martes, noviembre 20, 2007

La Triste, pero Increible Historia del Niño Tortuga y la Chica Pájaro

El episodio XII, un rato para pensar sobre la masculinidad.



XII


Pensemos en dos tipos distintos de machos, los que podemos encontrar en casi toda especie de mamíferos. Un extremo de la cuerda esta ocupado por los Machos Alfa, aquellos que mataban al mamut, conquistaban civilizaciones, robaban a las mujeres del enemigo, y volvían a sus mujeres, generalmente las más bellas de la tribu, otro extremo, muy diferente, era el que ocupan los machos Omega, los últimos de la cuerda. Ahí donde el Alfa usaba su exceso de testosterona, el Omega debía usar su imaginación, un artilugio que debía usar muy a menudo para salvar su pellejo. Cuando el macho Alfa parte a la guerra, muchas veces moría, el Omega se sentaba junto a las dolientes, a escuchar sus penas, finalmente juntos se quedaban y formaban una nueva familia. Otras veces los Omega, tenían problemas físicos, graves y simplemente morían; pero aquellos que lograban vivir y eran astutos como para sobrevivir a los Alfas, los Beta y toda la numeración, pues lograban conquistar el poder. El mundo moderno era movido por los Omega, hace tiempo que ningún personaje realmente importante venía del mundo de los Alfas. El más grave problema de los Omegas, es que esa imaginación que les permitía buscar métodos para permanecer vivos, también les traía consecuencias, cuando llegaba la comodidad, esa imaginación se transformaba en tres grandes peligros, paranoia, hipocondría, y autoengaño, es por eso que todo Omega, que se sepa tal, debe evitar los peligros de la comodidad.
Entre los Omega más famosos del universo estaba el Sheik Barak el Blanco. Último gran emperador de los Tugereb. Dejen que hable de él, justo y como ha sido hecho con los demás jugadores de esta pequeña historia.
Cuando Hago, el poderoso, último macho Alfa de la familia Mano de Cristal, levantó un ejército de doscientos hombres, cincuenta mastodontes lanudos, treinta perros de caza y dos zorros con rabia; con la finalidad de vencer al ejército de Bajo Raíz, Barak sabía que estaba presenciando un acto suicida. La batalla duró sólo dos horas, y ni los zorros rabiosos, ni los mastodontes salvaron al glorioso príncipe. Las murallas de Bajo Raíz estaban custodiadas por más del doble de hombres, sin contar magos, sacerdotes, maquinaría de guerra (terrestre, aérea y marina, esta última sumamente inútil en el desierto, pero impresionante). Desde ese nefasto acto de valor, o de estupidez, Barak ocupaba el primer puesto entre su tribu. Desde ese entonces había tomado importantes decisiones, como remodelar el único muelle que controlaban, poner un impuesto extra a los vendedores de carne seca, y crear una festividad extra, el Día de la Gran Batalla, para honrar a su hermano. Día que no era realmente tomado en serio por nadie, a excepción de los importadores de bebidas alcohólicas, que duplicaban sus ventas en dicha fecha. Como comprenderán, esto era un campo fértil para que la mente de un macho Omega comenzara a desvariar.
Primero fue el encierro, que lo alejó del pueblo, luego las voces que le atormentaban, mostrando conspiraciones donde no las había. Fue una de esas voces que le dijo que persiguiera a una niña humana recién nacida, la hija de un pastor, que debió huir al seno del desierto profundo, al menos eso creía él, hasta que hace poco menos de un año, la voz apareció otra vez, pero con un cuerpo físico, era Kilim, un viejo dios, del cual realmente no sabía nada:
-He venido a ti por segunda vez.
El Sheik, llevado por su instinto de supervivencia, se arrodilló frente a la aparición, comenzando mil rezos, ninguno, claramente, dedicado a él.
-Quiero que sepas, que dentro de un tiempo he de volver y te traeré un sacrificio humano, la niña que fracasaste en cazar hace unos años, tendrás que llevarla al altar de Kurduk, ahí se entregará voluntariamente a tu cuchillo, y la profecía será cumplida…
-Si, bueno, verás… no tengo problemas con el pedido, pero explícame una cosa, ¿qué se supone que gano yo con todo esto?
-El honor de servirme.
-¿Puedes pensar en algo mejor? Digo, hay más de cincuenta dioses ahí afuera, no puedo hacer lo que todos me pidan.
-Es verdad, déjame pensar. ¿Eres rico?
-Mucho.
-Descartemos el dinero, ya eres un rey…
-Sheik, soy un Sheik, no creemos en reyes.
-Es lo mismo. ¿Qué te parece saquear Bajo Raíz a tus anchas?
-¿Y me la puedo quedar?
-Digamos que así es.
Los sueños del Sheik se hacían realidad, bueno eran sueños relativamente nuevos, nunca antes había pensado en gobernar Bajo Raíz, pero podría comprobar su superioridad con respecto a su hermano, y callar los rumores sobre su ineptitud. Sellaron el trato sin notario alguno, pero con las cláusulas suficientes para enloquecer al abogado promedio.
La muerte rondaba los dominios del Sheik, cualquiera podía sentirla, menos, claramente, él mismo. La fecha del trato se acercaba, y un nuevo ejército de los Tugereb se estaba formando, esta vez con algo de ayuda divina, o más bien, infernal, si es que los Tugereb hubiesen creído en el infierno.

lunes, noviembre 19, 2007

Novela Parte Once

Hola, días de calor, mucha pega, poco contacto humano que no sea pedir trabajo. Acá va la historia de Alex, un chico alienado en si mismo, versus enemigos reales que podrían arrasar la creación, pero son demasiado estúpidos para hacerlo.

Okey, no olviden darse una vuelta por www.aliciavampiro.cl necesito ayuda para orientar la página.



XI

Montegrande estaba cansado de llamar a su novia, ¿quién creía ella que era? No responder, a unos días de irse a vivir juntos, estaba indignado, pero no profundamente; estaba enojado porque la costumbre le indicaba que debía estarlo.
Abrió uno de los libros que el Chico Tortuga había traducido para él, era un tratado ruso sobre la ética durante la guerra, comenzó a transcribirlo en su computador, sería materia para su clase, la ética le preocupaba poco fuera de clases, pero dentro de clases era su materia, su cátedra. Exponía ejemplos del Quijote, Aristóteles, así también como imágenes religiosas, profundas, acompañadas de su enorme capacidad de aburrir al público, que parecía un signo de inteligencia para profesores y alumnos. Pero sin Alex, no podía hacer estas cosas, él lo agradecía, si Alex no tuviese la discapacidad que tiene, habría sido un hombre tan grande como él, pero a algunos les toca, a otros no, así es la vida. Esa era una excusa familiar, vieja y recurrente que solía usar su madre, para explicar porque querían más a su hermano que a él, ahora la usaba para disculpar sus propios vicios, es muy lindo ver como los valores familiares componen, al menos, una buena parte lo que eres.

Hablando de familias y familiares, no había una tan compleja como la de los dioses del desierto, a la cual Kilim pertenecía. De los ciento doce dioses que alguna vez conformaron el panteón de las grandes tribus, sólo cincuenta seguían con vida, y eran los más fuertes y durante eones habían sido los únicos detentadores del poder. No había nadie más pedante que su hermano mayor, Otorol, el dios del Gran Pilar; si supieran que el gran pilar fue derribado hace muchos años, cuando el imperio del desierto fue destruido por las plagas y las guerras, nadie le prestaría atención. Verán Otorol era vanidoso, extraordinariamente fuerte, y lo peor, lleno de seguidores, cosa que Kilim no tenía, ni ahora, ni nunca, excepto por un par de Floricultores beatos. Segundo en la lista de seres insoportable, estaba su primo, el dios dragón, Unilla, no era pedante como Otorol, pero era un sabelotodo, sus seguidores eran eruditos y estudiosos, es por eso que en Bajo Raíz hay un templo en su nombre, siendo el único dios del desierto permitido en la ciudad, y desde que eso había ocurrido, actuaba como un hombre de mundo, terminando su frases en idiomas extranjeros, haciéndose pasar como un Bon Vivant, pero a pesar de todo eso, eran de su sangre, habían nacido juntos. La verdad es que odiaba mucho más a esos otros dioses, aquellos que habían llegado después, los hombres de las tierras occidentales había traído a sus dioses del trueno, la sabiduría, el amor y cuanta cosa se les ocurría. Después otras razas trajeron sus propios dioses, los gusanos adoraban a Gullorin el Siempre Sagaz, dios de la inteligencia, los no muertos aman a Amilia, diosa de la belleza y la eternidad, los transportadores tenían una serie de dioses del camino, y los descansos, eran dioses muy prácticos para los sindicatos. Otros pueblos tenían dioses de todo tipo, había hace poco una tribu que vivía a los pies del Gran Glacial que tenía un dios dedicado exclusivamente al cultivo de hortalizas. Los familiares de Kilim se extinguían, eso era verdad, pero dos o tres de estos dioses estaban asegurados por el fervor religioso de los pueblos del desierto. ¿Qué otra cosa iba a hacer? Cuando no habían escuelas, salud, o posibilidad alguna de cambiar la vida del nómada, Así que los dioses del desierto se aseguraban de aparecer mucho, apresurar y provocar guerras. Kilim tenía un plan similar, uno que incluía derribar las paredes de Bajo Raíz, llegar más allá del río Estigia, aún más allá, hasta las puertas plateadas, extender el desierto. Para realizar este plan, ya había enviado sueños premonitorios al más poderoso Sheik del desierto occidental, en este sueño le mandaba la promesa de matar a la chica de la profecía, aquella que había huido hace veinte años, ella se sacrificaría voluntariamente, el primer paso de su Apocalipsis estaría dado. El siguiente paso lo dejaremos para después, solo podemos con una conspiración a la vez. Ahora Kilim ponía sus ojos sobre Montegrande, no sus ojos reales, que eran realmente del Decano, sino, ojos especiales, ojos de demonio. Escuchaba los pensamientos del hombre, él y no otro debía ayudarlo a enloquecer a su niña, esa que tiene la semilla para entrar en los cielos. Además había algo curioso sobre este chico, no sólo se había contagiado de la semilla divina que habitaba en la chica, también estaba contaminado de otra presencia, pero ni el demonio, ni el Decano sabían explicar que era.
-Debemos matarlo. – Dijo el Decano – Es un ladrón, un diletante.
-Lo mataremos, a su momento, verás, la chica debe entregarse por su cuenta a mi poder, debe rendirse, será este humano quien se encargue de destruir su moral, y lo mejor es que no necesitaremos hacer contacto con él, por lo que leo, ya está actuando a nuestro servicio, y por favor deja de hablar de matar, estas comenzando a asustarme un poco.
-¿Asusto a un dios?
-Demonio.
-Mejor aún.

Montegrande estaba ocupado ordenando el material para su cátedra, se sentía efectivamente observado, como si el peso de muchas miradas estuviesen sobre él, bueno no miles, pero exageremos en pos de una mejor narración. Volvió a llamar, pero nadie le respondía, quizás debía ir a ver al señor tortuga y ya.
Gabriela conocía bien a Alex, como lo hacían todos, y al igual que otros lo evitaba lo más posible, sólo para pedirle esto o aquello, pero le ponía nerviosa que su pareja pasara tanto tiempo con tal criatura; para Montegrande era justo, si ella no le contestaba, entonces podía ir a ver al monstruo que tenía por socio.
Después de su clase enfiló rumbo al departamento, subió caminando los tres pisos, hasta que llegó al lúgubre pasillo que abría el único camino para llegar donde Alex había hecho su guarida. Tenía llave de manera que simplemente entró, la escena hubiese impresionado, destruido, impactado, quizás, a cualquiera. Bueno, eso fue exactamente lo que ocurrió con él, cuando encontró al gusano discutiendo con el monje sobre la capacidad de los mundos para resistir paradojas temporales, y a su amigo, sirviendo mate a ambas criaturas, supo que el fin del mundo era posible, y simplemente calló sobre sus espaldas, cerró sus ojos y apagó el sistema. Si hubiese soñado, proyectar esos sueños hubiese sido un evento de Best Seller, pero esa tecnología no estaba inventada en ninguno de los dos mundos, al menos, según yo sé.

viernes, noviembre 16, 2007

La Triste, pero increible historia del niño tortuga y la chica pájaro

Hola, los saludo este día raro, con un episodio raro de la novela, este lo escribí integramente en el metro... llevo ya mucho avanzado de la segunda parte, no quiere parar esta historia.



