martes, junio 12, 2007

Heracles

Hijo de Zeus y de Alcmena, quien estaba casada con el rey de Micenas, Anfitrión. Enamorado de ella, Zeus tomó la forma de su marido y yació con ella 3 noches. Zeus, orgulloso de que iba a tener otro hijo, no se cansó de pregonarlo, lo cual no le gustó mucho a su esposa Hera. Para calmar la furia de ésta, Zeus dispuso que el niño se llamara Heracles (que significa "Gloria de Hera"), acto que aumentó su odio hacia el pequeño.
Nació Heracles y al día siguiente su hermano Ificles, el cual era hijo de Anfitrión.
Tan pronto como Hera se enteró del nacimiento, empezó a planear como destruir al hijo de su rival. Pero en una ocasión Zeus envió a Atenea que trajera al niño al Olimpo y le pidió a Hera que lo amamantara. Cuando la diosa lo hizo, Heracles le dio un apretón tan fuerte que gritó de dolor. La leche que se derramó dio origen a la Vía Láctea.
Según otra versión, Hermes fue quien trajo a Heracles mientras Hera dormía para que fuera amamantado por ella. Y el niño tomó tanta leche que se le derramó en el cielo, siendo este el origen de la Vía Láctea. En ambas versiones, el haber tomado leche del pecho de Hera lo hacía inmortal.

Cuando Heracles tenía entre 7 meses y un año, y la madre había dejado dormidos a los niños en su cuna, Hera envió dos enormes serpientes para acabar con Heracles.

Las criaturas llegaron arrastrándose silenciosamente a la cuna. Despertaron los niños e Ificles empezó a gritar. Los padres despertaron al oír los gritos, Anfitrión tomó una daga y corrieron a la recámara de los niños.Cuál no sería su sorpresa al ver que el pequeño Heracles tenía atrapadas a las serpientes por el cuello, una con cada mano, sacudiéndolas hasta ahogarlas! Esta fue la primer muestra de la extraordinaria fuerza que lo haría famoso.
Cuando Hera se dio cuenta de la facilidad con que Heracles escapó del peligro, desistió de cometer otro atentado en contra de su vida, pero decidió causarle muchas molestias, para que no pudiera disfrutar de paz o felicidad.
La educación de Heracles fue asignada a Quirón, el centauro más instruido de todos. También fueron sus maestros Castor, Autólico, Eurito, Eumolpo.

En cierta ocasión que su maestro Eumolpo, quien le enseñaba a tocar la lira, estaba ausente y Lino quiso suplirlo. Heracles se negaba a seguir las instrucciones de Lino, éste le dio golpes por su rebeldía y Heracles le dio un golpe en la cabeza con la lira despachándolo del mundo de los vivos.
Al ser juzgado por esto, alegó que el acometido injustamente puede justamente defenderse y fue absuelto.
Anfitrión, temeroso de que siguiera con sus desmanes, lo envió a cuidar ganados al monte Citerón, donde permaneció hasta cumplir 18 años.
La elección
Heracles se encontró con dos hermosas mujeres, con quienes conversó y confesó que iba en busca de aventuras. Cada una de las mujeres, Arete (Virtud) y Kakia (Vicio), le ofreció ser su guía, pero el tenía que elegir a quien prefería seguir.
Kakia le ofreció riquezas, holgura y amor; mientras Arete le advirtió que si la seguía debía luchar incesantemente contra el mal, innumerables momentos difíciles y duros y pasar sus días en la pobreza.
Heracles permaneció en silencio, pensando un momento en los dos ofrecimientos tan diferentes, y después recordando las enseñanzas de su tutor Quirón, se levantó y volteando hacia Arete le dijo estar listo para obedecer cualquier orden de ella.
Heracles se dirigió por el camino que le señaló Arete, y llevó a cabo todas las tareas que le asignó, liberando a los oprimidos, defendiendo a los débiles y corrigiendo todo el mal.
Su locura
En recompensa por todas estas acciones, recibió la mano de Megara, hija de Creón, rey de Tebas. Tuvieron 3 hijos, los llamados Alcides.

