadizo, que eran retenidos contra su voluntad por sus servidores, violados y desmembrados posteriormente. La sangre y otros restos se conservaban para propósitos mágicos.
El mismo Gilles contó en alguna ocasión como disfrutaba visitando la sala donde los chicos eran a veces colgados de unos ganchos. Al escuchar las súplicas de alguno de ellos y ver sus contorsiones, Gilles fingía horror, le cortaba las cuerdas, le cogía tiernamente en sus brazos y le secaba las lágrimas reconfortándole. Luego, una vez se había ganado la confianza del muchacho, sacaba un cuchillo y le segaba la garganta, tras lo cual violaba el cadáver.

En una ocasión, se acercó a un niño que había elegido previamente y lo llevó al gran lecho que ocupaba el fondo de la sala de "torturas". Después de algunas caricias, tomó una daga que colgaba de su cintura, y riendo a carcajadas cortó la vena del cuello del desdichado. Frente a la sangre que brotaba y al cuerpo que se convulsionaba, el barón se puso como loco. Arrancó las vestimentas al moribundo, tomó su propio miembro y lo frotó en el vientre del niño, que dos de sus cómplices sostenían porque éste estaba sin conocimiento. Cuando por fin salió el esperma, tuvo un nuevo acceso de rabia, tomó una espada y de un golpe cortó la cabeza de la víctima. Gilles, en pleno éxtasis se tumbó sobre el cuerpo decapitado, introdujo su sexo entre las piernas rígidas del cadáver, gritando y llorando hasta un nuevo orgasmo, se derrumbó sobre el cuerpo cubriéndolo de besos y lamiendo la sangre.
Luego ordenó que quemasen el cuerpo y que conservasen la cabeza hasta el día siguiente. En ese mismo suelo, desnudo y manchado de sangre se habría quedado dormido.

(Se dice que Gilles tras la comisión de los crímenes de vampirismo y necrofilia caía en un pesado sueño, casi en coma, hecho que se reproduce en otros asesinos vampíricos y necrófilos que también dormían después de atacar a los cadáveres, como es el caso de Henri Blot).

A la mañana siguiente no quedaba huella ninguna de su desenfreno de la noche anterior, sus sirvientes la habían limpiado. Pidió que le trajeran la cabeza y ante ésta, se arrodilló bañado en lágrimas y prometió reformarse. Acercó sus labios a la cabeza, la besó largamente y se fue a su cama llevándola consigo y diciéndole que muy pronto se reuniría con otras cabezas tan bellas como ella...

Uno de los mayores placeres de Gilles era tener las cabezas decapitadas clavadas ante su vista. Luego llamaba a un artista de su séquito, el cual ondulaba exquisitamente el cabello del niño, le enrojecía los labios y las mejillas hasta darle un aspecto de belleza impresionante.

Cuando tenía bastantes cabezas cortadas, celebraba una especie de concurso de belleza, en el cual sus amigos e invitados votaban sobre cual era la más bella. La cabeza "ganadora" era dedicada a un uso necrofílico.

Tras las numerosas desapariciones de niños, poco a poco las sospechas se fueron tornando hacia la persona del barón, pero nadie se atrevía a acusarle, pues aunque más empobrecido seguía siendo un personaje muy poderoso, y sus víctimas en cambio, solo eran gente muy humilde.



Por otro lado, los proveedores no cesaban de amenazar a los padres que reclamaban a sus hijos desaparecidos, y en todas partes se hacía el silencio.

A principios de 1440, llegaron los rumores hasta la corte del duque de Bretaña, quién ordenó abrir una investigación sobre los secuestros y la posible implicación del barón de Rais.
El 13 de septiembre fue detenido en su el pueblo de Machecoul por un grupo de soldados, quienes hallaron en su propiedad los cuerpos despedazados de 50 adolescentes. El duque de Bretaña le hizo compadecer ante la justicia acusado de haber asesinado e inmolado entre 140 y 200 niños en prácticas diabólicas.
Se le infligieron todo tipo de torturas para obligarle a confesar sus crímenes, que se obstinaba a negar pese a las evidencias, pero fue sólo la amenaza de la excomunión lo que le indujo a hacerlo detalladamente.