X

Gabriela había salido, quería dejar el departamento, olía a Montegrande, su humanidad se había impregnado en todos los muebles, rincones y ventanas. Ahora huir parecía la opción más sana. Mientras devoraba un helado sabor chirimoya alegre, esperaba que ese cambio que le parecía amenazante hace unas horas, no tardase más, pero nada cambiaba, excepto quizás el hecho de que estaba envejeciendo, como todos los demás mortales, sin saber porque, y sin un propósito en la vida, algo que le parecía injusto y sin razón alguna.
Quiso en ese momento, y sin otro motivo que hacer su voluntad, levantarse, pero parecía pegada a la banca. Intentó nuevamente, pero encontró el fracaso, otra vez. Cuando intentó por tercera vez lo logró, pero destruyó parte de sus pantalones, dejando al aire un corazón, y una banana, que estaban dibujados en sus calzones. La pintura no estaba fresca, ni había explicación alguna, simplemente su ropa se había fundido con el asiento. Corrió asegurándose, también sin éxito, que nadie la viese. Si es que habían dioses en este mundo, todos parecían conspirar en su contra, cuando el cielo comenzaba a dejar caer una tímida llovizna de octubre.
Choa estaba en una esquina recuperando el aliento, y pensando que debía hacer, no tenía la fuerza para transportarse a Bajo Raíz o a cualquier otro punto, estaba viejo, pero no estaba listo para ser comida para los dioses, menos para uno tan antiguo como Kilim, era un duelo de senilidad. Intentó enderezarse tan alto como su joroba lo permitía, pero no alcanzó, ya que el atlético, pero no impresionante cuerpo de una chica pájaro chocaba con él.
Esto es una broma, se dijo Choa. Que había visto muchos seres vivos en toda su vida, pero nunca había visto un ser en estado de evolución. Uno no deja nunca de sorprenderse, se dijo a si mismo. Gabriela parecía agotada y sin fuerzas para levantar su propio peso, por lo que Choa hizo labores de caballero.
-Disculpe…
-Soy Choa, y no tiene que preocuparse por mí, me han golpeado de maneras mucho más dolorosas. ¿No le parece una coincidencia que nos encontrásemos en este plano, o mejor dicho, esfera?
-¿De que me habla? Perdone si lo lastimé, puedo darle algo dinero para que almuerce.
-No, yo soy un transportador, no como.
-¿Cómo es eso?
-No como, no lo necesito. Tengo más o menos energía según muchos factores, desde el clima, hasta mis estados de animo, es una cosa muy simple cuando se logra explicar bien, pero temo que no soy científico quántico. Lo que le puedo decir es que, no creo en las coincidencias y algo nos puso en el mismo camino; alguien esta conspirando.
-¿Conspirando? ¿De qué habla? Bueno, si está bien y no quiere mi dinero.
Gabriela apresuró el paso, Choa le dio unos metros de ventaja y comenzó a seguirla. Primero un dios y después un hibrido en evolución, este no era un día normal, bajo las circunstancias descritas, era mejor tomar el toro por los cuernos, que dejarse arrastrar por la corriente
Cuando llegó al edificio, nuestra chica pájaro intentó subir las escaleras, pero cada vez que daba un paso, se hundía en los peldaños, enterrándose más y más en ellos, hasta llegar a un punto de desesperación total, el cemento era una tumba acuática. Una ves que ya su cabeza estaba completamente cubierta de liquido, comenzó a ahogarse, respirar doloroso, pudo abrir los ojos, pero sólo para encontrar una bóveda negra, con pequeñas luces a lo lejos. Estaba en el espacio, o algo así, verán, uno sólo sabe del espacio por las historias de ciencia ficción, las que: A. Están limitadas por la ciencia que se maneja en esos momentos, o B. Inventan universos que luego definirán algún conocimiento científico, la visión que tenía en estos momentos cave más en lo segundo que en lo primero, pero encontraba poco de científico en ella, especialmente cuando se abrió lo que literalmente parecía ser una ventana en medio del firmamento. A través de la ventana volaban ciento dos pájaros negros, cada uno era una versión gargantuesca de un ave que ella conocía, incluso de quellas que sólo había visto en el Animal Planet, o el National Geographic, Los pájaros graznaban, cantaban, piaban y algunos incluso recitaban pequeños versos mientras se hundían en una segunda ventana que se abría casi justo bajo sus pies, por lo que pudo ver claramente los ojos del líder de la bandada. Eran ojos negros, profundos e inquietos. Miles de plumas rodearon a la chica, que se ahogaba, hasta casi perder el conocimiento, cuando sintió un olor pútrido, pero recientemente familiar.
Choa sostuvo en sus brazos a su ya dos veces socorrida nueva amiga, metió la mano en sus bolsillos y encontró una llave enumerada. La levantó y la transportó a su habitación. Ahí pudo descansar unos minutos. Por más que intentaba razonar sobre lo ocurrido, no podía, jamás había visto a alguien alterar la materia o la realidad de esa manera, ni siquiera los altos magos manejaban conjuros de esa magnitud. La joroba le dolía, el esfuerzo de sacarla de ese bolsillo dimensional había sido muy duro, claramente no estaba listo para volver a escena, pero tampoco estaba tan oxidado como él creía.
El teléfono sonaba, y el identificador mostraba el nombre de Montegrande, pero Choa no contestó, por muchas razones, pero la principal era su odio al aparato mismo.
-Despierte, por favor. – Rogó.
Nada ocurría y la fiebre da la chica subía, su piel se ponía antinaturalmente pálida, como la de un no muerto, y su aspecto estaba cambiando, su espalda comenzaba a mostrar dos grandes salidas de hueso, ella estaba evolucionando en otra cosa, necesitaban ayuda, urgentemente.
La mente de Gabriela ya no estaba en ese espacio oscuro, ahora se concentraba en los recuerdos. La primera infancia, la adolescencia, todas las épocas, buscando un recuerdo que le sirviera de salvavidas para esta absurda realidad, pero nada pasaba, absolutamente nada; su vida era normal, completamente normal, ¿a quién podía culpar? ¿A Montegrande, al vago de la plaza, a sus padres, o al calentamiento global? Quizás sólo estaba loca, y eso le hizo sentir algo más cómoda. Después de doblar por la última esquina de sus recuerdos, despertó, tan sólo para encontrar la soledad de su departamento, y una nota escrita en una horrible letra, “Fui a comprar leche y huevos”, firmaba, su servidor, Choa.

jueves, noviembre 15, 2007

Eride: Diosa de la Discordia

Éride

alguien dijo que personificas
la discordia.

hija de Hera y hermana de Ares,
del que eres una compañera inseparable,
ya que eres tú quien provoca las guerras.

besaste a la noche y fuiste también su hija, Nix, la noche

hoy yo mismo besaré a tus hijos Ponos, la pena; a Lete,
el olvido; a Limos, el hambre; a Algos, el dolor
y finalmente a Horcos, el juramento.

tu juzgas al amante Paris y al cruel Tanathos
el dolor que probocas es el verdadero
regalo del cielo,
pequeña hermana mía.

miércoles, noviembre 14, 2007

Novela Episodio IX: Cuando las cosas son feas y los héroes son aún más feos





IX

Antonin había visto suficiente, sabía que Kilim no iría directo hacía la chica pájaro, debía madurar sus poderes, debía volver a pensar como un dios. Los exiliados serían su presa segura, eso o cualquiera que este realmente vivo, aunque era duro de encontrar, habían unos cuantos que le servirían a su causa, y como no podía ir matando humanos antes de que el dichoso dios de los floricultores lo hiciera, cambiar el curso de acción era obligatorio.
Grushon no estaba al alcance de su telepatía, ¿y si su crimen fuera sólo matar al monje? Nada de eso, era un gusano, pero no tan gusano. Hizo túneles hasta llegar a la universidad, pero no estaba ahí. Quizás se había perdido, pobre monje, el pensamiento ambiguo de preocupación y alivio simultáneamente fue disipado cuando pudo leer nuevamente las ondas mentales del monje, y lo curioso que le parecía sentirlo junto a un gran vacío, como un vértice del pensamiento, una orilla de la razón. Es como si Grushon estuviese parado justo a un agujero negro; nunca, gusano o filosofo alguno había sentido esto, quizás habían dioses en este mundo también. Debía apresurarse.
Cuando surgió del subsuelo, encontró a ambos hombres, o niños, si se quiere, debatiendo sobre la mejor manera de preparar leche con frutas. No podía creer lo que ocurría, Grushon había encontrado un Generador de Mundos. Si esta historia seguía así, estaba dispuesto a salir de escena y pedir a la Liga de Exploradores, un descanso, de unos cien años.
Habían hecho su cuartel general en el departamento que Alex arrendaba a una tía lejana. No había mucho ahí, una cama, un refrigerador, una mesita de centro con veintidós libros apilados, otras quince especies vivas compartían ese departamento, pero no nos meteremos con ellos en esta narración, lo que sí les agregaremos un gusano gigante, un monje inocente, y mucha incertidumbre, además de un dolor de cabeza, profundo.
-Definitivamente eres un gusano. – Dijo Alex sirviendo un té a sus camaradas.
-Así es, compartes el don de la observación de Grushon.
-No, es que supe de ustedes hace mucho tiempo, pero pensé que estaba soñando. De hecho por alguna razón conozco cada lugar que nombran, incluso puedo leer el idioma de los monjes.
La preocupación de Alex era legítima, sin segundas intenciones, estaba seguro que él no tenía la menor idea de ser un Generador de Mundos.
-Mira – dijo pacientemente Antonin – tienes un talento único, o al menos raro, tu puedes soñar mundos, mundos que no conoces, tu imaginación ayuda a que estos mundos existan, los vuelve sólidos, les da razón.
-¿Quién soñó este mundo?
-Un habitante de Bajo Raíz, Adán, de la casa real. Él fue el primero en soñar este mundo. No te digo que lo haya creado, eso pasó mucho antes, lo mismo haces tú con Bajo Raíz…
-No sólo Bajo Raíz, puedo ver mucho más allá.
-Muy bien. Ese mundo que vez es muy viejo, mucho más que el tuyo, y está en peligro, por eso necesitaba quien lo soñara, para darle fuerza y consistencia. No todos los seres vivos están realmente vivos, es decir, todos respiran y ese tipo de cosas, pero en estos mundos esferas muchos viven ilusiones de vida, reflejos, cubiertos de grasa y barro. No es tu caso, tu puedes ver lo que hay detrás de las cortinas. Es importante que te quedes conmigo y después te vengas a la universidad.
-O al monasterio – intervino Grushon.
-Veremos que hacer. – Dijo Alex seguro, pero muy molesto. – Si tenemos donde ir.
-Es verdad. – Dijeron ambos viajeros al mismo tiempo.
El silencio gobernó la sala, como gobiernan los tiranos, con dureza, pero finalmente ternura, y soledad. Antonin, comenzó, por primera vez en su vida a sentirse responsable por otros seres. Ambos eran tan inocentes, tan notablemente limpios de mácula alguna.
-¿Quiénes son los exiliados? – preguntó Alex - ¿quién es Choa?
-¿Choa? – Repitió Antonin. – No lo sé, pero los exiliados, pues cada uno de ellos porta un parte del mundo, su energía, su lenguaje, hay muchos exiliados, pero sólo con seis le basta a Kilim para tener a fuerza para dominar su semilla y volver a ser un dios.
-Y destruir el firmamento.- Interrumpió el monje.
Esa sentencia de Grushon volvió a traer al silencio, fuera de la pieza, miles de hombres y mujeres, jugaban sus juegos, cantaban sus misterios bajo un sol que ignoraba absolutamente a sus hijos.

Para no ser ingratos: Lewis Carroll


Ya había hecho una bio de él en mi rush de bios, pero con esta estoy más conforme, y bueno, él hizo el primer Alicia y sinceramente le debemos el nombre para Alicia, la niña vampiro, so acá va la bio.






Charles Lutwidge Dodgson era el nombre verdadero del autor de las "Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas" (Alice's Adventures in Wonderland), y de "A través del Espejo" (Through the Looking Glass). Nacido en Daresbury, Inglaterra, era el mayor de 11 hijos: cuatro varones y siete niñas. A los 18 años, ingresó en la Universidad de Oxford, en la que permaneció durante cerca de 50 años, y en la que obtuvo el grado de bachiller y se recibió de preceptor. Fue ordenado diácono de la Iglesia Anglicana y enseñó Matemáticas a tres generaciones de jóvenes estudiantes de Oxford, y lo que es más importante, escribió dos de las más deliciosas narraciones que se han producido en el campo de la literatura.

Poco es lo que hay que decir, aparte de estos hechos, acerca de la vida del Reverendo Dodgson. Vivió 66 años tan tranquilamente como puede hacerlo cualquier otro hombre, y el trabajo y ocupación de su vida, así como su diversión favorita, fueron las Matemáticas. Padeció, de insomnios durante toda su existencia, y pasaba noches enteras despierto, con los arduos problemas matemáticos dando vueltas en su cabeza, y tratando de descifrarlos. Escribió diversos libros sobre la materia y el más interesante de ellos se titula: Euclides y sus modernos rivales.

Sus cuentos vieron la luz con el seudónimo Lewis Carroll. Quizá la razón de esto fuera su extraordinaria timidez ante las gentes, es decir, ante los adultos. Tenía pocos amigos en la plenitud de su desarrollo y crecimiento, y como era tímido, se retrajo de los adultos y creó sus amistades entre los niños, especialmente entre las niñas pequeñas; los comprendía perfectamente y era su natural y delicioso compañero. Fácilmente tomaba parte en sus juegos; inventaba siempre algunos nuevos y les contaba cuentos e historias.

La Alicia real y verdadera era la hija de su amigo el diácono Liddell, la cual, mucho más tarde, relató cómo esos cuentos caprichosos que aún deleitan a los lectores de todas las edades y de todos los países les fueron referidos a ella y a sus dos hermanas: "Muchos de los cuentos del Sr. Dodgson nos fueron contados en nuestras excursiones por el río, cerca de Oxford. Me parece que el principio de "Alicia" nos fue relatado en una tarde de verano en la que el sol era tan ardiente, que habíamos desembarcado en unas praderas situadas corriente abajo del río y habíamos abandonado el bote para refugiarnos a la sombra de un almiar recientemente formado. Allí, las tres repetimos nuestra vieja solicitud: cuentenos una historia, y así comenzó su relato, siempre delicioso. Algunas veces para mortificarnos o porque realmente estaba cansado, el Sr. Dodgson se detenía repentinamente diciéndonos: esto es todo, hasta la próxima vez; ¡ah, pero ésta es la próxima vez!, exclamábamos las tres al mismo tiempo, y después de varias tentativas para persuadirlo, la narración se reanudaba nuevamente".