Pero Hera no estaba satisfecha de ver a Heracles llevando una vida próspera y pacífica, y lo volvió loco.
Mató a sus hijos, confundiéndolos con enemigos y después los echó al fuego. Según algunos también mató a su esposa.
Los Doce Trabajos
Cuando recobró la razón, se alejó a las montañas por varios días, sufriendo remordimientos y dolor por los crímenes que cometió involuntariamente.
Hermes lo fue a buscar y le anunció que debía ir a servir a su primo Euristeo, rey cruel y despiadado de Argos, por doce meses.

Cuando Heracles se enteró que estaba condenado a ser un esclavo, se negó y casi pierde la razón nuevamente. Al final se resignó y ofreció sus servicios a Euristeo. Éste le dio a cumplir diez trabajos y después podría ser libre otra vez. Pero al final fueron 12 porque se negó a reconocer dos de ellos.

Antes de cumplir con estos trabajos, los dioses vinieron en su ayuda. Hermes le dio un puñal, Apolo un arco y flechas que no se mellaban jamás, Atenea una coraza de bronce invulnerable, y Hefesto un yelmo de acero. Poseidón le obsequió caballos para su carroza. El regalo de Zeus fue un escudo de resistencia tremenda. Este escudo es por sí mismo una leyenda. Forjado de esmaltes, marfil, oro y lapizlázuli, aunque parece que Heracles decidió no utilizarlo en sus trabajos.
Atenea y Hefesto se declararon sus protectores.
En los Doce Trabajos, lo acompañó su sobrino Yolao, hijo de Ificles.

1. El león de Nemea
2. La hidra de Lerna
3. La cierva de Cirene
4. El jabalí de Erimanto
5. Los establos de Augías
6. Las aves de Estinfalia
7. El toro de Creta
8. Las yeguas de Diómedes
9. El cinturón de Hipólita
10. El ganado de Gerión
11. Las manzanas de las Hespérides
12. El can Cerbero

El regreso

Al regresar a Tebas, dio su esposa Megara a su sobrino Yolao, alegando que su matrimonio había sido infortunado.
Supo que Eurito, rey de Escalia daba a su hija Yola a quien lo venciera a él y a sus cuatro hijos. Heracles fue a buscarlo.
Eurito fue vencido por Heracles, pero se negó a darle a su hija, por el repudio de Megara y la muerte de sus hijos. Además le echó en cara el haber sido esclavo de Euristeo, por las doce obras que hizo para complacerlo, como cualquier hombre de baja esfera. Dijo que las flechas de Heracles estaban embrujadas y lo corrió de su casa. Heracles toleró la forma en que fue tratado, pero dejó la venganza para después.

Uno de los hijos de Eurito, Ifito, fue el unico que no estuvo de acuerdo con su padre. Cuando se marchó el héroe, desaparecieron doce yeguas de la mejor raza, robo que fue atribuido a Heracles.
El verdadero ladrón cambió la apariencia de los animales y se las vendió a Heracles. Ifito fue a buscarlos y al encontrar a Heracles, preguntó por los animales pero como no coincidían las señas, negó haberlos visto. Entonces Ifito le pidió que le ayudara a buscarlos. Heracles se sintió muy ofendido, porque creyó que lo tomó por ladrón.
Llevó a Ifito a que viera desde la altura a las yeguas y de ahí lo mató, arrojándolo desde una roca.
Heracles fue a Delfos buscando un oráculo, arrepentido. La pitonisa Xenoclea lo rechazó alegando que era un asesino. Heracles entonces la apartó e intentó sacar su propio oráculo. Apolo llegó y lo ahuyentó, empezaron a pelear cuando un rayo de Zeus los aplacó e hizo que se reconciliaran dándose la mano. Heracles reparó la falta levantando un templo en honor a Apolo y a Dionisio.
Xenoclea le dio su oráculo entonces y le dijo que tenía que servir como esclavo a la reina Onfale de Lidia durante un año y la paga sería dada a los hijos de Ifito.

Onfale

Durante su servicio a la reina Onfale, como un esclavo sin nombre, limpió de bandidos la región. Pero además de servir como ayuda contra los enemigos, también fue compañero de la reina, dejándole tres hijos: Lamo, Agelao y Laomedonte. También se cuenta que acabó con una serpiente que acababa con ganados enteros. Y fue entonces que Onfale empezó a sospechar quien era él en verdad y lo dejó libre.