En octubre, Gilles aceptó voluntariamente todos los cargos que se le imputaban y confesó que había disfrutado mucho con su vicio, a veces cortando él mismo la cabeza de un niño con una daga o un cuchillo, y otras golpeando a los jóvenes hasta la muerte con un palo y besando voluptuosamente los cuerpos muertos, deleitándose sobre aquellos que tenían las cabezas más bellas y los miembros más atractivos. Afirmó ante los magistrados que su mayor placer era sentarse en sus estómagos y ver como agonizaban lentamente, y que en los cargos que se le imputaban no había intervenido nadie más que él, ni había obrado bajo la influencia de otras personas, sino que siguió el dictado de su propia imaginación con el único fin de procurarse placer y deleites carnales.

Al amanecer del 26 de octubre fue llevado a un descampado junto con dos de sus más destacados cómplices para ser ahorcado y quemado en la hoguera. En el patíbulo manifestó públicamente su arrepentimiento, instando a todos los presentes a no seguir su ejemplo y pidiendo humildemente perdón a los padres de las víctimas. Murió aferrándose desesperadamente a su fe cristiana.

Accediendo a las súplicas de algunos de sus parientes, el cuerpo, parcialmente quemado, fue retirado de la hoguera y enterrado en una iglesia de las carmelitas en Nantes. Sus bienes fueron confiscados en beneficio del duque de Bretaña y de la Iglesia.

miércoles, marzo 28, 2007

Asesinos en serie: Bela Kiss


Bela Kiss

Un caso atípico entre los asesinos en serie pues empezó a matar con casi 40 años de edad. En 1916, en un pequeño pueblo Hungría llamado Czinkota fueron hallados alrededor de treinta cadáveres de mujeres en la casa de un misterioso hombre llamado Bela Kiss.
Bela había llegado a Czinkota con su joven esposa (quince años mas joven que él) María, quién pronto ganó el favor de sus vecinos por su carácter amable y atento.
Kiss tenía dinero, de modo que cuando llegó al pueblo alquiló una casa y empleó a dos criados que pasaban la noche en sus propios hogares por deseo expreso del húngaro. Ambos hombres hablaban maravillas de su atención pero coincidían en que tenía gustos raros y era poco comunicativo. En general, la gente del pueblo le tenia por un hombre respetable y educado.

El húngaro solía viajar a menudo para atender diversos negocios, pasaba largas temporadas fuera de casa, los habitantes del pueblo se percataron de que durante aquellas ausencias María se veía en la casa con un joven artista llamado Paul Bihari (o Bikari según las fuentes).

Justo cuando aquellas gentes consideraron justo avisar de la infidelidad de Maria, Bela se encontró con la casa vacía y una carta de su esposa que le avisaba de su abandono. Los criados le encontraron llorando con la carta en la mano.
A partir de éste incidente, Bela despide a los criados y contrata a un ama de llaves.

Deprimido, pasa la mayor parte del tiempo en soledad, apartándose de la gente que le muestra su apoyo. Comienza a conocer mujeres a las que cita en su casa, prescindiendo del ama de llaves a menudo. Ésta observa que a cada cita acude una mujer diferente y se apena por su patrón, pues ninguna se queda a vivir con el; sin embargo, continúa teniendo esperanzas, pensando que en algún momento conocerá a la mujer definitiva.

Cierto día, Bela conversaba con el Condestable del pueblo, quien le comentó que quizás pronto entraran en guerra. Bela le invita a ver sus instalaciones en el sótano, que consistían en unos depósitos cilíndricos en los que había ahorrado gasolina (por su gran valor en caso de conflicto bélico). El oficial le felicita por su carácter previsor.
Por aquel entonces, los periódicos publican las continuas desapariciones de mujeres; la policía sospecha de un tal Hoffman, el cual también acabó desapareciendo.

Con el estallido de la primera guerra europea Bela fue disminuyendo sus viajes y sus citas, y éstas fueron definitivamente ya imposibles cuando fue reclutado para luchar. Bela alegó no poder enrolarse porque sufría del corazón pero tras hacerle una revisión médica descubrieron que la enfermedad era falsa y lo reclutaron. Antes de partir, le confía la llave del sótano al Condestable, para que hiciera uso del combustible en caso de que él muriera.



Cinco meses después el pueblo recibe la triste noticia de que Bela Kiss había muerto en un hospital militar de Belgrado.