Alice se publicó en 1864, y A través del espejo, en 1871. Ambas fueron ilustradas por el famoso dibujante inglés John Tenniel. Estos libros han sido posteriormente ilustrados por otros muchos artistas, pero los magníficos dibujos de Tenniel continúan siendo los favoritos. Otras publicaciones de Lewis Carroll son: La caza del Snark (The Hunting of the Snark) (1876) y el cuento poco leído Sylvie and Bruno 1889 y 1893.

martes, noviembre 13, 2007

Capitulo Ocho de la Novela

Gracias chicos por el apoyo, número ocho de la novela. Anoche tomé la desición de postear toda la primera parte, hasta el XXIX así que veremos mucho de la novela acá. Okey, también les cuento que preparo una colección llamada Caravana de Media Noche con material de tres escritores una historia de nuestra colaboradora Paloma Soto, dibujada por Oliver Contreras, otro episodio ilustrado por Kenshin y escrito por un nuevo escritor, y el cuervo de Poe dibujado por Peerro. Mientrás yo estaré escribiendo el tercer Alicia, y terminando esta novela. Quizás haga el tercer libro en prosa y no en poesía, ¿qué piensan?

Bueno los dejo con el episodio 8 y las locuras que trae... cada día estoy más seguro que esta novela me esta salvando la vida.


VIII

Gustav Gulhan de Checa, era de profesión contador, desde niño apegado a los números, de temprana edad fue un espectáculo andante, no existiendo para él número pequeño, primero en las escuelas primarias de Bajo Raíz, luego en las tierras vanas, a las que llegó huyendo de un príncipe no muerto que había puesto precio a su cabeza, ¿la razón? Nada sorprendente, números, Gustav había olvidado de enterar algunos billetes a las cuentas de su cliente, pues este no reaccionó bien. A Gustav no le quedó más que aprovechar la abertura hecha en el jardín de junto al de Alex, inventarse una identidad, partir de cero, un refugiado dimensional si se quiere.
Había sido una tarde sumamente pesada, sin almorzar, procesando números para idiotas que creen que entienden los números, y no se dan cuenta que estos están vivos, respiran, tienen su propio pulso, ningún humano ama bien a las matemáticas, pues ninguno ha visto jamás la quebrada de los números, el pozo decimal, los lugares en que el universo crea la matemática. Se sirvió una copa de oporto, y se sentó frente al televisor.
-Es un gusto verte otra vez Gustav – Dijo la voz desconocida del Decano/Kilim.
-No lo conozco, ¿quién es usted?
De pronto la habitación se llenó de fantasmas anodinos, que examinaban su entorno, ignorándose los unos a los otros murmurando cosas sin sentido, al menos para nosotros.
-Mi nombre es Kilim.
-¿El dios? De…
-Si, si, no lo digas, ese, pero ahora trabajo de demonio.
.¿Vienes por mi alma?
-No me interesa tu alma contador, por lo demás no sabía que tu raza tuviese una, jamás tuve contadores entre mis seguidores.
-No creo que vengas por una asesoría contable.
-Es verdad, no vengo por eso.
El Decano ya se estaba acostumbrando a la presencia del demonio, sus voces, la geografía de su pensamiento no le era extraña y cada vez estaba más seguro de compartir sus motivos, ser una deidad, tocar el infinito con sus manos.
Gustav yacía muerto en el suelo, la manos del Decano/Kilim estaban manchadas de sangre, no habían emociones por ese hecho, quizás algo de insatisfacción. El uno de ellos, ya había matado muchas veces, naciones enteras habían perecido bajo tormentas de polvo levantadas con sus manos, también había recibido sacrificios, no pocos. Y estaba por último el hecho de que un dios, para llegar a ser dios siempre debe destruir a uno anterior, en el caso de Kilim, había sido Arsenal, un pequeño dios de la guerra, nada complejo. En cambio el Decano, antes de ser llamado así era Antonio, y sólo era un humano, uno especialmente delicado, delgado, calvo, sin pretensiones, no sabía lo que era, pero no era un asesino. Este era un momento de exaltación, pero demasiado breve para su gusto, su entrada al mundo del crimen había sido menos pomposa de lo que podía esperar.
-Nos faltan unos pocos más. – Dijo Kilim.
-¿Podemos hacerlo más lento la próxima?
-Si gustas, sí. No me parece especialmente agradable el dolor, nunca fui un dios del dolor, pero es bueno expandirse a nuevas posibilidades.
-Bien. ¿Vamos por la niña?
-No, aún no, no tengo la fuerza para tomarla, necesito cazar a los exiliados primeros. No me envuelvas en tus ansias humanas.
Eso era verdad los pensamientos del Decano se filtraban en la mente del demonio, como un veneno, las mentes se fundían, él no podía entender porque una mente pequeña podía hacerle eso, quizás había algo en este humano, lo mismo que lo atrajo, un mal puro y en estado bruto, que ahora lo estaba dominando. Es curioso, pues él mismo nunca había creído en el cuento del bien y el mal, los dioses estaban sobre esa charla.
Salieron tan fácilmente como entraron, se entregaban a la electricidad de la noche con nerviosismo, emprendían el viaje al su siguiente exiliado, el extraño ser llamado solamente Choa.

Choa había sido, hasta entonces, el único exiliado que seguía yendo y viniendo a su tierra natal, un lugar innominado tan lejos de Bajo Raíz, que realmente a sus autoridades ni siquiera le interesaba. Era una colonia para sobrevivientes de la Epidemia Negra, una infección que había arrasado con la raza de Choa, tanto había sido su fatalidad, que antes esta raza era la tercera raza en poblar el universo conocido, después de humanos y no muertos, ahora eran unos pocos cientos. Choa ya no quería estar en la decadente colonia, así que abrió portales en distintos planos para ir y venir.
El carrito con cartones se detuvo al ver la delgada silueta del ser que se le aproximaba. En su mano derecha sostenía el rosario del dios Único, rezó un par de líneas, después se dijo, “¿qué estoy haciendo?” Comenzó a correr, tan veloz como su joroba se lo permitía, tras él, un demonio enfurecido. Choa concentró el poco poder que le quedaba y abrió un portal, este le podía llevar a otro mundo esfera, de regreso a su hogar, u otro punto que el inestable portal decidiera.
Kilim estaba frustrado, ya no sentía el alma de la criatura.
-No importa, hay suficientes exiliados. – dijo el Decano – quizás matar unos cuantos humanos convencionales nos sirva.
-No había pensado en eso, al parecer algunos de ustedes tienen un espíritu, una luz, casi como si estuviesen vivos, no todos, pero los que tengan nos irán sirviendo.

Choa estaba seguro de haber visto a Kilim detrás de esos ojos humanos, después de trescientos años de vida, estaba seguro de que cuando un ser como ese se te acerca, nada bueno podría pasar. Ahora, ¿dónde estaba? Miró la dirección de las calles, aún estaba en el mundo esfera, se sintió desilusionado, su poder casi se había evaporado, una pena. Su joroba le dolía, a pesar de la poca carga que llevaba. Respiró pesadamente, entonces, un dios había tratado de matarlo, eso si que era novedoso.
Simplemente se perdió en la noche, esperando salir de esta historia para siempre, pero eso, sabía muy bien, era ya imposible.

domingo, noviembre 11, 2007

La Triste, bueno ya saben lo que sigue.

Este capitulo marcó el que ya no pudiese volver atrás, los anteriores estaban sólo algo locos, estos de acá en adelante ya se desquiciaron. Los dejo con el VII y espero les agrade, dedicado a todos los que han apoyado que esta novela siga. Ya terminé la primera parte en el capitulo XXIX. Ahora empiezo la segunda parte.



VII



Alex estaba aún en la universidad, le permitían permanecer ahí hasta las once o doce de la noche, dependiendo del guardia, algunas veces simplemente se quedaba ahí hasta el otro día, atrapado no por el edificio, sino por un libro, una idea, o por el mismo, que era después de todo, su adversario más formidable.
Grushon se había separado de Antonin, mientras este atendía asuntos más delicados, la biblioteca le parecía segura, tomó un libro de Dumas, el padre, y se quedó ahí leyendo, mientras el personaje que él debía sigilosamente vigilar se aproximaba a él. Alex miró tranquilamente al joven monje, vio su nerviosismo, por dentro esbozó una sonrisa y entonces estuvo listo para hablar.
-Supongo que estás perdido. – Dijo con la calma de una montaña.
-¿Yo? No, no lo estoy, estoy donde debo estar.
-¿Dónde es eso?
-Aquí.
-¿Justo en este punto?
-Si. Quizás uno dos grados a la izquierda, pero era difícil, mira con este calor no sé como se concentran.
-¿Quiénes?
-Ustedes.
-¿Nosotros quienes?
-Ustedes los de la esfera. – Grushon llevó su mano a la boca.
-Ya bueno, ahora que podemos empezar a negociar, me presento, soy Alex.
-Soy Grushon, aprendiz de la Torre Púrpura.
-No tengo idea que es la Torre Púrpura.
-La verdad, nada, sólo un nombre. – Grushon estaba perplejo frente a este ser que no se sorprendía con nada, ¿serían todos los habitantes de la esfera iguales? Si es así, son una raza dura y valiente. – ¿Cómo supiste de nosotros?
-Bueno, no sabía de “nosotros”, sabía de ti, pero bueno ahora sé de nosotros, la mitad de las preguntas las contestaste, preguntarte fue mi única ciencia.
-Ah, apesta ser un monje de claustro en una misión de campo.
-Sí, me imagino.
-¿Cómo supiste?
-Por dos grandes principios, una, dejaste una libreta con anotaciones, diciendo quien eras y todas esas cosas. Y otra es que sacaste un libro Dumas, nadie saca a Dumas.
-Ah… eso pasa . ¿Y cómo entendiste nuestra simbología religiosa, es un lenguaje secreto y eterno?
-No sé, supongo que tiene que ver con que he escrito en ese idioma desde los trece años.
Un silencio de treinta y seis segundos pareció eterno para dos seres que no tenían la menor idea de la eternidad. De todas formas Alex tenía sumamente claro, lo que debía hacer, primero, era saber realmente que ocurría, no escuchar lo que este monje, que le recordaba mucho de sí mismo, le podía decir. Tenía que armar bien los fragmentos de este predicamento, pues debe haber uno, sólo se manda a los idiotas cuando los héroes son insuficientes. Además, por lo que podía observarse, nadie estaba muy seguro de nada, lo que generalmente parecía un grito para su intervención.
Por su lado Grushon comenzaba, por primera vez a respirar en paz desde que llegó a este mundo, o quizás y aún más radicalmente, por primera vez en toda su vida.
-Grushon, ¿de donde eres? – Dijo Alex, surgiendo de si mismo, por primera vez.
-De las montañas Bersher, donde comienza el río de sangre, ¿sabes donde es?
-Sí, al este de Vida Mar.
-¿Cómo?...
-No sé… de pronto supe.
Alex sentía un profundo dolor de cabeza, no era un dolor normal, ni siquiera podría ser clasificada de una migraña, era algo más, algo peor, pero conocido. Algo libre, a la luz, brillante, intenso, como si hubiesen abierto una compuerta dentro de su cabeza.
El monje y su recientemente descubierto aliado salieron por la puerta principal de la universidad. Alex permanecía callado, su cabeza armaba rompecabezas que no sabía que estaban ahí. Grushon también estaba entregado a la reflexión, la suya iba a la profecía, al rol que él y Antonin jugarían.
La profecía no era lo que nosotros podríamos esperar a este lado de la burbuja, no fue escrita por un gran profeta, ni dictada por un dios. Fue escrita, casi en su totalidad por un hombre llamado Karthabar-el-de-un-pie, un filosofo de la corte de Bajo Raíz, hace más de trescientos años. Su escritura fue accidentada, pues Karthabar no estaba muy contento con el encargo de sus jefes, escribir un texto sobre la posibilidad de la implosión del universo. La única posibilidad que vio el cojo, pero veloz hombre, fue imaginar que pasaría si un dios, ya caído, volvía a entrar a las puertas del cielo, y cobraba venganza, destruyendo lo que él entiende como un panteón que lo ha traicionado. ¿Ven lo que les digo? Lo que hizo Karthabar, fue escribir una novela, una muy buena por lo demás. En ella el dios Kilim, gran dios de las aves, las ilusiones, y bueno, también de los floricultores, cogía seis almas, de exiliados de este mundo para ganar poder, luego sacrificaba a su propia hija, o semilla, la idea no estaba clara; cuando ella viajaba al cielo, con los buenos dioses que rigen Bajo Raíz, era su alma la que entraba. Lo que viene después es obra de otro autor, ¿qué sucedió con nuestro amigo de una pierna? Pues en un extraño accidente fue devorado por uno de los cocodrilos de palacio. El autor que lo siguió fue Hy-del-gran-rostro, uno de los simios intelectuales de la ciudad rival de Bajo Raíz, la hermosa Anera. Su cierre de la teoría, y para darle un final de profecía, verán Hy era realmente un profeta, terminó el libro con una marea de fuego, destrucción y todo el infierno desatado sobre las bastas llanuras de este y el mundo burbuja. Si esto estaba escrito iba a suceder, ¿entonces que hacían aquí?

viernes, noviembre 09, 2007

La Novela

Pues continuemos con la novela más rara, descabellada y aliviante que he escrito, nunca la había pasado tan bien escribiendo una novela, me río, me inagino mundos, voy en el capitulo XXVI y acá los dejó con el VI.