A su regreso se enteró de las historias que contaban sobre él. Que arrumbó la piel de león y se vestía como una dama, con grandes collares, pulseras y turbante femenino. También decían que la señora lo regañaba y se ponía a llorar. todo ridiculizando su varonil fuerza ante las modalidades femeninas.

Deyanira

Después conoció a Deyanira, hija de Eneo, y se enamoró de ella. pero la mano de la doncella ya había sido concedida al dios del río Aqueloo.

Deyanira, correpondiéndole, prometió casarse con él si la liberaba del compromiso hecho por su padre. Heracles desafió a Aqueloo, quien era rival digno, ya que tenía el poder de cambiar de forma a voluntad. Durante la pelea, se transformó en toro, y se lanzó sobre Heracles. El héroe lo esquivó y lo tomó por uno de sus enormes cuernos, y lo sujetó tan fuertemente que por más que lo intentaba, no podía escapar, hasta que el cuerno se rompió.
La diosa de la Fortuna, testigo de este combate, tomó el cuerno y lo rellenó de sus tesoros, y le gustó tanto el efecto, que lo tomó como uno de sus atributos.
La victoria finalmente fue para Heracles. Ahora nuevamente casado, era verdaderamente feliz.
Neso
En una ocasión al llegar al río Euneo, mientras Heracles buscaba una forma de cruzar para Deyanira, un centauro de nombre Neso apareció y se ofreció a llevarla. Heracles aceptó, y la ayudó a montar en su lomo. Pero a medio camino, el centauro pensó en llevar a su hermosa carga con él, y al llegar a la otra orilla, en lugar de bajarla, se empezó a alejar rápidamente con ella.
Heracles se dio cuenta del intento de rapto, con sus flechas envenenadas mató al centauro.
Mientras éste agonizaba, en venganza, dijo a Deyanira que tomara su túnica, llena de sangre, y la guardara, ya que tenía poderes mágicos y podía hacer renacer el amor de su marido si alguna vez lo necesitaba. Ella tomó la túnica, esperando nunca tener que utilizarla.
La muerte de Heracles
Los años pasaron, y el héroe, en una de sus numerosas aventuras, luchó contra el rey Eurito, tomando su reino, el cual incluía a su hija Iole.
Cuando Deyanira se enteró, celosa de Iole, recurrió a la túnica casi olvidada. Se la envió como regalo a Heracles, quien se la puso de inmediato. Pero en seguida empezó a surtir efecto la venganza de Neso. Su sangre envenenada le hizo sentir como si un fuego le estuviera quemando. En vano intentó quitarse la túnica, el dolor se hizo insoportable y enfurecido, arrojó al desafortunado mensajero al mar desde el monte Eta.
Para terminar su sufrimiento, resolvió terminar su vida. Hizo levantar una pira y se subió ordenando que encendieran la hoguera, pero nadie aceptaba hacerlo. Hasta que fue enviado Filoctetes, quien la encendió, y Heracles agradecido, le regaló su arco, sus flechas.
En el Olimpo, Zeus se enorgullecía de su hijo y de su aventura final: la muerte gloriosa. La misma Hera guardó silencio y los demás aplaudieron.
Mientras se levantaban las llamas, estalló un rayo y apareció un carro guiado por Atenea, quien llevó al héroe al Olimpo, reino de los inmortales. Zeus al fin convenció a Hera de adoptarlo como si fuera su hijo, y ella aceptó. Se casó con Hebe en el Olimpo, diosa de la juventud.
Fue nombrado portero del Olimpo, vigilando su entrada, y cuando regresa Artemisa de la caza, recoge la presa.

Heracles quedó inmortalizado como la divinidad especial de los deportes atléticos y de la fuerza; generalmente representado como un hombre alto, de poderosa musculatura, y a veces con una piel de león encima.
Se dice que algunos de los juegos celebrados en Olimpia fueron en su honor. Los juegos de Nemea, escenario de su primer gran trabajo, eran conmemorativos de sus grandes proezas.

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