El Condestable hizo pública la generosa donación del húngaro y se dirigió a la casa de Kiss con algunos soldados. Ya en el sótano, dos soldados intentaron mover alguno de los bidones, pero desistieron objetando que dentro había algo sólido y que pesaba demasiado. Los hombres abrieron el bidón y gritaron al unísono al descubrir a una joven desnuda, estrangulada con una bufanda de seda y conservada en litros de alcohol. Haciendo acopio de valor abrieron el resto de los bidones y en cada uno de ellos descubrieron cuerpos jóvenes, desnudos y asesinados del mismo modo conservados en alcohol. Sólo un bidón contenía gasolina.
En los días siguientes, se hallaron 10 cuerpos más enterrados en el jardín y 12 en un bosque cercano. También aparecieron, en el sótano de la casa, los cuerpos de María y su amante, estrangulados.


Bidones donde se encontraron los cadaveres de las chicas asesinadas por Bela Kiss sumergidas en alcohol para conservarlas en perfecto estado. En plena investigación, se confirma que el principal sospechoso de las desapariciones de mujeres, Hoffman, es en realidad Bela Kiss. Había mantenido correspondencia con más de 20 mujeres gracias a los anuncios matrimoniales de un periódico, los cuales le permitieron conocer la posición económica de las candidatas.
Un día, llegó a Czinkota la noticia de que Bela Kiss no estaba muerto, sino que había desertado. Consiguió intercambiar su identidad con un joven soldado; la diferencia de edad entre ambos ayudó a identificar al joven, pues Bela tenía más de 40 años.

Se hizo una búsqueda que no fructificó y se escucharon muchos relatos acerca de dónde se le podía haber visto, pero fue un desertor de la Legión Extranjera francesa quien dio seguramente la pista más fiable: el hombre dijo que había conocido a un tipo que alardeaba de haber hecho una fortuna asesinando a mujeres ricas.

La policía ya le había echado el ojo pero antes de echarle el guante y capturarle, Bela, con un sexto sentido y sin sospechar que estaba en el punto de mira de la policía, volvió a huir. Durante los siguientes años corrieron rumores de haber sido visto en Budapest, Francia o Nueva York, finalmente se supuso que se había exiliado en algún lugar de Sudamérica donde su aspecto moreno le haría pasar desapercibido. En cualquier caso, no se supo más de él, desapareció por completo.

martes, marzo 27, 2007

Fuera

Así es, ya no soy parte de SALO S.A, del equipo de MYL y los juegos que me pusieron en contacto con ustedes, me da tristeza, y a muchos de ustedes les extrañaré de suma manera.

Gracias por el apoyo, ahora retomaré este Blog como mi forma de comunicación con ustedes.

Me despido, y bueno, como siempre con la esperanza de haber dejado algo en ustedes.

miércoles, febrero 28, 2007

Jackson Pollock



Pintor estadounidense, el miembro más destacado del expresionismo abstracto. Nació en Cody, Wyoming y estudió en la Art Students League de Nueva York con Thomas Hart Benton. Estuvo varios años viajando por el país y dibujando. A finales de la década de 1930 y principios de 1940 colaboró en Nueva York en los Proyectos de la Administración para el Federal Art Project (Proyecto de arte federal). Sus primeras obras, en el estilo naturalista de Benton, representan escenas estadounidenses de forma realista. Entre 1943 y 1947 Pollock, influido por el surrealismo, adoptó un estilo más libre y abstracto, como en La loba (1943, Museo de Arte Moderno, Nueva York). A partir de 1947 Pollock evolucionó hacia el expresionismo abstracto, desarrollando la técnica de la action-painting o dripping, consistente en derramar, dejar gotear o lanzar pintura sobre lienzos sin tensar. Mediante este método Pollock realizó esquemas de formas entrelazadas como se observa en los ejemplos Full fathom five y Lucifer (ambas de 1947, Museo de Arte Moderno, Nueva York). También pertenece a esta época Marrón y plata I (1951, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid). A partir de 1950 su estilo cambió de nuevo, retomando la figuración en blanco y negro, dentro de un estilo muy virtuosista. Entre las pinturas de su último periodo destaca Ocean grayness (1953, Museo Salomon R. Guggenheim, Nueva York). Murió el 11 de agosto de 1956 a consecuencia de un accidente de automóvil.