He creado, sin quererlo, un nuevo mundo fantastico y muy muy ironico, que loco, debería estar escribiendo mis tradicionales obras, pero no puedo, debo escribir sobre este mundito raro...

En fin... espero les parezca, La Triste Historia del Niño Tortuga y la Chica Pájaro, continúa.... ¿quién lo diría?

VI

Gabriela había comprado un café hace muy poco, tenía intenciones de dormirse tarde, escribir quizás algo antes de tirarse en la cama. Se sentía pesada, como al borde de una enfermedad, quizás un resfriado en ciernes. Se quitó el chaleco, y luego la camiseta, se sorprendió con lo blanco que su cuerpo se estaba poniendo, siempre había tenido problemas con el color, pero se estaba tornando un chiste, casi podía camuflarse con las hojas en blanco que debían componer su próxima novela. El teléfono sonaba, pero ella sabia que contestar era una mala idea. Montegrande la había estado llamando desde hace tres días, el idiota esperaba una respuesta, una que ella no quería dar.
La televisión gritaba frenética, sobre riquezas, luego sobre moral, luego de solidaridad y luego sobre sexo. Impresionante, en dos horas habían sido dichas muchas palabras y realmente nada le hacía sentido. Como si ella fuese de otro mundo.
El timbre sonaba, ella no quería vestirse, así que abrió el portal a su dimensión, en asedio, Montegrande.
Habían estado juntos casi un año, pero se conocían desde hace tres. A ella le agradaba, no la pasaban mal, pero una vez ya se había enamorado de otro él, un él que ya no existía en este él. Y este él era realmente odiable, no sólo por este, su gentil narrador, si no por el resto de la universidad.
Se metieron junto a la cama, después de dos minutos y treinta segundos estaban viendo televisión otra vez, un documental sobre los pelícanos en las costas del sur, interesantes animales, podríamos escribir una novela sobre ellos, pero seguramente alguien ya lo había hecho; eso pensaba Antonin mientras escuchaba a los dudosos amantes.
Él hablaba mucho, sin duda, y ella callaba mucho, mal signo. Cualquier sombra de depresión que ponga en peligro la vida de la chica pájaro, podía ser criminal para los habitantes del universo. Si era necesario había que deshacerse de este humano. Bueno él no lo haría, su compañero tendría que hacerlo.
Gabriela se levantó de su cama, su espalda hacia una curva perfecta, que simulaba una media luna, o un arco tenso, eso pensaron los dos seres de sexo masculino que habían invadido el departamento. También pensaban en ella, ¿qué vivía dentro de su alma? Uno, nuestro amigo invertebrado, pensando en la razón, hasta ahora confusa y altamente obscura, de su viaje. El otro, pensaba en esa pregunta hecha hace una semana, si era posible teniendo a la chica viviendo con él, en su departamento, compartiendo su vida. Quizás la amaba después de todo, había descubierto este sentimiento, ¿una noche viendo televisión? Impresionante, lo grandioso de los medios.
Lo que ninguno de ellos podía, ni por lejos entender, como se sentía ella. Un sentido instintivo de la aproximación, si se quiere, le decía que estaba a las puertas de algo amenazante, irreversible.

jueves, noviembre 08, 2007

miércoles, noviembre 07, 2007

MITOS Y LEYENDAS: ZOANTROPÍA


Aspectos generales sobre la zoantropía










La transformación de humanos en animales ha sido en todo tiempo habilidad del brujo. En una u otra forma, y más o menos preferentemente según su vocación y aptitudes, se considera que el brujo tiene la capacidad de ser zoántropo.
Se supone que existen zoántropos desde que hay brujos en el mundo, y éstos habitan en él desde tiempos inmemoriales. Previo al descubrimiento de América, había en el continente brujos declaradamente zoántropos. Entre ellos hay diferencias cuantitativas, pero están unidos por el hecho de haber realizado un pacto con el diablo, que puede ser más o menos condescendiente con unos que con otros. La diferencia estribaría, única y exclusivamente en la calidad de las aficiones y en el mayor o menor poder que el brujo recibe de su patrono.
La zoantropía fue, sin duda alguna, uno de los primeros frutos de la superstición, hermana de la ignorancia de las arcaicas sociedades humanas.
La superstición trajo al mundo al hechicero, que es su ministro, su intérprete, su representante. Ya se considere a la zoantropía como una creencia en la transmutación de seres humanos en bestias, o como un género de locura que de ella se origina (la manía lupina, por ejemplo), ofuscó y aquejó en un principio, a latinos y griegos, a los pueblos de Oriente y con posterioridad a los de Europa. Las sociedades humanas padecieron en todas partes, extravíos de la misma índole. Los tenía el Nuevo Mundo al tiempo del descubrimiento. La conquista los halló en los bohíos y en las tolderías del aborigen y en los imperios del Inca y de Moctezuma. Después de la conquista florecieron en los nuevos pobladores, en campos y ciudades.
Cuentan las relaciones historiales de los misioneros, que en las regiones que vierten al Paraná y Uruguay, había una casta de indios que eran poseídos por un espíritu maligno, que los impulsaba a penetrar en pueblos a modo de perros rabiosos y hacer en ellos carnicerías. De repente, se apoderaba de ellos un furor irresistible y, con su arco y flechas, rugiendo como fieras mataban a la gente y se la comían. Se dice que solían vagar de noche por los campos como enajenados, tomando brazas de fuego con las manos, llevárselas a la boca y engullirlas sin que les hiciesen daño. Pasado el furor, no sabían qué era aquello que interiormente les motivaba a ejecutar cosas semejantes. Estos indios eran llamados apiocarés, que quiere decir hombres protervos o sin discurso [1].El licántropo, que de Europa se trasladó con los nuevos pobladores al continente de Colón, ha podido pasar a ser zoántropo con facilidad en su nuevo domicilio. Al pisar las playas de América, se encontró con un colega que le dejaba muy atrás en habilidades. En toda la región meridional del continente hubo zoántropos. En todas las costas bañadas por el Atlántico, el licántropo halló hechiceros o brujos capaces de tomar las formas de lobo o de cualquier animal feroz cuyos instintos y poder irresistible le conviniese utilizar para satisfacer sus pasiones o para la ejecución de empresas menos interesadas. En las regiones que se extienden del Amazonas hacia el Orinoco, salió el Tejoje a recibirlo. En las regiones que comprenden desde el istmo de Panamá hacia el Orinoco se topó con el Payé o hechicero que, como el Tejoje, sobrevivió a la entrada de los españoles y portugueses.
Las mitologías y las tradiciones indias son también una rica fuente de creencias vinculadas a la zoantropía. Los brahmanes habían sistematizado las primitivas creencias del pueblo y unificado toda aspiración fetichista, ya desde el zoomorfismo más elemental al antropomorfismo más perfecto. El vishnuismo, que por un lado humaniza y por el otro zoomorfiza todas las fuerzas de la naturaleza, agrupa estas primitivas creencias, las recopila literariamente y forma un cuerpo de doctrina cuyas avataras se narran las sucesivas transformaciones que sufre el divino Vishnú.
Para librar de la muerte a los hombres, Vishnú se encarna primero en tortuga gigante y, con su fuerza colosal, como lo hiciera Hércules, sirve de soporte al mundo; en el jabalí de dientes afilados que lo limpió de los peligros; y en el monocero o pez milagroso que dirigió el rumbo de la nave de Manú cuando éste fue salvado con los suyos del diluvio. Su transformación en Hombre León o Nurisnha le permite despedazar al demonio que acometía a los dioses. En sus transformaciones humanas, Vishnú es sucesivamente Rama, Khrisna y Buda, amén de simbolizar a todos los gurús o fundadores de sectas religiosas.
Algunos avatares de Vishnú, como Khrisna y Rama, aparecen en ciertos pasajes también con atributos bestiales, en especial cuando se ven obligados a luchar contra sus enemigos.
En el mismo espíritu que los avatares indias están las "transformaciones" de los antiguos egipcios: más allá de la muerte, el egipcio esperaba renacer o, mejor dicho, sufrir transformaciones a través de diversos animales sagrados, para volver por fin a su forma humana original, que guardaba celosamente gracias a los perfectos procesos de momificación. Durante el período de pérdida de su humanidad, en las sucesivas encarnaciones zoomórficas, debía luchar contra bestias fantásticas o impías que hacían de él su presa favorita. Estas fieras se representan en jeroglíficos egipcios como hienas, chacales y, principalmente, como lobos que pueden devorar la sombra material del individuo y hacerle imposible la resurrección.
Subyaciendo con la figura del zoántropo, como ocurre con la del vampiro, se hallan rasgos de erotismo perverso que, cuando se manifiesta en el hombre, llega a la consumación de los más horribles crímenes. Esta misma característica se da en los dioses: Khrisna es un dios báquico que corretea tras idílicas y voluptuosas pastoras, pero halla el verdadero goce cuando al fin lucha contra los reyes impíos y los despedaza. Rama, bajo la tutela de Hanuman, el dios mono, marcha al frente de su ejército cuando invade Ceilán y destroza alegremente los cráneos de los enemigos.
En la tradición bíblica, existe también algunos casos de zoantropía. Caín, tras haber asesinado a su hermano Abel para arrebatarle a su esposa Aclima -dicen los talmudistas-, vagó por las selvas llevando una vida errante, y que tan agudo fue su proceso de animalización que, años después, uno de sus nietos lo mató creyéndolo una fiera salvaje.


Teorías sobre la metamorfosis zoantrópica
Según el sacerdote Rosacruz francés Alphonse Louis de Constante –más conocido como Elifás Leví (1810-1875)-, clásico expositor de la ciencia oculta, expresa en su obra Dogme et Rituel del la Haute Magie que ninguna de las personas que supuestamente son zoántropos, saben qué es lo que padecen. Leví sostiene que ninguna persona habría sido muerta por un zoántropo sin herida de sangre; que ninguno de éstos, aun herido, habría muerto en el acto y lugar de la pelea; y que los individuos que se sabían zoántropos se habrían hallado siempre en sus casas, después de haber sido perseguidos, más o menos lastimadas, pero en su cuerpo antropomorfo. Un zoántropo, según Leví, es el cuerpo sideral (1) de un hombre cuyos instintos salvajes y sanguinarios representa el lobo. Penosamente duerme en su cama y sueña que es lobo, mientras el fantasma que lo representa, el animal, vaga por el campo. Se hace manifiesta la sobreexitación, próxima al sonambulismo, que ocasiona el pánico en los individuos que le contemplan, o la particular disposición de los campesinos a ponerse en comunicación con la luz astral (2) a cuyo favor se realizan las visiones y los sueños. Los golpes que recibe el zoántropo hieren a la persona dormida que representa; lo que se verifica en virtud de una congestión ódica (Od: Fuerza vital, que todo lo penetra y que de todos los cuerpos fluye incesantemente, a manera de dinamismo cósmico. Ódico: que incluye od o pertenece a él) de la luz astral, de una correspondencia entre el cuerpo inmaterial y el cuerpo material[2].Un erudito humanista de principios del siglo XVII, D. Jusepe Antonio González de Salas, concibió, disertando sobre zoántropos, una idea muy original. Así como parece haber hombres que se transforman en bestias, se planteó el hecho de por qué no habría de ser posible que las bestias, a su vez, se transformasen en hombres. Confiesa, no obstante, que antes de él, pensaron lo mismo Simónides y Proclo; pero González, según sus palabras, aún no había leído sus obras, cuando le surgió aquella inquietud, hallazgo que dio lugar a que ya por entonces "recelasen espíritus nobles y trascendidos" que viviesen entre la gente, lobos, asnos, cerdos y otros diversos animales en figura de seres humanos, pero con hábitos, actitudes, ademanes y rasgos fisionómicos que delataban su forma e índole natural. No debería sorprender, por tanto, la probabilidad de toparse con individuos que, después de verlos y hablar con ellos, y a veces de primera ojeada; se muestren irracionales; lo cual indicaría, para González de Salas, ser bestias con apariencia de hombres [3].

Esta supuesta habilidad de los animales de transmutar se puede apreciar en El Monstruo del Mar (The Sea Thing, 1939), cuento del escritor A. E. Van Vogt, donde un dios-tiburón adquiría forma humana para vengarse de un pescador que intenta matarlo de un arponazo. La mirada del furibundo tiburón-hombre despertaba una gran perturbación entre los personajes del relato, quienes intuían que aquel hombre ocultaba un ominoso secreto.
Leví desarrolla también una teoría muy similar a la de González de Salas. Según Leví, la fisonomía de cada individuo lleva marcado el sello de su instinto predominante. Esta circunstancia le predispone a transformarse, por medios adecuados, en el animal cuyo instinto manifiesta predominar entre las condiciones de su carácter. A unos instintos contraponen otros diferentes de igual o mayor eficacia, por los que los que son equilibrados o vencidos.
Si se es un perro –dice Leví- y se busca el amor de una gata, no se debe hacer más que metamorfosearse en gato por medio de la observación, de la imitación y de la imaginación, a través de la "polarización de la propia luz animal, hasta conseguir el equilibrio de la fuerza que obraba en sentido antagónico". La Polarización magnética puede efectuarse por medio de formas animales. Los magnetizadores dan al agua pura, por sola imposición de las manos, las propiedades del vino o de un medicamento. Los domadores de fieras dominan al león, superándole mental y magnéticamente en fuerza y bravura. Los animales son los símbolos vivos de pasiones e instintos de los hombres: el hombre tímido se convertirá en liebre, y el feroz, en tigre. Leví comenta que San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, desarrolla una gran potencia mágica ordenando a sus discípulos que vean, gusten y palpen las cosas invisibles. "El jesuita comunica la eficacia de sus principios a un conjunto de voluntades igualmente acondicionadas, y cada uno de los padres de la compañía es tan fuerte como la sociedad religiosa que integra, y esta sociedad es más fuerte que el mundo". [4]

Licantropía: la celebérrima forma de zoantropía
El licántropo no representa sino una de las variadas formas de zoantropía. Sólo que la licantropía vino a ser la forma clásica, la que preponderó en Europa, e hizo olvidar todas lasa demás de las que se revistiera el zoántropo. El patrono de los hombres lobo es Licaón, rey de Arcadia y de cuyo nombre se deriva el término.
Pausianas, Platón y Ovidio han dado distintas versiones de lo que le ocurrió a Licaón, pero coinciden en señalar que su gran arrogancia y presunción lo llevó a querer burlarse de Zeus invitándole a comer un guiso preparado con el cadáver de su propio hijo. Zeus, al darse cuenta del engaño, lo castigó transformándolo en lobo.
Plinio recoge a su vez en la Historia Natural el caso de un brujo llamado Domaco que por haberse comido el vientre de un niño, era transformado en lobo durante una noche de luna llena.
Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue metamorfoseado en buey durante siete años, como castigo divino por haber sometido a los israelitas. La leyenda dice que cuando el rey de Babilonia recuperó la forma humana, sus uñas quedaron deformadas a modo de pezuñas de buey. Afectado por un trastorno cerebral, Nabucodonosor habría padecido la llamada manía lupina o insania lupina, extraña afección que tanto apasionara a médicos, teólogos y demonólogos. Santo Tomás sostenía que la transformación de Nabucodonosor sólo existía en su exaltada imaginación.
Pero más que un buey u otra figura animal, es la del lobo la que adopta quien padece la manía lupina; y es justamente esta figura la que da origen a su denominación en todas las lenguas europeas: werewolf, loup-garou o loup-varou (del latín lupus varios), garwall, lobisome, etc.
Poetizados los licántropos por Homero, Ovidio y Apuleyo, los hombres lobo han tenido siempre una característica: no hay folklore ni religión que no haga alusión a los avatares de los dioses y demonios en su transformación bajo un aspecto seductor, punitivo o triunfante. La fatalidad ha querido que esas amables fantasías sean a menudo tomadas al pie de la letra, habiendo dado lugar así durante el Renacimiento, a discusiones interminables, y tanto más inhumanas, ya que desembocaban en la ejecución de la pena de muerte de aquellas personas consideradas brujos, acusados de haber revestido forma animal.
En la antigüedad, las creencias estaban, por otra parte, escindidas respecto del carácter divertido o maléfico de las transformaciones animales. Al lado de los trucos y trampas que los dioses empleaban para seducir a los mortales, existían verdaderas víctimas maleficios de cólera celestial, como son los casos de los compañeros de Ulises y el del ya mencionado Nabucodonosor.
El caso más flagrante de licantropía es posible que sea, sin embargo, el de Osiris, que salió de los infiernos y, adoptando la forma del lobo, ayudó a su esposa Isis y a su hijo Horus en la lucha contra el tifón.
Durante la Edad Media, los hombres-lobo podían ser identificados según señales inequívocas, cuando su transformación no era evidente: por frecuentes contorsiones corporales o su andar felino, por la hinchazón de la cara, insensibilidad a los insectos y los parásitos, respuestas extrañas que no correspondían a lengua alguna conocida, punzadas de agujas sin que hubiera efusión de sangre, y el signo más verídico: los clamores de vientre.
Mediante estas señales, y principalmente debido a los clamores abdominales, cuenta Ramón Hervas Marco, en su libro Los Hombres Monstruo, que en el siglo XVII fue detenido un hombre llamado Giles Garnier. El propio Luis XIII siguió de cerca el asunto y cuando supo que sus corchetes (suerte de cuerpo policial) habían hecho que una zorra hambrienta devorara el hígado del desdichado sin que éste manifestara dolor, autorizó su proceso.
Probado que tomaba frecuentemente la forma de lobo para cometer asesinatos, Enrique Camus, conserje del rey, manifestó al tribunal que Garnier habría ido a una viña pocos días antes de Todos los Santos y allí había atrapado a una niña de doce años a la cual mató con sus colmillos y garras.
Según demostró la instrucción, pocos días más tarde de estos hechos, Garnier habría vuelto a atacar a otra niña para devorarla. Y ya la tenía bajo sus garras para despedazarla, cuando a los gritos de la desdichada acudieron unos vecinos y pudieron salvarla, aunque, aparentemente, bastante maltrecha. Después de la fiesta de Todos los Santos, estando todavía en su forma de lobo, habría devorado un muchacho y, posteriormente, ya en su figura humana, robando un niño y con la intención de comérselo.
Quemado vivo y echadas sus cenizas al viento, Garnier no parece ser el único loup-garou registrado en los documentos franceses.
Juan Grenier, un muchacho de quince años, fue también condenado al la hoguera acusado de ser un brujo lobo y de haber comido a varios niños, según testimonió Juana Garibauc, una muchacha de su edad que habría sido atacada por él.
Estando el diablo medieval representado por el macho cabrío, no es extraño que se considerase que Satán se posesionaba de los hombres tomando rasgos animales que simbolizaran la crueldad de sus crímenes. ¿Y qué animal más cruel que el lobo a los ojos de los aldeanos europeos?
Como escribe el demonólogo Lancre: "El diablo se transforma más a gusto en lobo que en otro animal porque el lobo es devorador y, por lo tanto, más dañino que otros animales. También porque el lobo es el enemigo mortal del cordero, en cuya forma fue figurado Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor...". [5] Príncipes y Varones de toda Europa creyeron firmemente en la posibilidad de que un hombre pudiese transformarse en lobo. Segismundo (1368-1437), rey de Hungría y líder del Sacro Imperio Romano Germánico, hizo que la Iglesia reconociera oficialmente la existencia de hombres-lobo durante el concilio ecuménico de 1414. Allí, se llegó a la conclusión de que, en efecto, había licántropos u hombres que, con la ayuda del diablo, podían transformarse en lobos. Se llegó a considerar inclusive, que era una herejía negar o no creer en la existencia de licántropos. En el siglo XVI, el fenómeno adquirió tales proporciones en toda Europa que la Iglesia romana decidió llevar a cabo una investigación oficial. Entre 1520 y mediados del siglo XVII, se enumeraron unos treinta mil casos de licantropía en Europa occidental, Serbia, Bohemia y Hungría.

El poder de las flores, o cómo Luciano de Samosata recuperó su forma humana
Durante la Edad Media, y aún la moderna, se generalizó en Europa la creencia de que las personas de ambos sexos podían, a favor de ciertos hechizos o por medio de un encanto, transformar o ser transformar o ser transformadas en aves o cuadrúpedos. En unos era temporaria, dependiente de su voluntad y para sólo cumplir sus designios, buenos o malos, y en otros fatal, ineludible y perpetua. Lo más común era la forma, hábitos, condiciones e instintos de ave de rapiña, de lobo, de búho o de gato (3).Algunos autores estiman que es bajo la fuerza de drogas poderosas que los hombres pueden transformarse en bestias, pero no coinciden en señalar cuáles pueden ser exactamente las hierbas que operan el prodigio. En cambio coinciden en señalar que determinadas flores son capaces de devolverles a su primitivo estado.
Antiguamente se creía que los pétalos de la rosa eran los que tenían la facultad de "deslobar" al hombre y, en las tradiciones modernas, esta misma virtud se atribuye a la flor del acónito.
El filósofo y jurista griego, Luciano de Samosata (125-192) relata cómo queriendo transformarse en pájaro, recurrió a las artes de una bruja tesaliana para que le preparase una poción adecuada. La hechicera equivocó la fórmula, y en lugar de pájaro, Luciano quedó convertido en asno, animal que simboliza a Príapo. Tras diversas aventuras bajo la figura asnal, Luciano pasó a ser propiedad de una mujer tan licenciosa como volcánica, que encuentra en Luciano al único remedio que puede apaciguar su apetito. Pero tanta es la perversión, que su ama llega a exhibirlo en público para que todos puedan ser testigos de las proezas del asno y de los goces de ella. Esta aventura termina cuando, descansando junto a su cama, Luciano advierte que entra en la estancia un hombre cargado de flores. Entre aquellas, distinguió rosas recién cortadas; al instante, saltó del lecho. Todos creyeron que se levantaba para bailar pero, recorriendo los ramos con su hocico, escogió rosas entre las otras flores y las devoró. Entonces, con gran asombro de los espectadores, la figura del animal se desvaneció; el asno desapareció y en su lugar había aparecido Luciano, de pie y completamente desnudo. Todo el mundo quedó desconcertado a causa de la metamorfosis asombrosa e inesperada; se produjo entonces un escándalo espantoso.
El incidente termina con la presencia del gobernador, que reconoce a Luciano y ordena que sea puesto en libertad. Y aquella misma noche, con sus mejores galas, Luciano se dirigió a la casa de su antigua ama. Cenó con ella, y ya avanzada la noche, llegada la hora de irse a la cama, se levantó y creyendo realizar una hazaña, se desnudó, estimando que así le gustaría más en comparación con el burro. Pero ella, viendo que Luciano no era más que un hombre, lo miró con desprecio y le dijo que se largara, a lo que Luciano le preguntó qué crimen había cometido para merecer semejante respuesta; a lo que ella respondió que no era él sino del asno de quien estaba enamorada, que era con el animal y no con Luciano con quien se había acostado, y que pensaba que todavía conservaba su "hermosa y buena pieza" que distinguía al asno. Luego de la metamorfosis, Luciano era, en opinión de su antigua dama, un mono ridículo.

Los hombres-tigre de Sumatra y el runauturuncu
En la selva virgen el hombre se encuentra tan cerca de la naturaleza y depende tan por completo de ella, que no puede menos que sopesar todos los fenómenos que observa. A medida que el tiempo transcurre, las generaciones de los moradores de la selva entretejen teorías y fantasías alrededor de los sucesos, que luego dan lugar a grotescas leyendas.
Pocas de las leyendas de Sumatra son creídas con más firmeza por los habitantes de la selva como la que se relaciona con los ngelmu-gadongan, es decir, con los hombres-tigre.
Según las tradiciones del distrito de Palembang, Indonesia, existen seres humanos que parecen completamente normales, pero que carecen del canal del labio superior. Estas personas, según las leyendas, tienen la facultad de convertirse en tigres. Algunos lugareños afirman que en la región montañosa, en las alturas de Dempo, se decía que existía una aldea habitada exclusivamente por hombres y mujeres tigre.
Cuando adoptan la forma humana, los hombres-tigre se conducen como cualquier ser humano común y corriente. Atienden sus campos y asisten a bazares a vender sus cosechas y a efectuar sus compras, y se casan con personas de los establecimientos vecinos.
Según los lugareños en cierta época del año, los tjindaku, abandonan su morada para dirigirse a sus regiones preferidas de caza. Si llegan a alguna aldea, ingresan a ella en forma humana, suplicando a los aldeanos que les permitan pasar la noche. En el caso de que el aldeano sea poco cauto y no observe que les falta el canal del labio superior, pagará muy caro su descuido: por la mañana los vecinos sólo encontrarán sus huesos, y no se verán señales de los tjindaku.
Las leyendas sobre los ngelmu-gadongan y tjindaku no sólo se limitan a Sumatra. Gente del este de Java parece haber escuchado la leyenda de los gadongan, pero sin la fórmula mágica. Según su versión, la metamorfosis de hombres en animales opera de forma inconsciente.
El misterio de la zoantropía ha poblado con sus creaciones también la selva santiagueña. En ella hay un mito al que los antiguos pobladores de la zona solían llamar runauturuncu. Este nombre está formado por dos palabras de origen quichua: hombre (runa) y tigre (uturuncu). Este indio-tigre es un brujo. Sin embargo, los relatos de la selva no descubren el secreto de su virtud. Se cree que pudo haber sido obtenido en pacto con el diablo (Zupay), debido a razones vinculadas a la venganza, o bien para poseer el vigor animal y la inteligencia humana.
Curiosamente, el runauturuncu ha sido inmortalizado por Alfredo Guido en el mural titulado "Las leyendas del país de la selva" (1938), que se encuentra en la estación Bulnes de la línea D del subterráneo de Buenos Aires.

Conclusión:
Es notable el hecho de que prácticamente no exista cultura alguna que no haya manifestado creer en la transmutación zoantrópica, hecho que lleva a reafirmar que todas las supersticiones populares tienen su equivalente en otras épocas y regiones, y que poseen un denominador común: la naturaleza desconocida.
La zoantropía nació en un mundo que no estaba regido bajo la lente de la razón, la que, a pesar de despojar al mundo de sus costados fantásticos y míticos, felizmente lo despojó también de la ignorancia. De esta manera, sabemos hoy que ese tipo de creencias estaban fundadas en la superstición y que en muchísimos casos eran producto de perturbaciones mentales, de la autosugestión y de la ingesta de drogas alucinógenas que inducían a aquellos que las consumían a creerse zoántropos: algunos licántropos, de acuerdo con relatos del siglo XVII, aseguraban, por ejemplo, que en realidad eran lobos, pero que su cabello crecía en el interior de su cuerpo. Ejemplos como éste ponen de manifiesto la importancia de la autosugestión en aquellos individuos declarados zoántropos.
La creencia en la zoantropía y sus derivados, han llevado a que a lo largo de la historia se cometan asesinatos brutales a mucha gente por el simple hecho de haber nacido con determinadas anomalías físicas consideradas rasgos distintivos de un zoántropo.
A pesar del empecinado esfuerzo moderno en erradicar toda posibilidad de existencia de seres zoántropos , ésta no ha logrado calar con suficiente hondura en la mente de muchos hombres, quienes mantenemos, en un rincón de nuestro entendimiento, algo de ese temor primitivo hacia lo desconocido heredado de nuestros antepasados, y que le da a nuestras vidas un matiz particular.


Citas y notas:

[1] Padre Antonio Ruiz de Montoya, Conquista Espiritual del Paraguay, Paraná y Tape, en Supersticiones del Río de la Plata, de Daniel Granada, página 418)
(1) Según las doctrinas de la magia, el fluido astral condensado en cuerpo astral es una de las grandes fuerzas de la naturaleza. Todo cuerpo emite este fluido, que permite las materializaciones de los cuerpos de los difuntos y de los vivos. Es el lazo psíquico que une el mundo material o físico, al mundo inmaterial o invisible (espiritual). El cuerpo astral durante la vida del hombre, está en él y fuera de él. Irradia en torno de él, produciendo emanaciones fluídicas. Puede proyectar fuera de sí, mediante una fuerte concentración de su voluntad, su cuerpo fluídico o cuerpo astral, en parte al menos, no enteramente, ya que eso implicaría la muerte. El hombre puede, de esta manera aparecer fluídicamente (o sea, en estado de cuerpo astral) a una distancia cualquiera del punto del que se encuetra. Puede también materializarse, es decir, aparecer revestido del cuerpo físico, y desde luego recupera hasta cierto punto todas las propiedades del cuerpo verdadero. (Ernest Bosc, La Psychologie devant la Science, en Ibid., p.416).
(2) La luz astral según las doctrinas de la magia, es la fuerza-substancia universal, de la cual son modalidades todas las demás fuerzas y substancias. Sigue casi las mismas leyes que la electricidad, una de sus manifestaciones superiores. Es la gran fuerza o corriente luminosa –de donde le viene el nombre-, que mantiene las atracciones armónicas entre todos los astros. La parte más elevada de la producción corporal viene a ser el cuerpo astral, es decir, la fuerza nerviosa que circula en el organismo, la cual, así es susceptible de condensarse como de dilatarse; y de tal modo que puede salir fuera del ser humano. Es una fuerza invisible, a la que vulgarmente se la denomina vida (Papús, Traité Methodique de Science Occulte, en Ibid., p. 422).

[2] Ibid., p.422
[3] Compendio Geográfico e Histórico del Orbe Antiguo, por Pomponio Mela, con nueva y varia ilustración; traducido al castellano por D. Giusepe Antonio González de Salas. Edición de Sancha; Ibid., p. 426
[4] La Clef des Grands Mysteres, por Elifás Leví en Ibid., p.427
[5] Ramón Hervas Marco, Los Hombres Monstruo, p.138
(3) "Otras veces, acabadas de untar a nuestro parecer mudamos (las brujas) de forma y, convertidas en gallos, lechuzas o cuervos, vamos al lugar donde nuestro dueño (el demonio) nos espera, y allí cobramos nuestra forma y gozamos de los deleites, que te dejo decir, por ser tales que la memoria se escandaliza de acordarse de ellos" (Coloquio de los perros Cipión y Berganza, por M. De Cervantes, en Supersticiones del Río de la Plata)

Bibliografía:
Granada, Daniel; Supersticiones del Río de la Plata; Editorial Guillermo Kraft, Buenos Aires, 1947 Hammerly Dupuy, Daniel; Por tierras de Gorilas, Antropófagos y Mau Mau; Editorial Hachette; Buenos Aires, 1958
Hervas Marco, Ramón; Los Hombres Monstruo; Editorial Bruguera, Barcelona, 1974
Jean Marigny; El Despertar de los Vampiros; Ediciones B, Barcelona, 1999
Rojas, Ricardo; El País de la Selva; Editorial Hachette, Buenos Aires, 1956
Saunders Nicholas; Los Espíritus Animales, Editorial Debate, Barcelona, 1996
Schilling, Tom; Cacería en Sumatra y Java; Editorial

martes, noviembre 06, 2007

La Triste, pero Fantástica Historia del Niño Tortuga y la Chica Pájaro.

Capitulo V, sigo en el XX no he tenido tiempo de escribirla mucho, es por eso que las novelas son como hacer ejercicio, requieren disciplina. Pero para esta, lo estoy pasando muy bien. Solo me siento salen pabalabras que hacen reír, es una novela de ficción pero si lees bien se trata de este mundo y de otros que conocemos.

Capitulo dedicado a mr Rick por su apoyo.

V

Grushon estaba extremadamente nervioso, la orden había regresado de su charla sobre los burros, y no estaban nada felices, de hecho se sentían algo estafados. La orden de la Torre Púrpura no era lo que se podría esperar de una orden religiosa, eran altamente científicos, aunque tantos años de claustro había hecho que su ciencia corriera la menos diez años atrás que la del resto del mundo, la verdad que ahora que lo pienso no puedo pensar en una gran utilidad a la orden, excepto por que guarda viejos tomos y saben hablar idiomas que nadie más tiene el tiempo de aprender. Antonin, el gran gusano, sabía muy bien todo esto, pero los necesitaba, en parte para no tener toda la culpa el solo, si es que se equivocaba.
El hermano superior era Gywan, un hombre que solía reír mucho y ser gran narrador de historias, claro todo eso antes de ser hermano superior.
-Si el Abad estuviese aquí. –Sentenció tratando de sonar certero.
-Si su Abad estuviese aquí vería el peligro de lo que sucede. – Dijo Antonin.
-¿Ahora recibimos ordenes de una lombriz?
-Gusano.
-Lo que sea.
-Y no estoy ordenando, es el gobernador quien quiere este asunto aclarado, el futuro de Bajo Raíz, y quizás del universo, está en juego. Sin contar con los seres que ya están siendo afectados por las acciones que se desencadenaron hace veintidós años. Nuestra cosmología está amenazada, y con ella el firmamento.
Grushon era joven pero no estúpido, al menos no del todo, sabía que esto era una emergencia real, no se resolvería con discusiones, debía hablar:
-Yo iré al mundo banal, encontraré al Niño Tortuga.
-¿Sabes que hacer allá arriba? Recuerda que fue el comportamiento de dos ciudadanos borrachos lo que empezó todo esto. – Interrumpió Gywan.
-Yo voy con él. – Dijo Antonin. – Ya he estado arriba y puedo ser invisible si es que quiero, además necesitará un filosofo para entender todo eso que atacará su cabeza.
-Gywan, ¿con autorización de los políticos?
-¿Quieres esperar dos años?
-No.
-Entonces este es un secreto, salvaremos el mundo y nadie lo sabrá, como de costumbre.

Las calles de Bajo Raíz estaban cargadas de tristeza, al menos eso le parecía a Antonin, amaba cada rincón de la ciudad, ver los sorprendentes rostros y formas de sus habitantes, alejarse de ella, para entrar a un mundo donde sus habitantes morirían al sólo verlo hablar, no sonaba un prospecto muy divertido; es verdad había estado arriba, pero sólo para saber lo malo que era, lo limitado que era.
Cuando llegó al barrio de los cien rostros, donde viven las hidras, pidió una sopa de ojos, pidió algo más de ají rojo, y bebió. La dueña del boliche, una no muerto de buen aspecto, se le quedó mirando.
-¿Eres un filosofo?
-Soy culpable de eso.
-Entiendes de todo, ¿no es así?
-No, en realidad sólo sé reconocer mis ignorancias. Eso después de muchos años de estudio.
-Se hubiese ahorrado la molesta, yo sé que no tengo idea de nada,
Sólo sonrió y siguió bebiendo su sopa. Sobre su cabeza, un buitre se encumbraba tan alto que sólo podían verse sus alas, manejando lentamente sobre las corrientes, sabía muy bien que habían muchos mundos más interesantes que visitar, pero ya estaba viejo, y los viajes habían agotado su cuerpo, su vista y también su capacidad de asombro; lo que era curioso, pues Grushon era absolutamente pura capacidad de asombro, cuando apareció junto a él, vestido como civil, ya sin túnicas, ni nada que dijera que era un monje, bueno casi nada, seguía calvo, pero eso era más lento de remediar para un humano.
La dueña del lugar miró con desprecio al pobre monje, muchos no muertos despreciaban a los humanos, como seres inferiores, que no conocían la virtud de morir y el milagro del segundo nacer, pero no importaba, Grushon no era de los que desanimara fácilmente.
-Nos vamos, la orden tiene listo el transporte.
-Sí, saldremos en cuanto termine esta sopa, no puedes saborear algo así allá arriba.
-Gracias a dios.
Antonin sonrió sólo eso.

La familia Van Masterberg era un asunto complejo, aún dentro de la ya enmarañada sociedad de los gusanos. Eran un grupo cerrado de filósofos nobles, de dinero antiguo, grandes casonas sobre, bajo y dentro de la tierra. Todos, menos claro la familia de Antonin, su padre, había sido un aventurero que recorrió al menos tres continentes en toda su extensión, el problema es que contrajo una infección en uno de sus corazones, lo que le costó una vida de tratamientos que superaron las arcas familiares, finalmente los costos sobrantes fueron pagados por el tío de Antonin, el gran Wurmfall; el pensador más grande de todos los tiempos. Lástima que según la ley gusana, ahora todas las creaciones de Antonin y su familia eran para el gran tío. Y así fue como empezó una vida de servicio, misma que terminaría sólo hasta uno pocos meses, y no de forma muy decorosa. Para que entiendan lo imponente que es el tío en cuestión, imaginen doce metros de gusano, de seis toneladas, y con un ingenio capaz de hacer llorar a los dioses. A pesar de todo esto, esa era una relación rota, ¿por qué? Sencillo, lo único que Antonin realmente respeta es el pensamiento, lo que se contraponía a lo ocurrido una vez que el consejo de ambos filósofos fue solicitado por un Alto Duque Elfo en una disputa con los nativos del desierto, pues estaba claro que los nativos tenían derecho a vivir en sus tierras, pero el tío ordenó que se fallase por quién tenía más dinero, pues sí más dinero tenían era porque los dioses los amaban, entonces eran mejores. Ese razonamiento absurdo lo hizo despedirse una noche de su ciudad natal, emprendiendo un nuevo rumbo, a la gran ciudad de Bajo Raíz. Un prófugo intelectual, si se quería clasificar de alguna forma a este desertor. Por eso sentía algo de pena por el buen Grushon, así que se cuestionó el mantenerlo en la ignorancia, por unos segundos; pero la ignorancia le hacía bien, al menos por ahora.

El viaje fue corto, un momento estaban en la realidad, al otro estaban en la dimensión más descabellada que alguien podía imaginar. Grushon no podía cerrar la boca, asombrado, el color antinatural del cielo, los olores.
-Esto es un mundo esfera.
-Así es, encerrado en una gran burbuja, nada sale, nada entra. Esa es la ley acá, mira desde ahora sólo me comunicaré contigo telepáticamente, la gente aquí no es aún más ignorante que tú.
-Eso es sorprendente.
-Así es.
Las calles se abrían frente a ellos, era una noche profunda, de esas que no dejan muchas posibilidades a la imaginación, ya que todo lo misterioso que podía ocurrir, realmente estaba ocurriendo.

lunes, noviembre 05, 2007

El Bosque que tiembla, otro poema de esos.

Estamos en el bosque, ahí donde
aún existe la palabra bosque.

Los árboles negros recuperan
su confianza:

Se recuerda, temblando, una hoja
del Lobo y Caperucita Roja;
del canto de los enanos
del Rey de barbas de diamante
habla la eufórica vida
donde el eco perdura;
cuenta el pasto que fue alfombra
lecho de amantes,
también lo fue para Pan,
ya saben,
del dios de las patas de chivo...

una voz dolorosa dijo: "Ella,
la Diosa, el Ídolo ha pasado"...

pensando en su estrella
el negro bosque
recupera su silencio.

La Triste, pero Fantástica Historia del Niño Tortuga y la Chica Pájaro.

Capitulo IV, lo pongo pues ya estoy en el XX, cuando veo distancia veo seguridad, esta novela me hace pasar los mejores ratos.




IV

Hemos hablado mucho de bibliotecas, tomos arcanos y grandes sabios; pero generalmente los usuarios de las bibliotecas están lejos de ser sabios, estudiosos o alumnos de alguna gran tradición cultural. Alex amaba las bibliotecas, especialmente desde que había sido diagnosticado, algo tardíamente, con el síndrome de asperger, esa divertida enfermedad que define a la persona, dándole un aspecto normal, capacidad normal de inteligencia, algunas habilidades especiales en áreas restringidas, pero inmensos problemas para relacionarse con los demás y que en ocasiones (en el caso de Alex, siempre) presentando comportamientos inadecuados; la biblioteca era perfecta podía estar callado, y nadie le podía obligar a pronunciar palabra alguna. Aquí podía sentarse a trabajar, hacer sus dibujos, los que tenían motivos muy parecidos a los que hacía a los trece años, de hecho puedo decir sin miedo que TODO en él parecía de trece años, quizás no su metro ochenta de altura, o su pelo largo, acompañado de una barba amarilla cada vez más profusa, que aseguraba mantener lejos a la mayoría de los mortales, a todos menos Montegrande, un estudiante de filosofía unos años menor que nuestro niño tortuga. El buen Montegrande era de aquellas almas que no se atreven por si mismos a vivir aventuras, o lucir extraño a los demás, es por eso que andaba con el ser más “original” del campvs.
A los veintiocho años Alex ya tenía dos títulos, uno en Arqueología, otro en Artes Plásticas y estaba estudiando una tercera carrera, Estética, aunque generalmente buscaba lo concreto, lo seguro, nada resbaloso o elusivo, pero ya que podía hablar de todas las civilizaciones al este del Nilo sin siquiera tomar una pausa para respirar, ya entendía su arte, era hora de mirarlos más de cerca. Aunque la verdad todo era una mentira, una cubierta para entender eso que había pasado hace tanto tiempo, ese ser sin rostro, esa ciudad, necrópolis. No había cultura que respondiese esa pregunta, Alex estaba a punto de rendirse en un mar de frustración.
-Hoy la vi – Dijo Montegrande. – el decano tiene dos, pero sólo pude ver una.
-¿Cómo es? – Respondió Alex sin emoción.
-No sé decirte, es como un mono y una merluza.
-Una Sirena Fiji.
-Sí, eso creo.
-El viejo no tiene nada entonces. – Alex no apartaba los ojos del papel que dibujaba. – Nadie tiene nada en serio.
Ambos chicos tenían una afición a la criptozoología, misa que compartían con el decano de la facultad, ser al que evitaban tanto como se podía.

El decano era el conocido Señor Fillipi, un hombre de cincuenta años recién cumplidos, calvo y delgado, de dedos nerviosos, manos heladas, pero sudorosas, siempre vestía el mismo traje negro, aunque debo ser completamente sincero, al menos en esta etapa de descripciones, Fillipi era un aspirante de tirano, un hombre que había toda su vida soñado con tener un grupo de gente para imponer su orden, y terminar con años de abuso por parte de sus pares. Ahora, tenía su bello nicho de esclavos en los estudiantes, encontraba en la búsqueda de criaturas fantásticas, la posibilidad extraordinaria de destruir un poco del cielo. Esa tarde el buen decano encontró diversión en ver una versión restaurada de Casablanca, mientras soñaba con su descubrimiento, la falsa sirena.
Entre los recursos mejor usados el decano estaba el despedir a un profesor muy querido, provocar molestia entre el alumnado, extraer luego a quienes más protesten por la desaparición de este profesor, era una manera de control social que debía repetir cada dos o tres años, el último expulsado era una vieja profesora de química inorgánica, había estado en la universidad por muchos años, tantos o más que él mismo, lo que hizo que su golpe fuese magnífico, eso y la sirena, los deleitaban amorosamente, una caricatura humana, con plena consciencia de ello. Los ojos se cerraron, entonces escucho, o soñó, o algo entre medio, con una criatura en forma de pájaro que se erguía como una sombra tras su sofá.
-Maestro… no se de vuelta se lo ruego.
-¿Quién eres?
-Alguien que sabe de su grandeza, del espíritu que lleva dentro.
-Deja de adularme, demonio, ¿vienes a robar mi conocimiento?
-¿Qué conocimiento? – No pudo evitar una risa, era verdad después de todo, los humanos SI creían saber cosas.
-Bueno… es que yo pensé…
-Nada, vengo a ofrecer un trato.
-¿Trato?
-Sí. Yo te pido algo y te doy algo, un trato.
-Sé lo que es un trato.
-Bien, pensé que debía explicarte eso también. Muy bien, primero deja presentarme, Kilim es mi nombre y soy, bueno era, un dios.
Los muertos, los verdaderamente muertos, no aquellos que sólo dejan de existir, son seres muy extraños, egoístas, incapaces de escuchar a otros, a menos que ese otro sea el objeto de una cruel venganza, el decano estaba rodeado de esos muertos, los veía pasar atravesando murallas sosteniendo conversaciones con ellos mismos, como maniquís huecos, muñecos del destino.
-¿Quiénes son todos estos? – preguntó desesperado el decano.
-Te pido mil perdones, Como te dije, yo era un dios, ahora soy, bueno, lo que llamarías un demonio. Lo malo es que en la religión que ejerzo de demonio, no hay infierno y los castigados viajan con sus demonios…
-O sea, que los condenados viajan contigo,
-Así es. Algo molesto, además no puedes hablar con ellos, solo los escuchas lamentándose, puedes lastimarlos, pero eso te entretiene sólo un momento, ¿cuántos alaridos puede soportar un hombre?
-Buen punto.
-Vamos al grano, tu tienes en este simulacro de universidad dos grandes tesoros, que yo necesito para terminar un plan que comencé hace algunos años… un plan que me devolvería la condición de dios.
-¿Qué me ofreces?
-Pues te ofrezco lo que siempre has soñado, visión sobre el mundo real…
-Ya puedo ver muy bien el mundo como es… es el OTRO mundo el que quiero ver.
-Es una cosa de puntos de vistas, si quieres verlo así, pero la verdad, teniendo en cuenta tamaño, población, cultura y poder, es que este es el OTRO mundo, el reflejo del Verdadero Mundo, el que quieres conocer, podrás verlo con tus propios ojos.
-Muy bien, ¿qué quieres que te de entonces?
-Por ahora un espacio en tu cuerpo, no puedo ir por ahí luciendo como un pajarraco.
-¿Por cuánto tiempo?
-Lo necesario, lo necesario.
-Bueno, está bien, pero no quiero perder la conciencia.
-Serás testigo de todo lo que yo haga.
-Excelente.
La fusión fue perfecta, ambos caracteres se parecían más de lo que dos seres de dimensiones distintas se habían parecido nunca antes. A este escribano le gustaría decir que hubo relámpagos, truenos y otras exhibiciones de poder natural, pero es mentira, nada dio a sospechar lo que ocurría, absolutamente nada.

jueves, noviembre 01, 2007

Alicia Nuestra Niña Vampiro

Había una ves un poema,
que no quería nacer,
porque en un libro no iba
realmente a crecer

era un poema valiente
y
era un poema sonriente

de esos que se doblan
y
de esos que bien hablan

era un poema para Alicia,
la más famosa de las niñas vampiros,
la que nos da estos
terribles sueños y suspiros

y este poema se transformó
y este poema para siempre cambió

nadie imagina
que de la web
es una pagina


Bueno chicos ya estaba bien, hemos comenzado a trabajar en Alicia la Niña Vampiro, la Página Web.

Pronto subiremos poemas ineditos, tiras comicas, y proyectos, no sólo de Alicia, también de otros proyectos de Ironiko, y sus obras-.

miércoles, octubre 31, 2007

La mamá de Frankenstein




Mary Shelley


Era hija de dos pensadores progresistas, William Godwin y Mary Wollstonecraft, quienes establecieron las bases esenciales de su tenacidad intelectual y avanzada educación. Fue compañera y, luego, segunda esposa del poeta Percy Bysshe Shelley, unión que duró 8 años, hasta la muerte de éste en 1822. Fruto de esta convivencia fueron varios embarazos, el vívido recuerdo de una apasionante juventud, y un único hijo, un varón. Escribió novelas y relatos, dos de ellos extraordinarios: Frankenstein, la célebre obra de ciencia ficción, y la novela futurista The last man (El último hombre). Fue, además, editora de las obras de Shelley y contribuyó enormemente, tanto a la comprensión de sus textos como a la historia de la critica biográfico-literaria, de la que fue pionera.

El resto de sus días transcurrió en el marco de la vida cotidiana de la primera mitad del siglo XIX y, por diversas que sean las interpretaciones de su obra, forzoso es tener en cuenta la relevancia de los hechos arriba consignados".

SPARK, Muriel (1997): Mary Shelley. Barcelona, Lumen.

Así comienza la obra que Muriel Spark ha publicado recientemente sobre Mary Shelley. La obra está compuesta por una parte biográfica y otra crítica, en las que Muriel Spark recrea la vida de Mary Shelley y comenta sus obras más destacadas, citando fragmentos del diario que Mary y su marido escribían conjuntamente y otras fuentes que nos aproximan a la interesante vida de esta autora.

De su agitada vida sólo voy a recordar ahora las circunstancias que llevaron a Mary Shelley a los 18 años a la creación de Frankenstein. Lo comenta la misma autora en la introducción a una edición de 1831 de Frankenstein, de la que se recogen algunos fragmentos en la obra de Muriel Spark. La publicación de Frankenstein en 1818 había causado gran asombro.



"En el verano de 1816 visitamos Suiza y nos convertimos en vecinos de Lord Byron. (...) Pero resultó ser un verano húmedo y desagradable, la lluvia incesante nos impedía con frecuencia salir de casa. Unos volúmenes de historias de fantasmas, traducidos del alemán al francés, cayeron en nuestras manos. (...) No he vuelto a leer aquellas historias desde entonces, pero permanecen frescas en mi mente, como si las hubiese leído ayer.

"Cada uno de nosotros escribirá una historia de fantasmas", dijo Lord Byron, y su propuesta fue aceptada. Éramos cuatro. (...)

Yo me urgí a mí misma a pensar una historia, una historia que pudiese rivalizar con las que nos habían arrastrado a aquella empresa. Una historia que hablase de los misteriosos temores de la naturaleza y que despertase el más intenso de los terrores, una historia que creara en el lector miedo a mirar a su alrededor, que helase la sangre y acelerase los latidos del corazón. Si no conseguía todas esas cosas mi historia de fantasmas demostraría ser indigna de ese nombre. Pensé y reflexioné, en vano. (...) ¿Has pensado ya una historia?, me preguntaban cada mañana, y cada mañana me veía forzada a replicar con una mortificante negativa.

La invención, debe admitirse humildemente, no consiste en crear desde el vació, sino desde el caos (...). La invención consiste en la capacidad de atrapar las posibilidades de un tema y en el poder de moldear y dar forma a las ideas que sugiere.

Muchas y largas fueron las conversaciones entre Lord Byron y Shelley, a las que yo asistía como una devota pero, casi siempre, silenciosa oyente. Durante una de esas conversaciones, se discutieron varias doctrinas filosóficas y, entre ellas, las referidas a la naturaleza del principio de la vida, y también la posibilidad de que dicho principio llegara a ser algún día descubierto y divulgado. Hablaron de los experimentos del doctor Darwin (...).

Cuando apoyé la cabeza sobre la almohada no pude dormir, tampoco podría asegurar que estuviese pensando. Mi imaginación, sin yo requerirlo, me poseyó y me guió, dotando a las imágenes que surgían en mi mente de una intensidad que estaba más allá de las fronteras del sueño. Vi - con los ojos cerrados, pero a través de una aguda visión mental -, vi al pálido estudiante de artes diabólicas arrodillado al lado de aquella cosa que había conseguido juntar. Vi el horrendo fantasma de un hombre yacente, y entonces, bajo el poder de una enorme fuerza, aquello dio señales de vida y se agitó con un torpe, casi vital, movimiento. Era espantoso (...).

La idea había tomado posesión de mi mente de tal manera que el miedo recorría todo mi cuerpo como un escalofrío y traté de cambiar las fantasmales imágenes de mi fantasía por la realidad que me circundaba. (...) Al día siguiente anuncié que había pensado una historia."

Además de Frankenstein, Mary Shelley escribió otra novela titulada The Last Man (El último hombre), en la que expone la desintegración sucesiva de la familia, de la sociedad y del ser humano, y la novela histórica Perkin Warbeck. Es autora también de poemas y de una rica obra crítica literaria, de la que es su muestra más destacada la edición de los poemas de su marido Percy Shelley.

martes, octubre 30, 2007

Irene: Un poema contra el rigor mortis

Yo sé que mirabas a lo azul y sonreías:
que viste en el cielo una escala:
una larga escala roja por donde subían
doncellas,
altas muchachas, bellas, vestidas de blanco;

en cuyo regazo
anidaba un diamante con facetas de palomas;
que ascendiste por la escala
de nieve y de sueños:
que viajaste directamente al cielo
cuando volvías de Babilonia;
y que tenías el poder de apaciguar la tempestad
con el solo un movimiento de tus manos:
ahora, asomada al barandal del cielo:
¡calmas las tempestades de nuestro corazón!

lunes, octubre 29, 2007

Los Asesinos más Interesantes del Siglo XX

El Siglo XX definido en sus asesinos.

Richard Ramírez "el merodeador nocturno"

Nació en el 1960 en El Paso, Texas. Su nombre verdadero era Ricardo Leyva. Asesinó a 14 personas entre 1984 y 1985. Se inició como violador y se convirtió luego en asesino. Fue condenado en 1989 a la Cámara de Gas.

Se considera a su familia normal pero en realidad su padre era demasiado estricto, caracterizándose por golpear a sus hijos (maltrato físico). En la escuela también tuvo un maestro abusivo.

Desarrolló mucha amistad con un primo, excombatiente de Vietnam, enseñándole fotos de mujeres que violó y asesinó durante la Guerra. Lo inició en el uso de la Marihuana y a matar animales. Ramírez estuvo presente cuando su primo Mike asesinó a su esposa.

Se salió de la escuela y comenzó a robar para mantener su vicio. Comenzó a matar, lo que le producía gratificación sexual. (Avisora)

Edmund Emil Kemper III

Nació en 1948 en California. Su familia era disfuncional, divorciándose los padres más tarde. Su madre lo encerraba continuamente en el sótano de la casa. Se convierte en una persona tímida y sueña con vengarse mediante la mutilación y el asesinato. Era incapaz de mostrar afecto y fue objeto de rechazo en la escuela. Fue condenado en 1973 por 8 cargos de asesinato en primer grado.

Desde los 13 años comenzó a matar gatos. Los enteraba vivos o mutilaba guardando sus cabezas. En 1963 su madre lo envió a vivir con sus abuelos en California. Tenía 16 años cuando asesinó a su abuela con un rifle y la apuñaló varias veces para desahogar su ira. Decía que su abuela era peor que su madre. También mató a su abuelo. Al ser interrogado por la policía confesó que "Solo quería saber lo que se sentía matando a mi abuela."

Fue internado en un hospital hasta los 21 años, cuando lo dejaron bajo el cuidado de su madre. Comienza a asesinar a jovencitas que su madre le había prohibido frecuentar. Llevaba los cuerpos a su casa, les sacaba fotos, las descuartizaba y cortaba sus cabezas. Mató a su madre mientras dormía, violó su cadáver y la decapitó. Colocó su cabeza sobre la chimenea y la insultó.

Confesó a la policía que él vencía a la muerte mientras los demás morían. Era como una droga. (Nuria Quero)

Jeffrey Dahmer "El Carnicero de Milwaukee"

Nació el 21 de mayo de 1960. Familia disfuncional compuesta por un reconocido investigador químico y una madre neurótica. Fue un niño tímido y solitario que temía ser abandonado. Se interesó en la anatomía animal, matando animales.

A los 11 años era monocorde y se comportaba como retrasado en la escuela para llamar la atención. Posteriormente comenzó a beber y a masturbarse viendo revistas para homosexuales o mirando los órganos internos de los animales que cazaba. A los 16 comenzó a fumar Marihuana. A los 18 su padre abandona la casa y Dahmer se vengó asesinando a un joven.

En 1978 su padre lo obligó a ingresar al ejército. Regresó a vivir con su abuela. Comenzó a frecuentar saunas en donde se reunían homosexuales. Como los drogaba, comenzó a ser rechazado.

En 1987 mataba por segunda vez a un joven negro, iniciándose formalmente su carrera criminal. Asesinó a 16 adolescentes con el mismo modus operandi. Les ofrecía dinero o flirteaba con ellos. Los llevaba a su apartamento. Les inyectaba una droga que los paralizaba. Los fotografiaba antes de matarlos. Mutilaba sus cuerpos, mantenía los cuerpos en formol, las cabezas en el refrigerador y comió partes de sus víctimas. Murió en una prisión asesinado por otro convicto.

Andrei Chikatilo "El Carnicero de Rostov"

Nació en Ucrania en 1936 en una época de gran hambruna. Su madre le contó como su hermano fue secuestrado y devorado. Niño inteligente pero introvertido. Terminó tres carreras universitarias. Miembro de la sociedad comunista.

En la escuela era un niño introvertido. A pesar de ser miope se negó a utilizar espejuelos hasta los 30 años. Se orinó en la cama hasta los 12.

Vivía una doble vida: casado y trabajador. Era maestro y tenía gran habilidad para ganarse la confianza de los niños. Era un marido de carácter estable y fue buen padre.

Entre 1978 y 1990 asesinó y mutiló a más de 50 niños. Fue ejecutado en Moscú en 1994.

Era impotente. Buscaba a sus víctimas en estaciones de autobuses o trenes. Dejaba a sus víctimas en los bosques. Su modus operandi consistía en mutilarles los ojos y extraer sus órganos internos. Comió parte de los cuerpos. Se excitaba sexualmente cada vez que torturaba y asesinaba.

Arthur Shawcross

Nacido el 6 de junio de 1945 en los Estados Unidos. Arthur Shawcross amó a su madre hasta la obsesión.

Fue víctima de abuso sexual durante la adolescencia. Sufrió psicosis luego de participar en la Guerra de Vietnam. Mató a 11 prostitutas y algunos niños. En 1991 fue condenado a 25 cadenas perpetuas. Admitió que adoraba matar.

Estudios efectuados en su cerebro detectaron un quiste en el Lóbulo Temporal. (Margarita Bernal) Tenía 47 cromosomas ("Y" extra) y era extremadamente agresivo. ( calle22.com)

David Berkowitz "El Hijo de Sam"

Nació en 1953 y cumple una condena de 365 años de prisión por asesinato. Fue un hijo no deseado. Su madre lo abandonó y fue adoptado. Fue un niño tímido y de autoestima baja. Su comportamiento era problemático, era mentiroso y padecía de depresión con fuertes arrebatos de ira,

Su madre adoptiva murió cuando tenía 14 años, lo cual le afectó mucho. No tenía suerte con las mujeres y desarrolló odio hacia ellas.

Entre 1976 y 1977 asesinó a 6 personas e hirió a 7. Fue diagnosticado como paranoico esquizofrénico. (Universidad Autónoma de Barcelona).

Ted Bundy "El asesino de la carretera"

Nació en 1946 en Vermont, de madre soltera. Fue rechazado por ser hijo ilegítimo. La madre le hizo creer que era su hermana. Vivió en casa de su abuelo, en un ambiente caracterizado por violencia doméstica.

Tímido y solitario en la adolescencia. Estudió Psicología y Derecho. Fue un joven inteligente y simpático.

Planificaba sus crímenes, fingiendo tener un brazo enyesado para que las jóvenes de cabello largo se acercaran a ayudarlo. Entonces las montaba en su auto, las secuestraba y asesinaba. Practicaba la Necrofilia.

Lo arrestaron en 1979. Confesó 400 asesinatos pero solo se le probaron 30. Ayudó a la policía en la investigación. En el juicio fue su propio defensor. Fue ejecutado en la silla eléctrica en 1989. (José Luis Durán).

Se determinó que era esquizofrénico y le confesó a los psiquíatras "Toda la rabia que he estado desahogando con las mujeres que maté, estaba dirigida contra mi madre."

Albert de Salvo "El Estrangulador de Boston"

Nació en Massachussets en 1931. Se crió en un ambiente de violencia doméstica. Fue rechazado por su madre al ésta volverse a casar. Fue delincuente juvenil. Fue diagnosticado como esquizofrénico.

Era un hombre de 29 años, casado, con dos hijos y empleado de una fábrica. Cometió 13 asesinatos entre junio de 1962 y enero de 1964. Todas sus víctimas fueron mujeres, las violaba y estrangulaba. Fue condenado a cadena perpetua en 1966. Murió asesinado por otro reo en 1973. (Asesinos en Serie)

Ed Gain "El Carnicero de Plainfield"

Nació en 1906 en Wiscosin. Hijo de una madre posesiva que le atormentaba. Ella murió en 1946, pero Gain decía que su espíritu se le aparecía continuamente.

Sus múltiples asesinatos se descubrieron cuando la policía fue a investigar la desaparición de una empleada de una ferretería que fue a la casa de Gain y no regresó. Allí la policía encontró un escenario dantesco: el cuerpo mutilado de la secretaria colgando de un árbol; cabezas humanas, piel para hacer muebles y pantallas de lámparas, calaveras convertidas en platos o ceniceros otros objetos hechos con diferentes partes de los cuerpos.

Sólo fue condenado por la muerte de la joven pero se sospecha que asesino a cuatro mujeres reportadas como desaparecidas en el pueblo. También admitió que robaba cadáveres del cementerio de jóvenes recientemente fallecidas.

Fue declarado enfermo mental y encerrado en una institución hasta que murió de causas naturales.

Sus crímenes inspiraron varias películas como Psicosis, La Matanza de Texas y El Silencio de los Corderos. ( mipunto.com).

John Wayne Gacy "Bogo el Payaso Asesino"

Nació en 1942 en Chicago. En su infancia tuvo buenas notas en la escuela. Después de las clases repartía periódicos. A los 11 años recibió un golpe en la cabeza que le provocó un coagulo, el cual le fue diagnosticado a los 16. Sufría de desmayos repentinos hasta que un medicamento resolvió el problema de salud. Pero a los 17 comenzó a padecer de problemas cardíacos y dolores. Nunca se descubrió la causa de los mismos.

Tenía buenas relaciones familiares con su madre y hermanas. Su padre era alcohólico y abusaba verbalmente con frecuencia de su familia. Aún así Gachí lo amaba y durante toda su vida deseó ser amado y admirado por éste.

Se convirtió en un hombre de negocios. Se casó dos veces. Participaba en actividades comunitarias como payaso, siendo reconocido en una ocasión como el hombre del año.

Al los 25 años fue convicto por sodomizar a un menor de edad. Fue liberado en 1970. Se convirtió en un exitoso empresario llevando una vida criminal secreta. Su conducta comenzó a deteriorarse al experimentar episodios de ira inexplicables.

En 1978 se descubrieron todos sus delitos. Luego de la desaparición de varios jóvenes la policía encontró 29 cadáveres en su propiedad. Fue ejecutado mediante inyección letal en 1994. ( asesinatoserial.net). Su vida inspiro la película IT.

Anatoli Onoprienko "La Bestia de Zhitomir"

Hombre de 39 años, de aspecto deportista e inteligente reconoció haber tenido una infancia difícil. Huérfano de madre y abandonado por su familia en un orfanato.

Trabajó como marino, pero confeso que su fuente primaria de ingresos era robar y asesinar. Fue condenado a la penal capital en la Unión Soviética por asesinar a 42 adultos y 10 niños, entre 1989 y 1996. Dijo a las autoridades policíacas "No hay mejor asesino que yo. No me arrepiento de nada y si pudiera, sin duda volvería a hacerlo…"

Su método para ejecutar a sus víctimas siempre era el mismo: seleccionaba residencias en lugares aislados, a los hombres los mataba con un arma de fuego y a las mujeres y niños con cuchillo, hacha o martillo. Les cortaba los dedos para robarles los anillos e incendiaba sus casas.

En 1998 fue convicto en Zhitomir por el asesinato de 52 personas. ( pasarmiedo.com)

Javed Iqbal

Nació en Pakistán en 1963. No se conoce de trauma infantil alguno ni de trastornos mentales. Posible trastorno: perversión sexual (Pedofilia).

Químico de profesión, juzgado por la Ley del Talión por el asesinato de 100 preadolescentes y jóvenes pobres. Alegó: "Odio a este mundo y no estoy avergonzado de mis acciones, estoy listo para morir. No tengo resentimientos." La sentencia no llego a ejecutarse porque apareció ahorcado en su celda en el 2001. ( Crónicas DE UN ESCRITOR EN VÍAS DE DESARROLLO )

En su casa se encontraron fotografías de 100 niños muertos así como la ropa que llevaban puesta al momento de su desaparición. También se hallaron restos de dos cadáveres en una tinaja azul. (Latino Seguridad) Asesinaba por estrangulación con cadenas de acero.

Luis Alfredo Garavito

Nació en Génova en 1957. Su infancia se caracterizó por falta de afecto y el maltrato físico por parte de su padre. Fue víctima de abuso sexual.

Sus víctimas fueron niños pobres, entre los 6 a 16 años, a quienes les ofrecía dinero. Los invitaba a caminar a lugares despoblados y los atacaba cuando se cansaban. Fue capturado en 1999 y acusado de 172 crímenes entre 1992 y 1998. ( escalofrío.com)

Ailen Wournos

Fue abandonada por sus padres y criada por sus abuelos. Fue víctima de maltrato físico y sexual. A los 13 años la echaron de la casa por embarazarse. El bebe fue dado en adopción.

Comenzó a prostituirse y los asesinatos comienzan cuando conoce a Tyria J. Moore. Desde 1998 hasta 1990 asesinó a tiros a 7 hombres. "Se lo merecían, lo siento por sus familiares, pero lo único que hice fue defenderme." Fue ejecutada en el 2002. (Avisora)

Dr. Harold Shipman "El Doctor Amistad"

Se considera el mayor asesino serial del Siglo XX. Era conocido como el Dr. Amistad por su amabilidad y atención a sus pacientes.

Entre 1975 y 1998 asesinó a 345 pacientes. La mayoría eran mujeres entre los 41 a los 93 años. El médico británico fue condenado a 15 prisiones perpetuas.

Su método de eliminación consistió de inyecciones de Diamorfina, droga utilizada para aliviar el dolor en pacientes de cáncer. (Universidad Autónoma de Barcelona). En enero del 2004 se suicido colgándose con unas sábanas en su celda.